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Diario de León

OPINIÓN  OPINIÓN   
FechaDomingo, 23 de Julio de 2006  
El gran Israel o el gran genocidio de Israel
TRIBUNA
FirmaBegoña Casasola Peñín. Responsable de Solidaridad Internacional del PCE de León 

 

El día 19 de julio en la cadena de radio COPE denunciaban que el PSOE, IU y los sindicatos CCOO y UGT habían convocado una manifestación contra Israel en cuyo comunicado no se decía nada sobre los ataques de Hezbolla.

Analicemos el tema desde el principio reciente: antes de que fuera secuestrado el primer soldado judío en Gaza, Israel asesinaba impunemente en esa área, misiles nocturnos que mataban a gente durmiendo, excavadoras y maquinaria que destruían las carreteras, etc. Una vez que el soldado es «secuestrado» esos ataques se incrementan, imponiendo además del cierre definitivo de la frontera con Egipto. El 15 de julio algunos palestinos abrieron un boquete por el que pasaron parte de las 3.000 personas hacinadas entre Gaza y Egipto, y donde al menos ocho habían muerto, ya que acuden a tratarse u operarse a hospitales egipcios y no llegaron o no convalecieron en condiciones. El 18 de julio tres niños murieron en ese inmenso atasco de coches, autobuses, carros y otra vez otro boquete por el que pasaron otra mínima cantidad de personas. Simultáneamente, el ejército hebreo secuestra a Ministros palestinos (políticos elegidos democráticamente en las urnas) y a una gran cantidad de civiles (mujeres y niños incluidos) y amenaza de muerte al Primer Ministro Ismael Haniyeh.

Mientras, Hezbollah mata a ocho soldados hebreos en el sur del Líbano y secuestra a dos con el fin de intercambiarlos por prisioneros libaneses que Israel ha secuestrado a lo largo del tiempo. Como Nasrallah, secretario general del partido político Hezbollah, se niega a liberarlos comienza la operación de bombardeo indiscriminado al Líbano. Primero el aeropuerto, después los tanques de combustible, las estaciones eléctricas, las carreteras, la televisión Al Manar, el puerto y lo peor de todo: niños, madres, jóvenes, familias enteras que no pueden defenderse. No es una guerra convencional, la brutalidad y la inmoralidad de los ataques superan lo imaginable. El atrevimiento del gobierno sionista que ordena las masacres es inaudito. Porque hay factores diferenciantes con otras invasiones recientes:

Una: la información no está censurada en demasía; todos vemos las imágenes de los edificios destruídos, los y las muertos entre los escombros, la gente huyendo del salvaje escenario, las carreteras llenas de cráteres, el combustible ardiendo y las caras de los niños desfiguradas por efecto de las bombas. Es la diferencia con las imágenes de las otras dos últimas invasiones televisadas: Afganistán e Irak. Los mandos de la US Army aprendieron la lección de Vietnam y no dejarían que los periodistas se entrometieran a filmar en directo las atrocidades de las tropas americanas, sino que eran «embebed», empotrados, es decir, les llevaban con ellos y sacaban lo que ellos querían y la única verdad oficial eran los partes de guerra de las cinco de la tarde transmitidos por el general de turno. A pesar de eso muchos periodistas se jugaron el tipo, pero las informaciones salieron con cuentagotas hasta que saltó Abu Graib y hace poco el asesinato de civiles por parte de un soldado. ¿Todo eso desde marzo del 2003?

Y dos: esta vez nos toca más de cerca. En Afganistán, Iraq o en Gaza es más difícil que maten a un civil europeo e incluso americano porque los hay en menor proporción, (exceptuando a los mercenarios americanos que operan en Iraq y que sí son objeto de ataques de la resistencia), pero en Líbano y más en verano hay cantidad de gente de todos los países europeos que, o bien están, estaban, de vacaciones ó bien trabajan, trabajaban allí. Porque Líbano era un país que vivía en paz. Y lo que aparece en los telediarios y la prensa es la ruptura inesperada de la cotidianidad de la gente, las mesas con sus platos y vasos dentro de un piso sin pared, los colchones deformados por los escombros, los sofás retorcidos entre restos de tabiques, los vehículos atravesados en posiciones absurdas ó convertidos en amasijos. Y además le afecta a españoles, italianos, franceses, alemanes etcétera. A los cinco canadienses masacrados el día 16. Por eso todos, menos los gobiernos al unísono, nos echamos las manos a la cabeza y decimos que es insoportable, que cómo es posible que la «única democracia de la zona» sea capaz de semejante salvajada y nadie le ponga freno ni absolutamente nadie le haga cumplir resolución de la ONU alguna. Acusaban a Siria de tener 30.000 soldados ilegalmente en Líbano, pues bien, se dictó resolución en Las Naciones Unidas y el ejército sirio de retiró. No voy a valorar ahora si Israel estaría haciendo lo que hace si esas tropas continuasen en Líbano, pero las acusaciones de terrorismo que se vierten tan fácilmente sobre países de ejes del mal imaginarios, en bastantes ocasiones, son desmentidas por los hechos. El otro día en la manifestación de apoyo a Israel en Nueva York una señora decía (ella no se encontraba en Haifa) que la solución sería llevar la guerra hasta el final, que Israel continuara con la ofensiva y Hillary Clinton discurseó en un atril apoyando esos argumentos. Claro, en Nueva York el lobby judío tiene mucho poder y su voto es muy importante. No tuvo eco que otro grupo de judíos, en contramanifestación, abogara por una solución dialogada entre Palestina e Israel. Les acusaron de traidores.

Pues bien, a pesar de todas estas demostraciones de fuerza del Sahel el equilibrio es frágil, porque ¿hasta dónde están dispuestos a aguantar acusaciones Siria e Irán? Ahora Israel ya está invadiendo por tierra el sur del Líbano y Gaza hacia el sur, quizás en esa ensoñación bíblica del Gran Israel, que en realidad es un genocidio que todos podemos comprobar nada más encender la televisión, pero ¿es soportable por parte de sirios e iraníes? Hay miles de familias sirio-libanesas en el país de los cedros. ¿Y los demás países árabes? Ya envió Arabia Saudí 50 millones de dólares al gobierno libanés, y Kuwait 25. ¿Tienen miedo a sus poblaciones? Egipto y Jordania ya han advertido a EEUU. y afirman que no están en condiciones de asegurar el control de su propia población. En Jordania casi el 60% de la población es de origen palestino y en Egipto sólo falta una chispa para que los jóvenes y no tan jóvenes se echen en masa hacia la frontera de Gaza a combatir contra los hebreos, «con piedras si hace falta» como decían los afganos. Y lo más peligroso para el orden establecido, que combatan contra sus propios gobiernos.

Israel no ha calculado bien esta «jugada», y si no es ésta, la próxima, que la habrá, porque no hay nada tan narcisistamente destructivo como creerse «el pueblo elegido» y actuar como si lo fuera, y aunque es de extrañar que la cadena de radio COPE frivolice con la convocatoria de manifestación para parar la violencia, rivalizando con el inmoral argumento del «legítimo derecho a defenderse» de Israel, somos pesimistas en cuanto al desarrollo de los acontecimientos.

Es necesario movilizarse y acudir a todas las manifestaciones que se convoquen para parar esta locura de genocidio sistemático y deliberado que está sufriendo el pueblo palestino. Desde el Partido Comunista de León al que represento apoyamos cualquier manifestación en defensa de una paz justa que aplique las resoluciones de la ONU.

 
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