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Hacia la Tercera República



Francisco Frutos Gras, Secretario General del PCE / 14 abr 07

Hoy, 14 de abril, evocamos con sentida emoción la proclamación de la II República, de aquella "República democrática de trabajadores de toda clase que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia". Hace 76 años la clase obrera, los sectores populares y las clases medias, las gentes de la cultura, de la ciencia y de la universidad, los partidos políticos de centro e izquierda instauraron de manera pacífica la democracia en España, después de la indiscutible victoria de las candidaturas de la conjunción republicano-socialista en las elecciones municipales celebradas el 12 de abril. Nacía así, en aquella hermosa primavera de 1931, la que Manuel Tuñón de Lara denominó "la República de las ilusiones".
En estos días miles de ciudadanos estamos participando en la infinidad de actos políticos, culturales y sociales que rinden homenaje a los republicanos y en las manifestaciones que afirman nuestro compromiso político con la III República. Porque nuestra memoria está llena de sentimientos de afecto y reconocimiento hacia quienes trabajaron por edificar la primera sociedad democrática de nuestra historia (después de la efímera I República de 1873), hacia quienes defendieron los valores del progreso, la libertad, la justicia social y la cultura entre 1936 y 1939 y hacia quienes lo sacrificaron todo para lograr la recuperación de las libertades durante cuatro décadas de terror y opresión.
Reivindicamos las gigantescas transformaciones que promovieron los gobiernos de la República entre 1931 y 1934 y desde la primavera de 1936: la reforma agraria, la legislación laboral en favor de los trabajadores, la democratización del ejército, la construcción de un Estado laico, la aprobación de tres estatutos de autonomía, la apertura de miles de escuelas y el acceso masivo del pueblo a la cultura, la línea política frentepopulista que unió al pueblo contra el fascismo y le dio la victoria en las elecciones generales del 16 de febrero de 1936.
Sin embargo, la mejor razón para traer a nuestra memoria los días de abril de 1931 es la reafirmación de nuestros valores republicanos, la expresión de la convicción de que la construcción de la democracia en España sólo culminará cuando de manera democrática alcancemos una República federal, laica y solidaria. Los militantes del Partido Comunista de España estamos convencidos de que esta forma de Estado es la mejor garantía para la defensa de los derechos y las libertades democráticas, el instrumento imprescindible para garantizar el autogobierno de los diversos pueblos que integran el Estado y un medio para superar los límites que la economía capitalista impone al desarrollo efectivo de unos derechos sociales maltratados por las políticas neoliberales y en franca regresión.
Por ello, es legítimo y necesario instalar ya en el debate político, para rescatarlo de la podredumbre actual, la propuesta de la alternativa republicana. Coincidimos con Julio Anguita cuando subraya que la Constitución de la III República Española debiera asentarse sobre siete pilares primordiales. En primer lugar, tendrá que vertebrarse a partir del reconocimiento de las tres generaciones de derechos humanos (políticos, sociales y medioambientales), de este modo avanzaremos hacia una sociedad de pleno empleo, con reducción de la jornada laboral y reparto del tiempo de trabajo, con desarrollo sostenible, con protección social plena y fiscalidad progresiva.
En segundo lugar, planteamos, en el marco del Estado Republicano, la democracia radical y participativa, se trata de llevar la democracia a ámbitos hoy vedados, como la economía o la cultura, así como profundizar la democracia política. En tercer lugar, queremos rescatar el inmenso valor histórico, ético y político del artículo sexto de la Constitución de 1931 para defender una política de paz: "España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional". La propuesta republicana se une así al profundo clamor que se despertó en todos los rincones del planeta en 2003 contra la agresión bélica al pueblo iraquí, que ya ha costado más de 600.000 personas muertas y ha destruido aquel país. Hoy este posicionamiento implica denunciar, una vez más, la pertenencia de España a la OTAN o los acuerdos bilaterales con Estados Unidos para la utilización "conjunta" de las bases militares en nuestro territorio, así como plantear la existencia de una fuerza militar reducida con capacidad de maniobra y de intervención rápida preparada para acciones de carácter sólo defensivo, para participar en misiones de interposición, o en el caso de catástrofes naturales o humanas.
