1.
No es una constitución democrática: Es un
acuerdo entre los gobiernos y son ellos quienes lo
revisarán. Por lo tanto, se ha elaborado sin un previo
proceso democrático constituyente. Lo cual supone que
está basada, no en la soberanía popular, sino en la
negociación intergubernamental de los intereses de los
gobiernos de los estados miembros.
2.
Constitucionaliza el sistema económico
neoliberal: Consagra la aplicación por ley de las
políticas económicas neoliberales: equilibrio
presupuestario y prohibición de déficit público
(“déficit 0”); control monetario; libertad absoluta de
circulación de capital; privatización de los servicios
públicos; renuncia de los estados a gobernar en el
terreno de lo económico de manera expresa. Esto implica
no sólo que “legaliza” el desmantelamiento del Estado de
Bienestar sino que es una “Constitución” a la medida de
las multinacionales, que podrán hacer y deshacer a su
antojo, moviendo sus capitales sin trabas,
deslocalizando empresas, cerrándolas después de haberse
beneficiado de la exención de impuestos y las ayudas
estatales públicas (como ya vienen haciendo en León).
3.
Es regresiva en materia social: Rebaja
muchas de las previsiones establecidas en las
constituciones nacionales de Europa respecto a los
derechos sociales. Estos derechos no son objeto de
protección directa por parte del Tribunal
Constitucional, sin embargo sí que se establecen
sanciones para los Estados o particulares que rompan con
el libre comercio o con la liberalización. No aparece el
derecho al divorcio y consagra que algunos estados
puedan mantener la prohibición del aborto. En nombre de
la “reducción del déficit público” se recortan
prestaciones sociales, pensiones, vivienda protegida,
escuela, sanidad o transporte público, mientras el Banco
Central queda libre de todo control y los Gobiernos
europeos compiten por ver quien rebaja mas los impuestos
a los empresarios con la excusa de atraer” las
inversiones.
4.
Es regresiva en materia laboral: No se
prevé ningún criterio de convergencia en materia de
salarios, nivel de empleo, o respeto por los estándares
ecológicos. El Tratado constitucional impide que se
pueda establecer, por ejemplo, un salario mínimo
europeo, un sistema europeo de pensiones o un sistema de
salud común. Subordina los derechos laborales y el
empleo, a criterios como competitividad, adaptabilidad
al cambio económico, equilibrio financiero, etc, propios
del neoliberalismo más reaccionario. Con sólo dos
artículos se ‘despachan’ los derechos de las personas
trabajadoras, con una redacción confusa y ambigua, sin
mecanismos concretos que permitan ejercitarlos, y con
una homogeneización o “armonización” a la baja (de
acuerdo al nivel de los países donde están más
desprotegidos).
5.
Sustituye
el derecho al trabajo por el derecho a trabajar
(“la
libertad para buscar un empleo y trabajar”),
insistiendo en que lo que se quiere es
una mano de obra profesionalizada y adaptable (es decir,
flexible en un mercado de precariedad). En definitiva,
se regula el trabajo como mercancía y no como derecho. Y
es sorprendente, que no se menciona en el tratado ni una
sola vez el “pleno empleo” (sólo que se buscará un
“nivel elevado de empleo”).
6.
No
reconoce
el derecho de huelga a escala europea.
Aunque los derechos de negociación colectiva y de huelga
se pueden entender recogidos en el ámbito europeo, el
ejercicio de los mismos “se ha de llevar a cabo en el
marco de las leyes y las prácticas nacionales”. Por
ejemplo, si la Confederación Europea de Sindicatos
quisiera convocar una huelga en toda Europa, esto no
sería posible y tendría que convocar huelgas en todos
los países miembros con arreglo a las normativas que en
cada uno de ellos existen. En una huelga contra la
guerra, en Italia no se podría hacer porque están
prohibidas las huelgas de solidaridad, en Inglaterra
tendría que someterse a referéndum previo en los centros
de trabajo. Lo cual hace inviable de hecho el ejercicio
real de este derecho.
7.
Rechaza
la igualdad de derechos de quienes residen en Europa y
no poseen la nacionalidad de un estado miembro.
La ciudadanía no se reconoce a todas las personas que
viven, trabajan y están establecidas en territorio de la
Unión Europea, sino exclusivamente a aquellas personas
que tienen la nacionalidad de un Estado miembro. Esto
excluye de toda una serie de derechos (libre circulación
y trabajo, el derecho a votar y ser elegidas) a unas 30
millones de personas extranjeras que viven, trabajan y
están establecidas con permiso de residencia en la Unión
Europea. Y cada vez hay un mayor endurecimiento de las
leyes de acceso a la nacionalidad. Ni siquiera tendrán
derechos iguales al resto de las personas trabajadoras,
sino “equivalentes”.
