El día 19 de julio en la cadena de
radio COPE denunciaban que el PSOE, IU y los sindicatos
CCOO y UGT habían convocado una manifestación contra
Israel en cuyo comunicado no se decía nada sobre los
ataques de Hezbolla.
Analicemos el tema desde el principio reciente: antes de
que fuera secuestrado el primer soldado judío en Gaza,
Israel asesinaba impunemente en esa área, misiles
nocturnos que mataban a gente durmiendo, excavadoras y
maquinaria que destruían las carreteras, etc. Una vez
que el soldado es «secuestrado» esos ataques se
incrementan, imponiendo además del cierre definitivo de
la frontera con Egipto. El 15 de julio algunos
palestinos abrieron un boquete por el que pasaron parte
de las 3.000 personas hacinadas entre Gaza y Egipto, y
donde al menos ocho habían muerto, ya que acuden a
tratarse u operarse a hospitales egipcios y no llegaron
o no convalecieron en condiciones. El 18 de julio tres
niños murieron en ese inmenso atasco de coches,
autobuses, carros y otra vez otro boquete por el que
pasaron otra mínima cantidad de personas.
Simultáneamente, el ejército hebreo secuestra a
Ministros palestinos (políticos elegidos
democráticamente en las urnas) y a una gran cantidad de
civiles (mujeres y niños incluidos) y amenaza de muerte
al Primer Ministro Ismael Haniyeh.
Mientras, Hezbollah mata a ocho soldados hebreos en el
sur del Líbano y secuestra a dos con el fin de
intercambiarlos por prisioneros libaneses que Israel ha
secuestrado a lo largo del tiempo. Como Nasrallah,
secretario general del partido político Hezbollah, se
niega a liberarlos comienza la operación de bombardeo
indiscriminado al Líbano. Primero el aeropuerto, después
los tanques de combustible, las estaciones eléctricas,
las carreteras, la televisión Al Manar, el puerto y lo
peor de todo: niños, madres, jóvenes, familias enteras
que no pueden defenderse. No es una guerra convencional,
la brutalidad y la inmoralidad de los ataques superan lo
imaginable. El atrevimiento del gobierno sionista que
ordena las masacres es inaudito. Porque hay factores
diferenciantes con otras invasiones recientes:
Una: la información no está censurada en demasía; todos
vemos las imágenes de los edificios destruídos, los y
las muertos entre los escombros, la gente huyendo del
salvaje escenario, las carreteras llenas de cráteres, el
combustible ardiendo y las caras de los niños
desfiguradas por efecto de las bombas. Es la diferencia
con las imágenes de las otras dos últimas invasiones
televisadas: Afganistán e Irak. Los mandos de la US Army
aprendieron la lección de Vietnam y no dejarían que los
periodistas se entrometieran a filmar en directo las
atrocidades de las tropas americanas, sino que eran
«embebed», empotrados, es decir, les llevaban con ellos
y sacaban lo que ellos querían y la única verdad oficial
eran los partes de guerra de las cinco de la tarde
transmitidos por el general de turno. A pesar de eso
muchos periodistas se jugaron el tipo, pero las
informaciones salieron con cuentagotas hasta que saltó
Abu Graib y hace poco el asesinato de civiles por parte
de un soldado. ¿Todo eso desde marzo del 2003?
Y dos: esta vez nos toca más de cerca. En Afganistán,
Iraq o en Gaza es más difícil que maten a un civil
europeo e incluso americano porque los hay en menor
proporción, (exceptuando a los mercenarios americanos
que operan en Iraq y que sí son objeto de ataques de la
resistencia), pero en Líbano y más en verano hay
cantidad de gente de todos los países europeos que, o
bien están, estaban, de vacaciones ó bien trabajan,
trabajaban allí. Porque Líbano era un país que vivía en
paz. Y lo que aparece en los telediarios y la prensa es
la ruptura inesperada de la cotidianidad de la gente,
las mesas con sus platos y vasos dentro de un piso sin
pared, los colchones deformados por los escombros, los
sofás retorcidos entre restos de tabiques, los vehículos
atravesados en posiciones absurdas ó convertidos en
amasijos. Y además le afecta a españoles, italianos,
franceses, alemanes etcétera. A los cinco canadienses
masacrados el día 16. Por eso todos, menos los gobiernos
al unísono, nos echamos las manos a la cabeza y decimos
que es insoportable, que cómo es posible que la «única
democracia de la zona» sea capaz de semejante salvajada
y nadie le ponga freno ni absolutamente nadie le haga
cumplir resolución de la ONU alguna. Acusaban a Siria de
tener 30.000 soldados ilegalmente en Líbano, pues bien,
se dictó resolución en Las Naciones Unidas y el ejército
sirio de retiró. No voy a valorar ahora si Israel
estaría haciendo lo que hace si esas tropas continuasen
en Líbano, pero las acusaciones de terrorismo que se
vierten tan fácilmente sobre países de ejes del mal
imaginarios, en bastantes ocasiones, son desmentidas por
los hechos. El otro día en la manifestación de apoyo a
Israel en Nueva York una señora decía (ella no se
encontraba en Haifa) que la solución sería llevar la
guerra hasta el final, que Israel continuara con la
ofensiva y Hillary Clinton discurseó en un atril
apoyando esos argumentos. Claro, en Nueva York el lobby
judío tiene mucho poder y su voto es muy importante. No
tuvo eco que otro grupo de judíos, en
contramanifestación, abogara por una solución dialogada
entre Palestina e Israel. Les acusaron de traidores.
Pues bien, a pesar de todas estas demostraciones de
fuerza del Sahel el equilibrio es frágil, porque ¿hasta
dónde están dispuestos a aguantar acusaciones Siria e
Irán? Ahora Israel ya está invadiendo por tierra el sur
del Líbano y Gaza hacia el sur, quizás en esa ensoñación
bíblica del Gran Israel, que en realidad es un genocidio
que todos podemos comprobar nada más encender la
televisión, pero ¿es soportable por parte de sirios e
iraníes? Hay miles de familias sirio-libanesas en el
país de los cedros. ¿Y los demás países árabes? Ya envió
Arabia Saudí 50 millones de dólares al gobierno libanés,
y Kuwait 25. ¿Tienen miedo a sus poblaciones? Egipto y
Jordania ya han advertido a EEUU. y afirman que no están
en condiciones de asegurar el control de su propia
población. En Jordania casi el 60% de la población es de
origen palestino y en Egipto sólo falta una chispa para
que los jóvenes y no tan jóvenes se echen en masa hacia
la frontera de Gaza a combatir contra los hebreos, «con
piedras si hace falta» como decían los afganos. Y lo más
peligroso para el orden establecido, que combatan contra
sus propios gobiernos.
Israel no ha calculado bien esta «jugada», y si no es
ésta, la próxima, que la habrá, porque no hay nada tan
narcisistamente destructivo como creerse «el pueblo
elegido» y actuar como si lo fuera, y aunque es de
extrañar que la cadena de radio COPE frivolice con la
convocatoria de manifestación para parar la violencia,
rivalizando con el inmoral argumento del «legítimo
derecho a defenderse» de Israel, somos pesimistas en
cuanto al desarrollo de los acontecimientos.
Es necesario movilizarse y acudir a todas las
manifestaciones que se convoquen para parar esta locura
de genocidio sistemático y deliberado que está sufriendo
el pueblo palestino. Desde el Partido Comunista de León
al que represento apoyamos cualquier manifestación en
defensa de una paz justa que aplique las resoluciones de
la ONU.