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FechaMiércoles, 28 de Enero de 2009  

Palestina: Crímenes contra la humanidad


 LA CAUSA del la situación actual en Palestina no son los cohetes lanzados por la población palestina contra ciudades de las que se expulsó a sus padres y madres, es la ocupación de un país en donde vivía un pueblo. Israel ha convertido Gaza en un ghetto, una enorme cárcel, donde 1.500.000 personas viven hacinadas, en condiciones precarias de luz, agua, combustible, víveres, medicinas..., donde toda entrada está rigurosa y metódicamente controlada por Israel. Israel lleva años imponiendo un embargo colectivo de agua, alimentos, cortando los suministros de combustibles y electricidad y dejando toda la Franja de Gaza y sus habitantes a oscuras y sin ningún tipo de energía. Esta escasez se acompaña de incursiones de observación y de matanzas diarias, con el objetivo de llevar a la población a la indefensión. Hamas representa la resistencia de un pueblo ante la ocupación. A pesar de ello, Hamas respetó la tregua durante tres meses. Ahora bien, esta tregua tenía varias condiciones. Israel tenía que levantar el bloqueo que asfixiaba a Gaza; no lo hizo. No debía cometer más agresiones militares; las cometió. Egipto tenía que abrir sus fronteras; no se hizo. En realidad Israel es quien no respetó la tregua. Está claro que Israel no quiere la paz. Hamas estaba dando señales de que quería llegar a un arreglo diplomático del conflicto que incluyera la frontera de 1967 y eso no lo puede permitir. No quiere negociar. Presiona y presiona, hasta conseguir que estalle el pueblo sometido. Tiene así el pretexto para justificar nuevas masacres, deportaciones y anexiones. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa. Esto es terrorismo de estado.

Como plantea el periodista Fran Sevilla hay determinados momentos en la vida en los que uno tiene que optar: se puede optar por callarse, y convertirse en cómplice, o se puede optar por hablar, por denunciar, por no renunciar a la capacidad de indignación. Lo que lleva ocurriendo en Palestina desde hace décadas nos coloca en uno de esos momentos: tiene que ver con la dignidad como ser humano. El bombardeo de las escuelas de la ONU por el ejército israelí con absoluto desprecio por la vida y con la cobardía de quien se sabe amparado por la impunidad, ya sucedió cuando la artillería israelí bombardeó unas instalaciones de la ONU en Qana, en el sur de Líbano, en el año 1996 masacrando a decenas de civiles que se habían refugiado allí. Cuando en agosto de 2006 los israelíes volvieron a bombardear en Qana una casa donde se habían refugiado civiles libaneses, de nuevo hubo decenas de muertos y de nuevo el crimen quedó impune. Nadie pagó por aquellos crímenes monstruosos. Cuando los israelíes arrasaron en 2002 el campo de refugiados palestinos en Jenin, en el norte de Cisjordania, la ONU creó una comisión de investigación pero el gobierno israelí impidió su llegada a la zona y de nuevo se impuso la impunidad. Ahora, tras masacrar a más de 1.400 palestinos y dejar 5.500 heridos, tengo la trágica y desmoralizante certeza, como también manifiesta Fran Sevilla, de que nada ocurrirá. Para Israel los palestinos y las palestinas son meros estorbos a los que se puede quitar de en medio a sangre, fuego y bombas de fósforo blanco que, por supuesto, como afirma el ejército israelí es utilizado contra la población palestina «con moderación y en cumplimiento del Derecho Internacional». Esto es terrorismo de estado.

