¿Qué significa privatizar?

Las grandes empresas necesitan cada vez más ámbitos que les
proporcionen beneficios. Invertir en producción de bienes ya
no genera los beneficios esperados. El volumen de personas
consumidoras no crece lo suficiente. Es necesario encontrar
nuevas vías de inversión para aumentar los beneficios.
¿Dónde mejor que en los servicios públicos?
Una vez que hemos pagado entre todos y
todas, a través de nuestros impuestos, las costosas
infraestructuras de agua, telefonía, luz, etc., necesarias
para su prestación, nuestros ayuntamientos venden a precio
de saldo a estas grandes empresas la gestión de sus
servicios.
Los servicios públicos más esenciales se
privatizan, argumentando que, así, costarán menos a la
ciudadanía debido a la competencia entre las empresas. Pero
los resultados son contundentes: se ha producido una
concentración monopolística a escala mundial (el agua, por
ejemplo, es controlada por cinco grandes corporaciones
multinacionales); la sustitución del monopolio público por
el monopolio privado ha incrementado los precios, puestos de
forma unilateral y con el único criterio del beneficio de
los accionistas; el servicio que prestan se ha convertido en
un calvario para los consumidores y las consumidoras del
mismo, pues no están dispuestos a invertir en
infraestructuras costosas, sino que buscan el beneficio a
corto plazo.
El grupo socialista ya intentó en su
anterior legislatura privatizar el agua en el Ayuntamiento
de León. Gracias a la presión ciudadana de una plataforma
social se paró este proceso de privatización. Pero vuelven a
la carga con su afán de privatizar los servicios públicos.
Ahora lo quieren hacer con servicios que presta el
Ayuntamiento alegando que funcionan mal o están
sobredimensionados. En vez de arreglarlos o mejorar su
gestión, utilizan esta excusa para privatizarlos.
Pero ya sabemos por otras experiencias lo
que supone la privatización de los servicios públicos. La
privatización del metro en Londres incrementó su coste 20
veces más; y la privatización de las infraestructuras
ferroviarias ha supuesto el aumento constante de las tarifas
(las más elevadas de la UE), la desaparición de servicios,
muchos sin previo aviso, el abandono del mantenimiento de la
infraestructura, la falta de renovación de los sistemas de
seguridad con un elevado coste en vidas. En España, el
Tribunal de Cuentas destapó, en su fiscalización de la
gestión de 2000 de la empresa de ferrocarriles RENFE, que el
recorte de la compañía afectaba a la calidad del servicio a
los usuarios y las usuarias y generaba riesgo de accidentes
por la baja inversión en el mantenimiento de vías e
infraestructuras. La privatización de las empresas
energéticas en el Estado español ha producido igualmente un
gravísimo deterioro de un servicio básico (cortes en el
suministro eléctrico de varios días de duración en amplias
zonas geográficas del estado en tiempos de nevadas),
motivadas por el recorte de inversiones de las compañías
eléctricas si no se les garantizan sobrebeneficios; se
privatiza la enseñanza concertando a los colegios de élite
que no admiten a minorías o alumnado con dificultades (sólo
el 2% está en estos centros); se autorizan universidades
privadas para que expendan títulos para quienes pueden
pagarlos...
Los logros sociales (servicios públicos o
sistemas de protección social, sanitaria y educativa
universales) conseguidos con las luchas de tantos
trabajadores y trabajadoras a lo largo de muchos años, están
condenados con las políticas de administraciones y gobiernos
con este “talante”.
El argumento que se esgrime para
privatizar las empresas públicas es que éstas suelen ser
ineficaces (aunque las empresas siderúrgicas más eficientes
del mundo son las fundadas y gestionadas por los Estados de
Corea y Taiwan). Se considera que las empresas privadas
realizarán esta tarea de forma más eficaz.
Pero tenemos que ser conscientes de que
cuando las empresas privadas pasan a gestionar los
“antiguos” servicios públicos, lo hacen esperando sacar unos
beneficios considerables. Si el Ayuntamiento los
suministraba sin costes añadidos, las empresas añaden el
“coste” de su propio beneficio. Un “añadido” que sólo puede
conseguirse recortando la inversión (reduciendo los salarios
de los trabajadores y trabajadores empleados o precarizando
sus contratos laborales, reduciendo los niveles de
seguridad, erosionando los derechos sindicales, minimizando
los períodos de formación, etc.) y/o reduciendo el servicio
que prestan (reduciendo el número de personal, incrementando
el precio de los servicios, evitando el mantenimiento de las
infraestructuras, eliminando servicios “no rentables”,
etc.). La privatización, por supuesto, hace pasar de los
números rojos a los negros, pero sólo gracias al incremento
de los precios, el mayor número de accidentes, un drástico
recorte del empleo y una mayor inseguridad laboral.
Además empieza a ser una práctica
habitual de las empresas privadas que acceden a explotar
estos servicios privatizados no correr ningún riesgo
financiero (que es lo característico del mercado, según la
definición neoliberal), ya que en los pliegos de condiciones
de toda privatización se aseguran que, en caso de déficit o
quiebra, las Administraciones públicas están obligadas a
intervenir y asumir las deudas y pérdidas que declaren. El
Ayuntamiento de Ponferrada ya privatizó la gestión de la
limpieza (en estas políticas, que son las importantes para
la ciudadanía, no se distingue la política del PP y la del
PSOE). La empresa FCC, que ha gestionado el servicio de
limpieza durante el año 2005, exige que el Ayuntamiento, con
los impuestos de sus ciudadanos y ciudadanas, le pague un
millón de euros para compensar el déficit que, según dice,
ha tenido por la gestión de la limpieza. Esto sí que es
jugar sobre seguro. Es una estafa proteccionista, un New
Deal neoconservador que transfiere fondos públicos a
empresas privadas. Las mismas personas contribuyentes, que
ya pagaron por los servicios, tendrán que volver a pagar a
estas empresas de nuevo, esta vez para compensar sus
pérdidas. Si bien las ganancias son estrictamente privadas,
resulta que todo el riesgo lo carga el público.
Por eso Susan George (2004) sugiere dejar
de hablar de privatización y “utilizar términos que hagan
honor a la verdad: estamos hablando de alienar y poner el
producto de décadas de trabajo de miles de personas en manos
de una ínfima minoría de grandes inversores. Esto no es otra
cosa que uno de los más grandes atracos padecidos por
nuestra generación y todas las anteriores”.
Lo que nos tenemos que preguntar entonces
es si la política económica que quiere hacer la actual
corporación del Ayuntamiento de León o que ya vienen
haciendo los principales Ayuntamientos de la provincia, como
el de Ponferrada o el de San Andrés del Rabanedo (donde el
agua, por ejemplo, ya lleva privatizada años), son políticas
realmente sociales y al servicio de quién están.
* Profesor de la Universidad de León.
Autor de
La Globalización Neoliberal y sus repercusiones en la
educación (2007). Barcelona:
El Roure. |