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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Memoria Histórica

Ley de la desmemoria

Víctor M. Casco / 25 sep 07

Sin Ley de la Memoria Histórica, imposible ya al abrigo de los usos parlamentarios en las Cortes, se demuestra una vez más que el compromiso con la mentira, el engaño, y los poderes de siempre está por encima del compromiso con aquellos y aquellas que defendieron las libertades y murieron en una larga agonía de 40 años.
ZP ha tenido miedo y se ha doblegado, como todos los ejecutivos socialistas anteriores, a la estrategia de la derechona española, de los herederos del régimen… empezando por la Corona, por el Rey, por Juan Carlos Borbón, cúspide en el entramado del silenciamiento de la República y de los republicanos españoles.
No interesa hablar de nuestro pasado pues hay acciones que incomodan, ¡y de qué manera!, en el presente. No es cierto que quienes propugnamos el reconocimiento a los defensores de las libertades queramos reabrir de nuevo las heridas, no es cierto porque una herida que nunca se ha cerrado no se puede reabrir. Durante estos 30 años de desmemoria han seguido supurando las heridas, la sangre, de los republicanos olvidados en las cunetas y las tapias. Esa herida en la Historia de España no podrá cicatrizar nunca mientras los fusiles ideológicos del franquismo, hoy neofranquismo, sigan disparando. No podemos ni queremos cerrar nuestras heridas mientras las calles de nuestros pueblos se dedican a los asesinos, mientras la iglesia llenan sus osarios de pretendidos santos de la cruzada contra la legalidad republicana, mientras siga ejerciendo la jefatura del estado el heredero de Franco, un Borbón al que no hemos elegido democráticamente y que es símbolo de que en España no todos somos iguales ante la Ley.
Los medios afines a ZP se han apresurado a descargar las culpas del fracaso de la Ley de la Memoria a los partidos minoritarios - IU, ERC., ICV- que no han querido aceptar una propuesta descafeinada e inmoral. Sí, porque la Ley del Gobierno era inmoral desde el mismo momento en que pretendía homenajear simbólicamente a los muertos republicanos pero sin atentar contra la obra legislativa y política del régimen que los asesinó ilegalmente. Ha pretendido una Ley para que olvidemos pronto la memoria, para que cerremos en falso nuestra historia, para que mañana sigamos trabajando sobre las bases de un país que no renuncia al franquismo, que no es capaz de superarlo. Lo que pretendía el gobierno era el homenaje sin sustancia a los muertos y pasar página, lo que nosotros queremos es el reconocimiento a la memoria viva de nuestra historia, y no pasar página desde luego, sino pasar de régimen. De la monarquía franquista a la democracia republicana… Ese paso de gigante que una vez estuvimos a punto de culminar en 1931 y que los fusiles de la reacción cortó en seco en 1939… y hasta ahora.
El gobierno pretendía pues una Ley para la necrofagia, nosotros una Ley para el bienestar de los hombres y mujeres. No abundaré aquí en las máximas de Churchill y Marco Tulio Cicerón de que los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla y de que la historia es maestra de la vida. Pero sí diré que la palabra historia procede de histor, es decir, de testigo. Los historiadores somos testigos y albaceas de lo que ha pasado y tenemos la obligación de defender a aquellos que cayeron injustamente. Somos testigos de la II República y de sus luchas y somos testigos de los 40 años de genocidio republicano. Y quedan testigos que sufrieron en sus carnes y que durante 30 años han sido olvidados y negados, porque muchas veces los testigos son incómodos. Por eso las dictaduras lo primero que hacen es eliminarlos, como hizo Franco con todo vestigio republicano: maestros, libros, sindicalistas, alcaldes…
Nuestros testigos fueron condenados en tribunales ilegales merced a leyes ilegítimas. Los condenó el odio de la derechona a los derechos humanos y las libertades. ¿Cómo que no podemos declarar nulos esos ejercicios del despropósito? Las verdaderas democracias que se recuperan de las dictaduras lo primero que hacen es anular los hechos jurídicos del régimen que los precedió. La Italia resistente no “reformó” las leyes de Mussolini, las negó y las destruyó, y al poco, mandó al exilio a su monarca. Fueron un pueblo inteligente.
Aquí no, aquí reconocimos las leyes del régimen asesino y las utilizamos para constuir una cosa llamada “monarquía parlamentaria” y así lograr que todo quedara atado y bien atado.
Es imposible aceptar que no se anulen los juicios del franquismo. Mas he aquí la piedra de toque del gobierno de ZP: anular los hechos jurídicos del franquismo significa abrir la puerta para anular una de sus leyes fundamentales, la de la sucesión. Y como tantas veces, el gobierno español ha preferido situarse a la diestra del borbón antes que con el pueblo. Y es que al final la historia se repite.

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