8.
Liquida definitivamente el laicismo,
contradiciendo el principio de separación entre
instituciones públicas e instituciones religiosas dado
que vincula a la Unión a un “diálogo regular con las
Iglesias y organizaciones confesionales”, lo cual
legitima un derecho de injerencia de las instituciones
religiosas en el ejercicio de los poderes públicos
europeos. Y además ratifica a perpetuidad los
privilegios adquiridos a nivel nacional de las
instituciones religiosas (Concordatos).
9.
Consagra una europa militarista: Apuesta
por el rearme al sancionar la creación de fuerzas
militares para intervenir en misiones fuera de la UE y
de una agencia europea de armamento, todo ello, con
sumisión a la OTAN (una organización que ni siquiera es
específicamente europea). Las decisiones del Consejo de
ministros en materia de política exterior y seguridad no
están sujetas ni a la votación del parlamento europeo,
ni a la votación de los parlamentos nacionales (por
ejemplo, podrán decidir que el nuevo ejército europeo
efectué una invasión en cualquier estado del mundo, sin
ninguna necesidad de debate, ni aprobación
parlamentaria). Disfrazando de apoyo a la paz y a la
lucha contra el terrorismo, “legaliza” la intervención
militar en terceros países, y no sólo por motivos de
defensa del propio territorio.
10.
Impide la futura reforma del texto, al
exigir la unanimidad para las correcciones del texto, lo
que hace prácticamente imposible que sea modificado.
Así, no sólo las opciones de política económica
escaparán al debate público y a la decisión democrática
sino que todo avance social, especialmente mediante una
mejora de la Carta de Derechos Fundamentales, será una
quimera. Las condiciones que impone para que los
ciudadanos puedan proponer una Iniciativa Legislativa
Popular que pueda modificarlo, la hacen igualmente
imposible en la práctica. El mismo referéndum no deja de
ser un fraude en el que el Gobierno y los partidarios
del SI se han asegurado el monopolio de los medios de
comunicación.
En definitiva, consagra la Europa de los Mercaderes.
Este es, por lo tanto, un Tratado constitucional de la
Europa del Capital y de la Guerra, no de la Europa
social de los pueblos. Por eso pedimos y exigimos una
refundación democrática y social:
1. Un nuevo proceso realmente constituyente y
democrático, basado en un auténtico proceso
democrático en todos los Estados miembros.
2. Una Europa democrática y de los pueblos, que
reconozca el derecho de ciudadanía basado en la
residencia y el derecho de autodeterminación de los
pueblos.
3. Una Europa social, que esté basada en la
homogeneización por arriba de los derechos
fundamentales, en la reducción del tiempo de trabajo, en
la creación de un nuevo pleno empleo y de servicios
públicos de calidad y en el derecho a una renta básica.
4. Una Europa solidaria con los pueblos del Sur y
del Este y alternativa al Imperio estadounidense y a las
nuevas formas de colonialismo, que establezca unas
nuevas relaciones económicas y sociales basadas en la
ruptura con los principios neoliberales, empezando por
la abolición de la deuda externa de los países
empobrecidos e instaurando un impuesto global sobre el
capital especulativo y la eliminación de los paraísos
fiscales.
5. Una Europa de la igualdad en la diversidad,
frente a la Europa de los derechos desiguales y
xenófoba, dispuesta a fomentar el diálogo y el mestizaje
entre las distintas culturas y civilizaciones.
6. Una Europa basada en el acceso a la igualdad plena
de las mujeres y su autonomía, frente a la Europa
discriminatoria y patriarcal, que reconozca la libertad
de opción sexual y el derecho al aborto.
7. Una Europa pacífica y libre de armas de
destrucción masiva, frente a la Europa potencia y
militarizada, que elimine alianzas militares como la
OTAN.
8. Una Europa ecológica, frente a la Europa del
Prestige, del consumismo y del despilfarro, que
cumpla estrictamente con el Protocolo de Kyoto y
establezca un plan basado en el cierre de todas las
centrales nucleares y el fomento de energías renovables.
9. Una Europa laica, frente a la tendencia a
imponer un trato discriminatorio en favor de una Europa
"cristiana".
10. Porque "Otra Europa es posible".