Palestina: Crímenes contra la humanidad

LA CAUSA del la situación actual en Palestina no son
los cohetes lanzados por la población palestina contra
ciudades de las que se expulsó a sus padres y madres, es la
ocupación de un país en donde vivía un pueblo. Israel ha
convertido Gaza en un ghetto, una enorme cárcel, donde
1.500.000 personas viven hacinadas, en condiciones precarias
de luz, agua, combustible, víveres, medicinas..., donde toda
entrada está rigurosa y metódicamente controlada por Israel.
Israel lleva años imponiendo un embargo colectivo de agua,
alimentos, cortando los suministros de combustibles y
electricidad y dejando toda la Franja de Gaza y sus
habitantes a oscuras y sin ningún tipo de energía. Esta
escasez se acompaña de incursiones de observación y de
matanzas diarias, con el objetivo de llevar a la población a
la indefensión. Hamas representa la resistencia de un pueblo
ante la ocupación. A pesar de ello, Hamas respetó la tregua
durante tres meses. Ahora bien, esta tregua tenía varias
condiciones. Israel tenía que levantar el bloqueo que
asfixiaba a Gaza; no lo hizo. No debía cometer más
agresiones militares; las cometió. Egipto tenía que abrir
sus fronteras; no se hizo. En realidad Israel es quien no
respetó la tregua. Está claro que Israel no quiere la paz.
Hamas estaba dando señales de que quería llegar a un arreglo
diplomático del conflicto que incluyera la frontera de 1967
y eso no lo puede permitir. No quiere negociar. Presiona y
presiona, hasta conseguir que estalle el pueblo sometido.
Tiene así el pretexto para justificar nuevas masacres,
deportaciones y anexiones. Ya poca Palestina queda. Paso a
paso, Israel la está borrando del mapa. Esto es terrorismo
de estado.
Como plantea el periodista Fran Sevilla hay determinados
momentos en la vida en los que uno tiene que optar: se puede
optar por callarse, y convertirse en cómplice, o se puede
optar por hablar, por denunciar, por no renunciar a la
capacidad de indignación. Lo que lleva ocurriendo en
Palestina desde hace décadas nos coloca en uno de esos
momentos: tiene que ver con la dignidad como ser humano. El
bombardeo de las escuelas de la ONU por el ejército israelí
con absoluto desprecio por la vida y con la cobardía de
quien se sabe amparado por la impunidad, ya sucedió cuando
la artillería israelí bombardeó unas instalaciones de la ONU
en Qana, en el sur de Líbano, en el año 1996 masacrando a
decenas de civiles que se habían refugiado allí. Cuando en
agosto de 2006 los israelíes volvieron a bombardear en Qana
una casa donde se habían refugiado civiles libaneses, de
nuevo hubo decenas de muertos y de nuevo el crimen quedó
impune. Nadie pagó por aquellos crímenes monstruosos. Cuando
los israelíes arrasaron en 2002 el campo de refugiados
palestinos en Jenin, en el norte de Cisjordania, la ONU creó
una comisión de investigación pero el gobierno israelí
impidió su llegada a la zona y de nuevo se impuso la
impunidad. Ahora, tras masacrar a más de 1.400 palestinos y
dejar 5.500 heridos, tengo la trágica y desmoralizante
certeza, como también manifiesta Fran Sevilla, de que nada
ocurrirá. Para Israel los palestinos y las palestinas son
meros estorbos a los que se puede quitar de en medio a
sangre, fuego y bombas de fósforo blanco que, por supuesto,
como afirma el ejército israelí es utilizado contra la
población palestina «con moderación y en cumplimiento del
Derecho Internacional». Esto es terrorismo de estado.
