Después de leer el artículo
publicado por el corresponsal en Fabero del Diario de
León, Manuel Enriquez, el viernes 29 de enero de 2010,
quisiera analizarlo como ejemplo significativo de la
línea informativa de este corresponsal, siguiendo los
principios que los académicos y las facultades de
periodismo establecen respecto a lo que debe ser un
periodista: dicen que un periodista debe ser veraz,
riguroso, celoso de la legalidad, sagaz, infatigable a
la par que comedido y por último, lo más objetivo
posible.
El artículo trata sobre el cierre del lavadero de
Fabero, decretado por el Ayuntamiento de Fabero, por
carecer de la licencia ambiental. Su inicio es cuando
menos sorprendente: «El grupo Victorino Alonso estalló
ayer y anunció ajustes laborales ante el bombardeo de
denuncias que sufren tanto sus actividades como sus
proyectos en Fabero por parte de IU».
¿Pero este «estallido» no es por el cierre del Lavadero?
Este cierre patronal de la planta de tratamiento de
carbón de Fabero lo realiza el alcalde de Fabero,
Demetrio Alfonso Canedo, del PSOE. No es la primera vez
que el Ayuntamiento de Fabero precinta y cierra este
lavadero. Ya lo cerró en 1997 por no disponer de
licencia ambiental, pero posteriormente «volvió a
permitir» su actividad sin licencia hasta la actualidad.
Es curioso que el alcalde Demetrio reciba en 1995 un
Proyecto de la empresa, con su correspondiente solicitud
de obra y no lo tramite a la Junta de Castilla y León,
como es su obligación. Tampoco le responde a la empresa,
hasta 1997, dos años después, cuando ésta pide la
licencia de apertura. Es el mismo alcalde que, cuando
Izquierda Unida le pidió en el pleno del 29 de mayo de
2008, que solucionase esta falta de legalidad,
respondió: «se ha requerido a la empresa para que
legalice la actividad, estando pendiente de presentar la
documentación necesaria para tramitar la licencia».
¿Once años esperando la documentación? Por otra parte,
si esta actividad no tiene licencia municipal, no se
paga ni un euro al ayuntamiento, por lo que el pueblo de
Fabero que paga sus impuestos rigurosamente se pregunta
¿quién gana con esto?.
Por eso sorprende que este corresponsal atribuya la
responsabilidad del cierre patronal a las denuncias de
IU. Más sorprende si cabe que la frase que emplea
justifique, al menos en parte, el cierre patronal
utilizando el término «estalló». Alguien estalla cuando
está muy presionado o cuando sufre una situación
injusta. En vez de describir los hechos, los carga de
intencionalidad a favor de Victorino Alonso, situándole
como víctima de denuncias y justificando dicho cierre.
Cuando lo que debería informar objetivamente es que esto
supone un «chantaje» patronal que es una de las
maniobras habituales del grupo Victorino Alonso cuando
no consigue lo que quiere, aunque sea ilegal.
Pareciera, tal como plantea la frase que el grupo
empresarial de Victorino Alonso fuera víctima de un
acoso por parte de IU. Lo que IU exige y exigirá es
que todo el mundo cumpla la legalidad, como es su
obligación, cosa que algunos parece ser que no hacen. Lo
que es más grave aún, es que nuestro alcalde permita
estas ilegalidades a sabiendas y por eso, como es
nuestro deber, se lo trasladamos a la fiscalía, la cual
afirma lo mismo que la agrupación de IU.
El texto «informativo» de este corresponsal no tiene
desperdicio. Continúa diciendo: «La compañía está harta
de las trabas del grupo de concejales de IU al
desarrollo de las labores» sin poner ninguna cita, ni
aludir al menos a supuestas fuentes de la empresa sobre
esta afirmación tan rotunda, ni explicar de dónde saca
tal «hartazgo» por parte de la compañía. Parece más bien
que es él quien está harto y así lo deja traslucir de
una forma muy poco objetiva.
Termina afirmando que «Los ediles de IU han denunciado
al grupo de empresas de Victorino Alonso, casi siempre
en paralelo con el alcalde, el socialista Demetrio
Alfonso Canedo». Por supuesto que la Agrupación local de
Izquierda Unida de Fabero ha denunciado una canalización
ilegal a Confederación hidrográfica (la cual nos ha dado
la razón) y la ejecución de la variante de
circunvalación Fabero-“Lillo, al Seprona, por carecer de
licencias. Es indignante que, tal como se quiere
dejar entrever en esta conclusión, se trate de atribuir
el recurrente chantaje del empresario con el despido de
sus trabajadores a la exigencia de cumplimiento de la
legalidad por parte de ediles de un municipio. Un
corresponsal no puede utilizar el periódico en el que
trabaja para presionar según sus intereses. No puede
pretender quitarle a la Agrupación de IU la decisión de
acudir ó no a los tribunales cuando lo crea preciso,
obviando lo que dice el artículo 14 de la Constitución
Española: «Los españoles son iguales ante la ley, sin
que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de
nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier
otra condición o circunstancia personal o social». Y que
nosotros los ediles de IU, al igual que el resto de
ediles y el propio alcalde, estamos sujetos a lo que
dice la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local,
concretamente el artículo 78.1: «Los miembros de las
Corporaciones locales están sujetos a responsabilidad
civil y penal por los actos y omisiones realizados en el
ejercicio de su cargo». Su puesto de corresponsal
debería servir para resaltar con objetividad que los
ediles de IU cumplen, incluso a riesgo de su propio
prestigio personal y soportando lo que supone el que
Victorino Alonso chantajee con la comida, el pan y el
sueldo de 200 familias de Fabero, lo que dice la Ley de
Enjuiciamiento Criminal, su artículo 262: «Los que por
razón de sus cargos, profesiones u oficios tuvieren
noticia de algún delito público, estarán obligados a
denunciarlo inmediatamente al Ministerio fiscal, al
Tribunal competente, al juez de instrucción y, en su
defecto, al municipal o al funcionario de policía más
próximo al sitio, si se tratare de un delito flagrante.»
Por lo tanto, un corresponsal ante todo tiene que ser un
profesional imparcial o por lo menos intentarlo, aunque
esté afiliado al PSOE, sea un ex concejal de ese partido
en Fabero y además sea el actual secretario de la junta
vecinal que gobierna el mismo partido. Creemos que una
profesión tan importante en la sociedad contemporánea
debe estar representada por profesionales con formación
contrastada y sin vinculaciones políticas tan evidentes,
pues no se puede ser «parte interesada» cuando se
informa y, sobre todo, cuando se vierten juicios de
valor en las opiniones.