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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado



Entre las primarias y el referéndum

Maria Teresa Molares / 13 ene 08


Ha finalizado la huelga de la limpieza del metro de Madrid que promovieron y protagonizaron los trabajadores de las cuatro empresas concesionarias del servicio, un servicio público cuya gestión está en manos de la empresa privada que obtiene importantes beneficios, es un servicio privatizado. Poco hemos podido saber de los motivos que justifican la huelga. Poco tampoco de las causas que han provocado algunas acciones muy lesivas para los transeúntes de las estaciones.

Se anuncia también en Alicante el fin de la huelga de los trabajadores de la empresa concesionaria del servicio de transporte público. Un sola empresa, con varios nombres, en lo que se ampara para imponer condiciones laborales diferentes, salarios diferentes, jornadas diferentes... Otro servicio privatizado.
Cada vez peor informados sobre las huelgas y sus causas, hoy los ciudadanos sólo perciben los inconvenientes de las luchas obreras gracias a las cuales han mejorado las condiciones de trabajo, las condiciones de vida de los asalariados a lo largo de la historia.

La entrega confiada y universal en los brazos poderosos de las empresas privadas que han ido copando las actividades propias de las diversas administraciones: municipal, autonómica, central, es consecuencia de la suma de muchos y variados intereses. Muchos servicios públicos como los de la limpieza y recogida de basuras, el alumbrado, los semáforos, las señalizaciones de todo tipo y hasta la seguridad se han convertido ya en sabrosas mercancías que han multiplicado el patrimonio y las finanzas de unos cuantos personajes y grupos empresariales de nombre reconocido. Algunos hasta cotizan al alza en bolsa.

Hace siglos que, con gran lucidez, se describieron las malas condiciones del trabajo, de la vivienda, de la vida en general para una mayoría de la población. El mundo desarrollado, podría reconocerse también hoy en los análisis de muchos autores clásicos de los siglos pasados leyendo algunos opúsculos como los escritos por Federico Engels titulados “La condición de la clase obrera en Inglaterra” y “Contribución al problema de la vivienda” en el que aparece el debate sobre el alquiler o la compra como formas de satisfacción del derecho elemental al cobijo, a disfrutar de una vivienda digna. Las nuevas formas de entontecimiento colectivo hacen cada vez más difícil ese reconocimiento, aún a pesar de la tozudez de la realidad.

El resumen de aquellos análisis y de las consiguientes soluciones era aquel consejo, mitad consigna, resumido en el eslogan “Proletarios del mundo, uníos” A ello se aplicaron algunos proletarios a través del Movimiento Obrero. Las formas de participación política en las democracias trasladó a los parlamentos ese esfuerzo de análisis, de búsqueda de soluciones. A ello se han consagrado muchos esfuerzos individuales y partidarios, desde el diputado solitario, socialista, Pablo Iglesias hasta las nuevas propuestas que pretendían recuperar la voluntad trasformadora de la izquierda, por rechazo de un sistema de organización económica y social manifiestamente injusto.

Sin embargo las instituciones de la democracia moderna, reinventada, han producido un efecto corrosivo sobre esos esfuerzos históricos y sobre la inmediata propuesta de regeneración de la democracia radical que supuso la fundación de Izquierda Unida hace sólo veinte años. Los afanes y ambiciones personales han suplantado en demasiadas ocasiones la búsqueda de un reparto justo de los esfuerzos y de los beneficios. Algunos concejales, alcaldes y alcaldesas, diputados y otros cargos afines de la izquierda llamada transformadora han reclamado una forma de autonomía impropia de los representantes, han demostrado una vocación de permanencia eterna en sus cargos para lo que han construido redes de connivencia con los mandamases de la organización. Así las asambleas locales, comarcales, federales han estado controladas por sus lugartenientes. Se han “normalizado” métodos execrables de compra y venta de votos para conseguir el escaño de diputado, de repetición de votaciones -ante resultados no previstos insatisfactorios para minorías dominantes- como sucedió en una de las asambleas de Esquerra Unida del País Valencia allá por los últimos años del siglo pasado. Estos hechos prometían la desarticulación y el descalabro a los que hoy asistimos. Un descalabro, una desarticulación que son malos para la izquierda, para la democracia profunda, para la consecución de una convivencia social justa y libre.

Así que el recurso a fórmulas aparentemente participativas como son la celebración de elecciones primarias por parte de Izquierda Unida para decidir la candidatura a la presidencia del gobierno y el referéndum de Ezquerra Unida ratificador de los resultados asamblearios, no producirán ninguna revitalización de las fórmulas democráticas que contenía la propuesta de un movimiento político y social muerto en proyecto. Más bien se consolidan así los estereotipos de los partidos clásicos, controladores de las bases cada vez mas exiguas, anuladores de las temidas asambleas cada vez más simbólicas.

Avanza el modelo bipartidista en España desde hace tiempo. Hablaré de ello en la próxima ocasión, vivo todavía el deseo de trabajar por un sistema justo.

Alacant 11 enero 2008 Mª Teresa Molares

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