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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Izquierda Unida

Una revolución pendiente

Juan Antonio Bejarano, Cantillana (Sevilla) / 10 ene 08

En estos últimos tiempos, soplan en Izquierda Unida vientos de una profunda incertidumbre, no sólo para una militancia obviamente preocupada sino también para aquellos que ya desde hace años nos dan por muertos y enterrados. Izquierda Unida atraviesa el momento más complicado de su historia, que bien puede suponer el revulsivo que necesitábamos en una organización aburguesada, anquilosada y adormecida durante años, o bien puede implicar el principio de su final, antes de pasar a otra cosa.

La incertidumbre que hoy nos desconcierta es consecuencia de los problemas endémicos que nuestra organización ha venido arrastrando durante años y que ahora se recrudecen de la forma más dramática. Errores internos de fondo han contribuido para llegar a este extremo, pero también intereses externos que han tenido en algunos elementos de la organización unos serviles consejeros. Pero, a fin de cuentas, el militante de base lo que se pregunta en este momento es si no era la política la que debía prevalecer sobre cualquier otra cosa, ¿Es que durante este tiempo no nos hemos podido dotar de mecanismos de control democrático internos para evitar lo que en estos momentos está sucediendo?, ¿Cómo es posible que una cuadrilla de traidores haya tomado el control absoluto de la organización y desde la mayoría no hayamos sido capaces de detenerlos a tiempo, de desenmascararlos y poner a cada cual en su sitio?

Parece evidente que los problemas de fondo están demasiado enquistados: el grado de corrupción burocrática alcanzado; las estructuras paralelas; los intereses individuales de una parte de las élites dirigentes, de nuestros más altos cargos institucionales; los intereses colectivos pero partidistas de la organización por su supervivencia en la agonía permanente del proyecto, tal y como éste ha evolucionado; unido todo ello al olvido de la condición de organización de clase y a la mezquindad, la ruina y la falta de ambición y de generosidad de los elementos que se han apoderado de los órganos de dirección. Todo ello es consecuencia del abandono sistemático que se ha hecho de la idea de transformación radical del sistema económico capitalista y del sistema político monárquico y democrático-representativo que padecemos. Acomodarnos en este sistema renunciando a estos principios nos ha hecho extremadamente débiles y vulnerables y a hecho que la gente que un día pudo ilusionarse con nuestro proyecto hoy ya no se encuentre identificada con él.

Se hizo una apuesta arriesgada en un momento difícil y quizás fue precipitada la idea de guardar los estandartes del Partido, ni tan siquiera cuando todos los vientos soplaban en contra. Ahora sufrimos las paradójicas consecuencias de nuestro exceso de generosidad. Aquellos barros trajeron estos lodos. Pero, cuidado con dejarnos engañar: la partida aún no ha terminado. Y son precisamente aquellos que durante todo este tiempo han estado dando codazos para situarse en las mejores posiciones y dificultando el desarrollo del proyecto, los trompeteros que ahora claman por su desahucio.

El proyecto originario de una Izquierda Unida como movimiento político y social, nacido de la Convocatoria por Andalucía no ha fracasado, pero el momento actual nos obliga a repensarlo desde abajo. Y esa tarea debemos emprenderla con la ideología como arma, desde el nítido posicionamiento de clase y dando la palabra a nuestras bases. Siempre fue así. La creatividad y la generosidad histórica que han caracterizado siempre a nuestro Partido y a sus bases nos llevarán con seguridad a la reformulación de nuevas síntesis políticas y de nuevo a la convergencia, desde la irreductible pluralidad, con otras fuerzas políticas de la izquierda transformadora, con los movimientos sociales, ecologistas, feministas, pacifistas, con el mundo de la cultura, etc, etc,.. Pero, en definitiva, esto no se alejará mucho de aquel documento fundacional de las amapolas que tantas esperanzas levantó en Andalucía y en una España sumida en la corrupción política del PSOE y en el hastío hacia los partidos tradicionales.

La partida aún no ha terminado, porque hay una revolución pendiente, la “Revolución de las Amapolas”, una revolución cívica inspirada en aquel documento fundacional que sigue tan vigente como entonces y que tenemos el deber de llevar a cabo.

Pero la credibilidad de esa reformulación del proyecto desde la base, ya sea en clave de refundación o en clave de nuevo proyecto de convergencia, de unidad y de acción de la izquierda transformadora en nuestro país pasará, ineludiblemente, por la recuperación social y política de nuestro Partido y con ello la recuperación de los valores que dieron origen a Izquierda Unida, recogidos en aquel “documento de las amapolas”: la confluencia de lo rojo con lo verde, con lo violeta y con lo blanco; la recuperación de la idea de transformación radical del sistema económico y la reivindicación clara y sin complejos de la III República. Y sin complejos vengo a decir desde nuestro Programa.

Esta es una tarea necesaria que debemos acometer con tranquilidad, pero a la vez con urgencia. Es más, la pérdida de influencia social y política de nuestro Partido convierte, quizás, esta tarea en una de las pocas que podemos hacer, si es que no queremos continuar lamentándonos en los márgenes más residuales de la política tras haber convertido al Partido en un cadáver ideológico que ya sólo busque descanso eterno.

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