EN España seis de cada diez
trabajadores y trabajadoras asalariadas van y vienen
entre el paro, los contratos eventuales y los contratos
a tiempo parcial. El miedo al paro obliga a los
trabajadores y trabajadoras fijas a aceptar «libremente»
retrocesos continuos. El aguijón de la necesidad obliga
a los y las paradas a entregarse «libremente» a las
condiciones laborales cada vez más injustas.
La precariedad laboral se traduce directamente en una
precariedad mucho más amplia, vital. No sólo se trata de
que el coste de la vida aumente constantemente frente a
los sueldos.
El acuerdo alcanzado entre Gobierno, CEOE, CCOO y UGT
denominado «Acuerdo para la mejora del crecimiento y el
empleo», es decir, la nueva reforma laboral, no va a
reducir las altas tasas de eventualidad y precariedad
del mercado laboral español y supone un nuevo ataque a
las condiciones laborales de trabajadores y
trabajadoras, inyectando una gran cantidad de dinero
público a la patronal que ya viene obteniendo
escandalosos beneficios en sus cuentas de resultados en
contraste con la pérdida de poder adquisitivo de los
salarios..
A lo largo de algo más de un año se han desarrollado las
negociaciones sin que trascendiera información alguna ni
a la opinión pública ni al conjunto de la clase
trabajadora, incluidas las bases de los sindicatos
mayoritarios. Resulta del todo inadmisible que se
negocien y acuerden aspectos que afectarán de lleno a
las futuras condiciones laborales de los trabajadores y
trabajadoras sin asegurar su participación plena en todo
el proceso negociador.
Pero es especialmente rechazable esta reforma laboral
las siguientes razones: 1º. Es rechazable por el
abaratamiento del despido sustituyendo la contratación
indefinida con indemnización de 45 días por año y con 42
meses de máximo, por otra que llaman de fomento de
empleo, cuya indemnización es de 33 días por año de
antigüedad, hasta un máximo de 24 mensualidades.
2º.- Esta nueva reforma laboral es rechazable por
flexibilizar el despido, modificando una vez más el art.
52 del Estatuto de los Trabajadores; suprimiendo las
autorizaciones administrativas en los despidos
colectivos; extendiendo las causas objetivas a los
despidos individuales; eliminando la calificación de
despido nulo para convertido en improcedente y
financiando, con cargo al Fogasa, el 40% de los costes
de despido de las empresas de hasta 50 trabajadores.
3º. Esta nueva reforma laboral es rechazable por
aumentar la financiación a los empresarios, que dejarían
de pagar el 25% al Fogasa, viendo rebajadas las cuotas
empresariales al desempleo (0,5%), al Fogasa (0,2%) y a
las ETT (1%) y recibiendo el doble de bonificación por
los contratos de fomento de empleo y por la conversión
de contratos eventuales en fijos (con despido barato).
Para justificar este enorme trasvase de dinero de las
arcas públicas a los empresarios, introducen en esta
Reforma laboral algunas pequeñas compensaciones para los
trabajadores como aumentar las prestaciones del Fondo de
Garantía Salarial para los casos de insolvencia
empresarial, o mejorar levemente la prestación por
desempleo a algunos colectivos, como los fijos
discontinuos o los parados mayores de 45 años sin cargas
familiares. Además de «prometer» mejorar la Inspección
de Trabajo y los Servicios de Empleo. Por otra parte,
para atajar la temporalidad, dicen que los trabajadores
que estén más de 24 meses, en un período de 30, en el
mismo puesto de trabajo, pasarán a ser indefinidos. Pero
esto ficticio e irreal, porque los empresarios y las
empresarias han demostrado tener múltiples formas de
eludir este tipo de medidas.
4º. Esta nueva reforma laboral es rechazable porque no
va a servir para disminuir las altas tasas de
precariedad laboral. El contrato de fomento con un
despido más barato se puso en marcha con la reforma de
1997, demostrando durante estos años transcurridos su
nulo efecto para reducir la precariedad que, lejos de
disminuir, ha seguido aumentando hasta alcanzar la
escandalosa tasa del 34% en la actualidad. Por otra
parte, el acuerdo no contempla ninguna simplificación,
ni recuperación de la causalidad (que haya una causa
para el despido) en la contratación temporal permitiendo
a las empresas hacer un uso abusivo y fraudulento.
5º. Esta nueva reforma laboral es rechazable por no ser
suficiente el límite temporal al encadenamiento de
contratos. Esta medida no resultará suficiente para
evitar la alta rotación en el empleo ya que establece la
fijeza para aquellos trabajadores que ocupen un mismo
puesto de trabajo durante un plazo superior a 24 meses
(en un periodo de 30 meses), pudiendo el empresario
cambiar de trabajador llegado el plazo y sustituirlo por
otra para el mismo puesto de trabajo. El acuerdo no
establece las medidas necesarias para evitar el uso
abusivo de contratos temporales con distintos
trabajadores para ocupar el mismo puesto de trabajo.
6º.- Esta nueva reforma laboral es rechazable porque
resultan del todo insuficientes las mejoras conseguidas
en el acuerdo para la clase trabajadora si las
comparamos con las conseguidas por la CEOE.
7º. Esta nueva reforma laboral es rechazable por
promocionar más las ETT's y la privatización de los
Servicios Públicos de Empleo.
8º. Esta nueva reforma laboral es rechazable porque,
mientras a los diputados y diputadas sólo se les exigen
ocho años para tener derecho a la pensión máxima,
pretenden que el cálculo de las pensiones se alargue
hasta los 35 años, disminuyendo así su cuantía entre un
10 y un 30%.
9º. Esta nueva reforma laboral es rechazable porque
alargan la jubilación anticipada por encima de los 61
años; aumentan los requisitos para las jubilaciones
parciales; ponen en duda las pensiones de viudedad;
incentivan que la edad de jubilación vaya más allá de
los 65 años y promueven los planes privados de
pensiones.
Resulta absolutamente inaceptable que en un momento de
crecimiento y bonanza económica en nuestro país
gobernado, además, por el Partido Socialista no se
avance en mejorar la calidad ni la estabilidad del
empleo. Las políticas laborales y económicas del PSOE
van en sintonía con la doctrina neoliberal europea
poniendo de manifiesto sus limitaciones en la aplicación
de políticas de progreso.
Las sucesivas reformas laborales, como esta última, nos
han llevado a esto. Los sectores más vulnerables,
jóvenes, mujeres, inmigrantes, sufren esta realidad con
aún mayor dureza. Pero esto no le basta. La doctrina de
la competitividad neoliberal reclama más sacrificios. Es
necesario que la clase trabajadora se movilice contra el
recorte progresivo de derechos conseguidos con tantas
luchas de quienes nos han precedido. Es hora de actuar
ya.