Últimamente, se
habla incesantemente en todos los medios de comunicación
de la Reforma Laboral. Cosa que parece no nos atañe a la
gente de a pie, aunque a la gran mayoría nos atañe y
mucho. ¿Cuál es la razón o razones de esta indiferencia?
Probablemente la desinformación existente.
Actualmente parece que está suficientemente claro que
los culpables de la crisis que sufrimos son, por un lado
los especuladores del mercado inmobiliario y, por otro
los bancos. Estos últimos, con doble agravante. Con las
ayudas que el Estado les ha otorgado, con dinero
público, han generado el 60% del déficit de este país.
Pues si el Estado les presta el dinero al 1% de interés,
en lugar de facilitar el crédito a la ciudadanía y a las
pequeñas y medianas empresas, lo invierten en bonos de
endeudamiento al 3% de interés, para sanear aún más sus
beneficios.
Éstos son los que, junto al gobierno y la gran patronal,
se permiten el lujo de decirnos que la solución a esta
crisis, pasa por los recortes sociales y la reforma
laboral. Esta reforma que proponen es el abaratamiento
del despido, la descentralización de la negociación
colectiva, la flexibilización de los modos de
contratación y la disminución de costes laborales como
los asociados a las cotizaciones sociales.
Afirman que esta reforma laboral es imprescindible
llevarla a cabo para hacer frente a la crisis y para
crear empleo, como ha afirmado también el propio
presidente del gobierno. Pero hasta dirigentes de la
patronal y otros economistas liberales más sinceros y
rigurosos reconocen, por el contrario, que las reformas
de este tipo no lo crean. Lo que ocurre sencillamente es
que las propuestas que se están haciendo de reforma
laboral se basan en una serie de falsedades que de tanto
oír, se dan por buenas y en un abanico de prejuicios
ideológicos que se difunden sin cesar para disimular lo
que de verdad se busca con la reforma laboral.
La primera falsedad, es que la reforma laboral sea
necesaria para hacer frente a la crisis y más
concretamente para acabar con el paro que ésta ha
provocado. Es falso porque el aumento de desempleo que
hoy día se registra, es consecuencia de la crisis
financiera que ha provocado la irresponsable actuación
de la banca y que ha dejado sin financiación a miles de
empresas, esto unido al estallido de la burbuja
inmobiliaria. También, tiene que ver con el modelo
productivo impuesto por las grandes empresas, como
externalizar abusivamente, subcontratación, deterioro
del empleo público, la conversión en autónoma de buena
parte de la población trabajadora asalariada, etcétera .
También es evidente que las condiciones laborales
actuales, no han parado los ajustes de todo tipo y los
despidos sin problema, como tampoco es cierto que los
salarios españoles sean excesivamente altos y limiten
nuestra competitividad.
Por tanto, para hacer frente a la crisis lo necesario no
es la reforma laboral, como se viene diciendo, sino dar
soluciones a estos problemas que la originaron.
Lo que puede ofrecer una reforma como esta, es lo mismo
que produjeron las anteriores en España y en todos los
países en las que se han llevado a cabo: mano de obra
más barata y más dócil, puestos de trabajo más precarios
y mejores facilidades para obtener beneficios, pero
nunca un incremento en el nivel de empleo. Los
empresarios no contratarán si no tienen expectativas de
obtener beneficios y eso dependerá de las ventas, del
mercado y de los costes. También es falso y no cuenta
con evidencia empírica, que pueda justificarlo afirmar
que se va a crear más empleo o de mejor calidad
abaratando el despido o flexibilizando la contratación.
Es justamente lo contrario lo que ha ocurrido después de
las reformas anteriores, (algo que los neoliberales
reconocen pero que justifican diciendo que no fueron tan
lejos como debieran). Lo que ha venido después de todas
ellas ha sido el aumento de la temporalidad y de la
rotación de los contratos, (hasta 13 millones en el
pasado año), y nunca aumentos en la calidad del empleo o
incluso de su volumen con independencia de las
condiciones generales de la economía.
Y tampoco es cierto decir, que el mercado laboral
español es rígido, o más que otros países de la Unión
Europea, cuando hemos podido comprobar que las empresas
han podido realizar ajustes de todo tipo y recurrir a
prácticamente cualquier tipo de contrato en estos años y
a despedir sin problema a la mano de obra que no podían
asumir, cuando la crisis bancaria ha destrozado la
actividad económica.
El problema del empleo en España no está en el mercado
de trabajo, está en el modelo empresarial del ladrillo y
el beneficio astronómico a corto plazo. No invierten en
innovación que permita competir por una vía diferente a
la de abaratar la mano de obra. El problema radica,
sobre todo, en que los grandes capitales obtienen tantos
beneficios en las épocas de crecimiento intensivo, a
base de este modelo, que les compensa soportar las fases
recesivas sin modificarlo, porque no es sobre ellos
sobre quien recaen sus costes e inconvenientes.
En resumen, la reforma laboral que la gran patronal y la
banca están reclamando al gobierno, no responde a las
causas que han provocado la crisis y el desempleo, por
tanto no va a lograr crear más puestos de trabajo. Desde
hace mucho tiempo sabemos, que lo único que busca esa
política no es otra cosa que crear mejores condiciones
para que los poderosos ganen más dinero todavía.
Por eso lo que este país realmente necesita para salir
de la crisis, es empezar por una reforma de la gran
patronal, ya que estos «empresarios» han vivido de la
imposición de unos salarios cada vez más bajos y de la
especulación del ladrillo. Los que generan la riqueza o
plusvalía, no nos engañemos, son los trabajadores y
trabajadoras con la fuerza de su trabajo. Los mismos a
los que esta reforma laboral les va a disminuir el
salario y por tanto se reducirá el consumo, lo cual
generará más desempleo. Eso sí, los de siempre ganarán
más a menor coste.