Porque, como confesaba el militar israelí Itzik Shabbat, que
se negó a participar en la ofensiva contra Beirut en el
2006, «todo es una locura: la ocupación, la forma inhumana
en que tratamos a los palestinos. En Israel entras al
ejército con 18 años porque quieres luchar contra el enemigo
de tu país, porque quieres dejar tu marca en la historia, y
haces lo que te dicen, sin pensar. Y allí todo te ayuda para
que no pienses. Misiones que cumplir, órdenes que seguir. Y
no ves a los palestinos como seres humanos, los ves como
animales. Entras a su casa durante la noche, los despiertas,
les gritas, las mujeres allí, los hombres allí, y rompes
todo. Son cosas que no harías aquí en Israel, pero las haces
allí. Y, para poder hacerlo, niegas la realidad. Es la única
forma. Creas entre tú y la realidad un muro de silencio. Te
pongo otro ejemplo: si encuentras en la noche un paquete
sospechoso que puede ser una bomba, llamas al primer mohamed
que encuentras en la calle y le dices que lo abra. Podrías
llamar a un experto que lo desactivase, tardaría diez
minutos en venir, pero mejor hacer que un palestino se
juegue la vida, ya que para ti es lo mismo, no lo ves como
un ser humano. Yo hacía eso con mis soldados en Hebrón. Y
también en Nablus, cuando quería entrar a una casa, si
pensaba que podía haber una bomba trampa, cogía al mohamed
de turno y lo obligaba a que abriera la puerta. Es parte de
la rutina del ejército: usar a los palestinos como escudos
humanos. Lo mismo cuando estás en un check point, los
obligas esperar mucho más de lo necesario, a veces durante
horas, y coges a un palestino al azar y le das una paliza,
de cada quince o veinte que pasan, para que el resto tenga
miedo y esté tranquilo. Sólo así, tú que estás con cuatro
soldados más los dominas a ellos que son miles. Y cuando
entras a Gaza con el carro de combate y ves un coche nuevo,
aunque tengas espacio en la carretera, pasas por encima. Y
también disparas a los tanques de agua. Para meterles miedo,
para que te respeten, porque esa es la lógica de lo que nos
enseñan a los soldados israelíes. Además, eres muy joven y
empiezas a disfrutar de ese poder, de que la gente haga todo
lo que les digas. Es como un videojuego. Estás en un check
point en medio de la ruta, tienes a veinte coches esperando,
y con sólo mover el dedo hacen lo que tú quieras. Juegas con
ellos. Los haces avanzar, retroceder. Los vuelves locos.
Tienes 18 años y te sientes poderoso. Alguna gente dice que
son casos aislados. Las madres dicen: mi hijo, que está
ahora en el ejército es bueno, no hace estas cosas, esto
sólo lo hacen los soldados beduinos o los etíopes. Pero no
es cierto. Todos las hacemos, porque es la lógica de la
ocupación israelí: aterrorizar a los palestinos». Esto es
terrorismo de estado.
Como afirma el relator de la ONU para los derechos humanos
en los territorios palestinos, Richard Falk, las acciones y
la ocupación de Israel en Gaza y en Palestina constituyen
crímenes contra la humanidad, y los responsables han de ser
llevados ante un tribunal internacional, como se ha hecho
con el caso de Ruanda o se hizo en su día con la Antigua
Yugoslavia. Pero el gobierno israelí sabe que eso no va a
ocurrir, como no ocurrió con Qana, con Jenin, con Shabra y
Chatila, con Deir Yassim y con tantas masacres. Sin embargo,
la Historia olvida mal. Habrá museos del Holocausto
palestino para recordar a las víctimas de este terrorismo
del estado israelí.
Pero aún podemos hacer muchas cosas. Empezando por no
callarnos. Como dice Lidón Soriano, los crímenes del nazismo
fueron atroces y los del sionismo fueron y son igualmente
execrables; sin embargo, en este caso el mundo no podrá
decir que no lo sabía. Por eso muchos no vamos a callarnos.
Vamos a exigir a nuestro gobierno que rompa relaciones con
Israel e imponga sanciones económicas -“por muchísimo menos
se las impusieron a Hamás-“, vamos a llevar a cabo un boicot
a los productos israelíes (con el 729 en el código de
barras), vamos a luchar porque se cancelen los acuerdos
comerciales preferentes de España y Europa con Israel,
mientras no cumpla todas y cada una de las resoluciones de
la ONU. Pero también podemos no pagar. Muchos no vamos a
pagar más impuestos para armamento, para financiar las armas
de Israel o de cualquier otra parte, vamos a seguir haciendo
objeción fiscal para que no destinen lo que pagamos a
Hacienda a armamento (toda la información sobre ello la
puede ver en
http://www.pce.es/leon/Objfiscal.htm). No
olvidemos que el Estado Español vendió en 2007 armamento a
Israel por valor de 4 millones y medio de euros
* Profesor de la Universidad de León. |