Porque, como confesaba el militar israelí Itzik Shabbat, que se negó a participar en la ofensiva contra Beirut en el 2006, «todo es una locura: la ocupación, la forma inhumana en que tratamos a los palestinos. En Israel entras al ejército con 18 años porque quieres luchar contra el enemigo de tu país, porque quieres dejar tu marca en la historia, y haces lo que te dicen, sin pensar. Y allí todo te ayuda para que no pienses. Misiones que cumplir, órdenes que seguir. Y no ves a los palestinos como seres humanos, los ves como animales. Entras a su casa durante la noche, los despiertas, les gritas, las mujeres allí, los hombres allí, y rompes todo. Son cosas que no harías aquí en Israel, pero las haces allí. Y, para poder hacerlo, niegas la realidad. Es la única forma. Creas entre tú y la realidad un muro de silencio. Te pongo otro ejemplo: si encuentras en la noche un paquete sospechoso que puede ser una bomba, llamas al primer mohamed que encuentras en la calle y le dices que lo abra. Podrías llamar a un experto que lo desactivase, tardaría diez minutos en venir, pero mejor hacer que un palestino se juegue la vida, ya que para ti es lo mismo, no lo ves como un ser humano. Yo hacía eso con mis soldados en Hebrón. Y también en Nablus, cuando quería entrar a una casa, si pensaba que podía haber una bomba trampa, cogía al mohamed de turno y lo obligaba a que abriera la puerta. Es parte de la rutina del ejército: usar a los palestinos como escudos humanos. Lo mismo cuando estás en un check point, los obligas esperar mucho más de lo necesario, a veces durante horas, y coges a un palestino al azar y le das una paliza, de cada quince o veinte que pasan, para que el resto tenga miedo y esté tranquilo. Sólo así, tú que estás con cuatro soldados más los dominas a ellos que son miles. Y cuando entras a Gaza con el carro de combate y ves un coche nuevo, aunque tengas espacio en la carretera, pasas por encima. Y también disparas a los tanques de agua. Para meterles miedo, para que te respeten, porque esa es la lógica de lo que nos enseñan a los soldados israelíes. Además, eres muy joven y empiezas a disfrutar de ese poder, de que la gente haga todo lo que les digas. Es como un videojuego. Estás en un check point en medio de la ruta, tienes a veinte coches esperando, y con sólo mover el dedo hacen lo que tú quieras. Juegas con ellos. Los haces avanzar, retroceder. Los vuelves locos. Tienes 18 años y te sientes poderoso. Alguna gente dice que son casos aislados. Las madres dicen: mi hijo, que está ahora en el ejército es bueno, no hace estas cosas, esto sólo lo hacen los soldados beduinos o los etíopes. Pero no es cierto. Todos las hacemos, porque es la lógica de la ocupación israelí: aterrorizar a los palestinos». Esto es terrorismo de estado.

Como afirma el relator de la ONU para los derechos humanos en los territorios palestinos, Richard Falk, las acciones y la ocupación de Israel en Gaza y en Palestina constituyen crímenes contra la humanidad, y los responsables han de ser llevados ante un tribunal internacional, como se ha hecho con el caso de Ruanda o se hizo en su día con la Antigua Yugoslavia. Pero el gobierno israelí sabe que eso no va a ocurrir, como no ocurrió con Qana, con Jenin, con Shabra y Chatila, con Deir Yassim y con tantas masacres. Sin embargo, la Historia olvida mal. Habrá museos del Holocausto palestino para recordar a las víctimas de este terrorismo del estado israelí.

Pero aún podemos hacer muchas cosas. Empezando por no callarnos. Como dice Lidón Soriano, los crímenes del nazismo fueron atroces y los del sionismo fueron y son igualmente execrables; sin embargo, en este caso el mundo no podrá decir que no lo sabía. Por eso muchos no vamos a callarnos. Vamos a exigir a nuestro gobierno que rompa relaciones con Israel e imponga sanciones económicas -“por muchísimo menos se las impusieron a Hamás-“, vamos a llevar a cabo un boicot a los productos israelíes (con el 729 en el código de barras), vamos a luchar porque se cancelen los acuerdos comerciales preferentes de España y Europa con Israel, mientras no cumpla todas y cada una de las resoluciones de la ONU. Pero también podemos no pagar. Muchos no vamos a pagar más impuestos para armamento, para financiar las armas de Israel o de cualquier otra parte, vamos a seguir haciendo objeción fiscal para que no destinen lo que pagamos a Hacienda a armamento (toda la información sobre ello la puede ver en http://www.pce.es/leon/Objfiscal.htm). No olvidemos que el Estado Español vendió en 2007 armamento a Israel por valor de 4 millones y medio de euros
 

* Profesor de la Universidad de León.

 

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