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“Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro la voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
Retrato, Antonio Machado

Junto a la tapia donde fueron fusiladas

Homenaje a las "Trece Rosas" en el 68 aniversario de su fusilamiento

laRepublica.es / Wikipedia / 07 ago 07

El Partido Comunista de España y la Fundación Trece Rosas homenajearon hoy domingo a las 10:00h en el Cementerio de la Almudena "a los fusilados y fusiladas, víctimas de la dictadura", la fatídica fecha del 5 de agosto de hace 68 años. Como cada verano, la cita fue junto a las tapias del cementerio testigo de tantas ejecuciones al amanecer "que cumplían las sentencias de unos tribunales ilegítimos para legislar e ilegales por formar parte de un régimen dictatorial procedente de la sedición y la traición al gobierno republicano, democrático y reconocido internacionalmente".

El presidente de la Fundación Trece Rosas, José Cepeda, resaltó hoy la importancia de recordar esa parte de la historia, ’que estuvo oculta durante más de 40 años de dictadura, pero no para buscar revancha, sino para seguir construyendo el futuro, en paz y en libertad y reflexionar posibles desigualdades en ese futuro’.

’Recordar el pasado, es muy importante, pero especialmente para renovar e impulsar con fuerza nuestros objetivos y nuestros ideales en las sociedades más avanzadas, en un mundo global, inmerso en la revolución tecnológica y cuyos limitados recursos energéticos, generarán nuevas desigualdades y nuevos conflictos en pleno siglo XXI’, explicó el diputado regional.

Un manifiesto hecho público por el PCE señala que"sólo, en estas tapias se contabilizan cerca de tres mil las sentencias cumplidas, pero hay otras muchas tapias en Madrid, y muchísimas más en el resto de España. Tapias, caminos, cunetas, bosques… con los cuerpos de los defensores de los valores republicanos, de los hombres y las mujeres que aspiraban a ser ellos, y sus hijos, libres".

"Las Trece Rosas, los muchachos de la JSU asesinados esa noche, todos y cada unos de los muertos y los resistentes del franquismo se merecen más que una calle, que un monolito en un jardín o una declaración institucional vacía y sin consecuencia. Necesitan que los españoles de hoy, y los de mañana, sepan la verdad del por qué de tanta muerte y venganza; que sepan que una larga dictadura anuló cualquier atisbo de libertad social, política e incluso personal, durante años y años; que la sociedad que aspira a ser de derecho para todos y en la que hoy convivimos no calló del cielo como el maná bíblico ni la regaló un esplendido rey, a lomos de blanco corcel, derrotando a la fiera asesina. La trajo el trabajo callado y clandestino de muchas mujeres y de muchos hombres durante esa larga noche de franquismo (que no por lejana ya ha de quedar impune) con la aspiración de volver a ser libres otra vez y hacernos libres a los demás".

"Una vez más nos reconocemos en el ejemplo de las Trece muchachas y del resto de jóvenes de la saca de agosto. Con la vida pagaron el precio de su dignidad y la de la nuestra. Son ya imprescindibles", continúa el comunicado de los comunistas, quien aseguran que seguirán trabajando "para que se condene a sus verdugos, para que se anulen las sentencias de los tribunales ilegales que los juzgó y para que sus nombres y sus rostros sean definitivamente los nombres y los rostros a la historia de la democracia española. Por ello exigimos una ley que condene la dictadura y reconozca a sus víctimas y familiares todos los derechos que les fueron arrebatados."

La historia de las Trece Rosas

Las Trece Rosas es el nombre colectivo que se les dio a un grupo de trece muchachas, siete de ellas menores de edad (entonces establecida en 21 años), fusiladas por la represión franquista en Madrid, el 5 de agosto de 1939, poco después de finalizar de la Guerra Civil Española. Eran Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Avelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

Tras la caída de Madrid en manos de las tropas franquistas y el fin de la guerra, las Juventudes Socialistas Unificadas intentaron reorganizarse clandestinamente bajo la dirección de José Peña Brea, de 21 años. Tras el golpe de Estado del coronel Casado y el fin de la guerra, los dirigentes del PCE y las JSU habían abandonado España, dejando la organización en manos de militantes poco significados, los cuales, esperaban, podrían pasar más desapercibidos. José Peña, secretario general del comité provincial de las JSU, fue detenido por una delación, y obligado mediante torturas a dar todos los nombres que sabía y firmar una declaración preparada. Roberto Conesa, policía infiltrado en la organización, colaboró también en la caída de la organización (Conesa fue posteriormente comisario de la Brigada Político Social franquista y ocupó un cargo importante en la policía durante los primeros años de la democracia). La práctica totalidad de la organización clandestina cayó de este modo, sin apenas posibilidad de reorganización. La mayor parte de los detenidos aún no había tenido tiempo de integrarse en la organización clandestina o apenas acababan de hacerlo. A la captura de los militantes ayudó el hecho de que los ficheros de militantes del PCE y las JSU no habían podido ser destruidos, debido al golpe de Estado casadista, y fueron tomados por los franquistas al tomar Madrid. Entre los detenidos se hallaban las Trece Rosas, que fueron arrestadas y conducidas a instalaciones policiales, donde fueron torturadas, y después a la cárcel de mujeres de Ventas, una cárcel construida para 450 personas en la que se hacinaban 4.000.

El 27 de julio, Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, inspector de policía militar de la 1ª Región Militar y encargado del "Archivo de Masonería y Comunismo" (archivo que agrupaba los documentos recopilados por las tropas de Franco en su avance durante la guerra), su hija y su chófer fueron asesinados en Talavera de la Reina, en un oscuro incidente del que fueron acusados tres militantes de las JSU. Como represalia, 56 jóvenes de las JSU encarcelados (en su mayor parte antes del asesinato), entre los que se encontraban las Trece Rosas, fueron llevados a juicio ante un Tribunal Militar el 3 de agosto (expediente 30.426), acusados de reorganizar las JSU y el PCE para cometer actos delictivos contra el "orden social y jurídico de la nueva España", y condenados, por "adhesión a la rebelión", a pena de muerte. En la madrugada del 5 de agosto de 1939, junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid, fueron fusilados los 56 miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas, entre los que se encontraban las Trece Rosas.

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