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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Asturias

Laso, imprescindible

Pedro García Pato (Oviedo) - lne.es / 02 nov 07

Sección de cartas al director de La Nueva España

Conocí a Laso a principios de los años ochenta, cuando impulsó en Oviedo, con Juan Benito Argüelles y Lola Lucio, la Asociación Cultural Tribuna Ciudadana. En ese proyecto que tanto ayudó a salir a esta ciudad de las sombras que aún quedaban de la cultura franquista, trayendo a grandes figuras del arte, la literatura y el pensamiento, Laso nos encandilaba siempre en sus presentaciones y coloquios con su oratoria y su riquísimo bagaje cultural.
Unos años más tarde supe de su compromiso político, de los duros años que le deparó el franquismo, de su valiente y meritoria formación autodidacta en medio de las dificultades de la posguerra, de su vida en la clandestinidad, de su estancia en la cárcel de Burgos, de su militancia y trabajo en el Partido Comunista. La figura de aquel hombre que brillaba en la vida cultural de Oviedo se enriqueció aún más para mí. Laso no era un erudito ausente de su entorno, era un intelectual íntegro, que ponía sus conocimientos al servicio de una vida llena de compromiso y coherencia. Recuerdo que siempre reivindicó la memoria histórica cuando casi nadie sabíamos lo que era, nos acercó con sencillez el pensamiento de Marx y Gramsci, nos habló sin tapujos de las luces y sombras de la Unión Soviética, nos relató con pasión sus viajes y la historia de los lejanos países que visitaba. Con un estilo inconfundible, plagado de anécdotas vitales, tanto en sus conferencias como en sus artículos políticos, filosóficos o de viajes (muchos de ellos publicados en este periódico), su discurso era siempre didáctico, entretenido y tremendamente humano. Disfrutamos también muchas veces de su cordialidad, porque Laso es una persona accesible que encuentra siempre tiempo y fuerzas para cualquier inquietud que puedas plantearle. Seguro que como militante comunista habrá sido y es ejemplar, desinteresado, incansable en su trabajo como responsable de la Fundación Isidoro Acevedo. Cuando el Ayuntamiento le otorgó el título de hijo predilecto de Oviedo me alegré enormemente de que todos los partidos lo respaldaran y pensé en lo merecido de dicho título.
Laso siempre ha sido para mí una referencia incuestionable, uno de esos hombres que luchan toda la vida y que, como decía Bertold Brecht, se hacen «imprescindibles». En los últimos años, en momentos revueltos y desesperanzados para la izquierda, siempre me ha aliviado pensar que Laso seguía ahí, incorruptible y activo, recordándonos que la historia, aunque sufra retrocesos, siempre avanza.
La dirección de Izquierda Unida de Asturias no deja de sorprendernos y avergonzarnos día a día a los que alguna vez fuimos votantes suyos y nos ilusionamos con aquel proyecto participativo, democrático y alternativo que surgió en la España de los ochenta. Esta semana nos hemos encontrado conque la coalición, en esa indiscriminada limpieza que está haciendo de toda la militancia discrepante, se ha llevado por delante también al reconocido intelectual y militante comunista. No sé qué talla moral, qué principio o qué grado de dignidad política pueden tener esos dirigentes de IU para atreverse a llevar a cabo semejante atropello. Una de las personas de las que más podía presumir la coalición, que la honraban y aún le daban un poco de credibilidad en medio de su penosa historia reciente, es considerada persona incómoda y expulsada. Parece que Laso, descontento con esa posición de IU tan cercana al PSOE y con su vertiginosa deriva nacionalista y oportunista, podía ser un obstáculo para Llamazares en esas insólitas primarias por correo que tiene previsto realizar. Así, mientras Izquierda Unida alardea en Madrid de sacar adelante la ley de Memoria Histórica, en Asturias quiere que se olvide a una de las figuras que más han simbolizado la lucha contra el franquismo y la recuperación de la democracia. Un abrazo, Laso. Menos mal que tú sí nos has dado buenas lecciones de memoria histórica.

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