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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Elecciones 9-M

Los deslices del lenguaje

Mª Teresa Molares / 12 mar 08

En la noche electoral se le atragantó la pluralidad al señor Blanco, portavoz del PSOE.

Se enredó con las consonantes. Pudo ser un simple tropiezo articulador en el momento final de un día intenso por la espera y la esperanza o un síntoma de mala conciencia como diría don Segismundo (Freud). Resulta impensable, en estas elecciones más que nunca, que a los grandes partidos les interese la pluralidad política. Se ha instalado un modelo de democracia formalista hacia el que España avanza, en eso sí, sin duda ninguna. Y es normal que se le atragantara al que hablaba en nombre de quienes han podido cambiar las condiciones pactadas en la transición, la ley electoral entre ellas, para avanzar hacia un modelo bipartidista que, hay que subrayarlo, les está saliendo muy bien.

Porque, a pesar de la insoportable evidencia de la injusticia del sistema d’Hont, nadie ha movido un milímetro sus intenciones para introducir el más mínimo cambio, la más leve corrección con las que empezar a arreglar las cosas. Ni siquiera han desaparecido las Diputaciones provinciales, esa obsolescencia innecesaria e indecente. Y no se ha hecho en las legislaturas con mayoría absoluta, pero tampoco en las de mayoría endeble, necesitadas de apoyos e intercambios. Tampoco la última legislatura en la que el gobierno de ZP ha manifestado buenas intenciones de izquierda y hasta ha intentado satisfacer algunas esperanzas de la izquierda, (ay, tan pocas, tan débilmente). Un gobierno que ha recibido apoyos por parte de una izquierda complaciente conducida por Llamazares, no ha tenido el menor interés en desbrozar su difícil camino electoral. Así que el “tsunami bipartidista” lo ha pillado a la intemperie. Hay que ponerse a buen resguardo mucho antes. Las campañas electorales suelen ser el colofón de una legislatura. Mantienen el tono, los modos buenos o malos, los protagonismos.

Aunque con retraso, ocho años de retraso, se le atragantó el bipartidismo a Llamazares, por fin diputado solitario de IU en el parlamento español. Brillará con luz propia, la que ha estado alimentando durante los últimos años, desde su llegada a la coordinación general de IU. Sólo y libre para decidir, negociar, pactar, legislar. Ahora que probablemente nadie la hará requiebros. A no ser que se decante por una forma de presencia parlamentaria rompedora de formalidades estériles. Porque vuelven las alianzas con los partidos de la derecha nacionalista, la defensora de los intereses del dinero, del capital, catalá, euskaldun, o chino... Tendría que ser una presencia y una voz multiplicadora de las necesidades reales de una sociedad que, aunque con el “escaso” apoyo de casi un millón de votos, reclama la existencia de un pensamiento y de una práctica de la izquierda que IU ha representando. Una presencia a través de la cual se recuperara la articulación en Izquierda Unida. Es la tarea obligada para quien ha intervenido destructivamente en el modo de funcionamiento participativo de esto que no consigue llegar a movimiento político Y social. Porque el sistema de recuento que perjudica a la pluralidad se aplica desde 1979. Porque no ha habido otro coordinador general en IU mejor tratado por las grandes corporaciones de la comunicación. Porque la tarea de desmantelamiento de un pensamiento crítico en IU y desde IU no podía augurar más que lo que ha sucedido.

Si la tarea resulta excesiva para quien ha conducido el barco al dique seco del aislamiento institucional, debería no sólo abandonar el timón, sino también el escaño. Sus consejeros áulicos, los que ha usado en vez de los órganos de dirección colegiada, deben elegir en el mismo sentido. Que la vida está llena de puestos de trabajo, de subsidios de paro, de instrumentos de “búsqueda” de empleo.

Mírenlo desde la galaxia « perdedora » de los años 90, dirigida por un equipo al que se le demandaba la dimisión en cada proceso electoral.

Los demandantes eran los López Garrido, Sartorius, Villalonga, Almeida y otros de menor cuantía. Mírenlo con atención, analícenlo con respeto. Los nuevos sujetos sociales, los antiguos luchadores por alcanzar una sociedad justa, no sólo más justa, merecen esa atención y ese respeto. Los eslabones del pensamiento crítico no se interrumpen aunque se debilite la presencia institucional.

Como decía el himno de Izquierda Unida, también abandonado, mañana empieza hoy.

Mª Teresa Molares, Bruselas 11 de marzo 2008

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