En cuarto lugar, apostamos por un Estado inspirado en los valores del humanismo laico, que se asienta en el principio de la libertad absoluta de conciencia. Hay que derogar el inadmisible Concordato suscrito con el Vaticano hace tres décadas y liberar a la escuela pública del adoctrinamiento de la religión católica. En quinto lugar, está el valor de la austeridad, entendido como la racionalidad y la sintonía entre las necesidades sociales y las aportaciones presupuestarias y de infraestructuras necesarias, y no precisamente como lo conciben las políticas neoliberales, que santifican el "déficit cero" y contribuyen a la liquidación de los derechos sociales conquistados después de dos siglos de lucha del movimiento obrero.
En sexto lugar, a coyuntura política cotidiana prueba una y otra vez la necesidad de construir un Estado federal republicano que culmine la España de las autonomías. Vivimos tiempos y procesos políticos en los que la emotividad interesada y la manipulación son obstáculos para una búsqueda racional y equilibrada del acuerdo necesario. Desde las posiciones que mitifican la Historia y sacralizan el nombre de España, hasta la invertebración de las políticas de campanario y aldeanas que recrean, mitifican y sacralizan identidades, en este asunto, hemos vivido y vivimos de las consignas, lugares comunes y tópicos.
La construcción del acuerdo debe partir de un conjunto de premisas fundamentales y aplicables a todas y cada una de las federaciones, naciones, nacionalidades y regiones. En primer lugar, los territorios que acuerden federarse para construir el nuevo Estado aceptarán como patrimonio común los siete ejes que desarrollan la propuesta republicana. El desarrollo legislativo corresponderá a las Cortes Generales de la República y el desarrollo ejecutivo al Gobierno Federal. En segundo lugar, el Estado tendrá tres administraciones: la General, la de cada federación y la municipal, mientras que desaparecerían las provincias para avanzar hacia la comarcalización de cada federación. En tercer lugar, en la atribución y ejecución de las competencias se tendrá siempre en consideración el principio de subsidiariedad.
En séptimo lugar, pretendemos construir la Tercera República Española en el marco de una Europa federal a partir del impulso de un auténtico proceso constituyente europeo.
Obviamente, la República no vendrá sola, sino que tendremos que "traerla". Desde el PCE abogamos por lo que denominamos un Periodo Constituyente, caracterizado por la plena participación ciudadana y que culminaría con la proclamación de la III República. No pretendemos organizar esta exposición en torno a una quimera, al contrario, el proceso constituyente será un periodo de reflexión, concienciación, participación y creación, por tanto debemos continuar organizando debates, jornadas, exposiciones, publicaciones, fiestas populares para defender el proyecto republicano. Y sobre todo los comunistas y los compañeros y compañeras de las otras tradiciones de la izquierda revolucionaria tenemos que ser capaces de propagar una idea que debe ser asumida y proyectada con toda la fuerza posible: la III República es para el siglo XXI; hablamos de creación, de convocatoria para construir una verdadera sociedad democrática, planteamos un proyecto con emocionantes vínculos con el pasado, pero pensado y lleno de futuro.
Desde mediados del siglo XIX el ideal republicano ha sido compañero inseparable del ideal democrático, los valores de la República fueron y son los valores de la democracia. Desde hace ya varios años la bandera tricolor está presente en las movilizaciones de los trabajadores, de los estudiantes, de los jóvenes por una vivienda digna, en las manifestaciones por la paz y contra la barbarie del imperialismo, en cualquier expresión pública de exigencia de más democracia y más justicia social. Es la expresión de que las ideas republicanas cobran cada vez más fuerza entre amplios sectores ciudadanos.
Hoy, 14 de abril, el Partido Comunista de España hace un llamamiento al conjunto de los hombres y mujeres de izquierdas, republicanos, socialistas, comunistas, libertarios, feministas, alternativos, ecologistas y de manera especial a Izquierda Unida, como nuestro proyecto estratégico, a defender la memoria y los valores de la Segunda República de los trabajadores y trabajadoras, de la paz, a denunciar y combatir con fuerza las diversas acciones que pretenden denigrar la realidad de lo que fue la II República Española. Pero no se puede rendir mejor homenaje a todos aquellos que lucharon por la defensa de la II República que trabajar por la construcción de la Tercera. Por ello, propiciamos una estrategia unitaria y llamamos a la constitución del Movimiento por la Tercera República Española.

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