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¿Las multinacionales crean empleo?
TRIBUNA
 Enrique
Javier Díez Gutiérrez

AFIRMA Susan George que sería insensato contar con que las
grandes empresas multinacionales proporcionen empleos o
seguridad laboral, tal como nos quieren vender actualmente
los políticos cada vez que nos anuncian que una de éstas
aterriza en León. Aun incluyendo en los cálculos los puestos
de trabajo que crean de forma indirecta, argumenta esta
autora, estas empresas emplean a menos del 1% de la fuerza
laboral disponible en el mundo.
De hecho, revisando los datos
macroeconómicos de la globalización actual, podemos ver cómo
las cien empresas más grandes del mundo tienen unos ingresos
por ventas de más de cuatro billones de dólares y
representan el 15% del producto mundial, pero emplean a
menos de doce millones de personas de todo el mundo
(recordemos que somos 6.000 millones de habitantes en este
planeta). Entre 1993 y 1996 esas empresas incrementaron sus
ventas en un 24% pero consiguieron reducir su plantilla en
un 0,5% durante el mismo período.
Sin embargo, se les pone alfombras rojas
para que desembarquen en nuestra provincia. Se les ofrece
suelo industrial regalado. Se les surte de toda clase de
subvenciones públicas a costa de nuestros impuestos. Se les
rebaja los impuestos fiscales (en Estados Unidos los
impuestos de las grandes corporaciones responden al 10% de
los ingresos, mientras los impuestos sobre la renta de los
salarios es del 47%).
E incluso se predica que crean puestos de
trabajo (aunque advierten, eso sí, que son precarios y
temporales) y que gracias a ellas podemos alcanzar un alto
nivel de desarrollo industrial. Pero la realidad es necia y
persistente en demostrar cómo lo único que conseguimos es
que estas golondrinas se hagan con nuestros impuestos y
emigren a otras zonas donde la explotación de la miseria
humana sea más rentable para sus ejecutivos y accionistas.
Parece que han convertido en filosofía de empresa el título
de aquella película coge la pasta y corre.
Y mientras las pequeñas y medianas
empresas, los negocios familiares y las reducidas industrias
locales se ven abocadas a la supervivencia a duras penas,
teniendo que competir en el libre mercado de la
globalización. Aunque lo de libre mercado reza sólo para
quienes no disfrutan de subvenciones públicas, ni de suelo
industrial dotado de las necesarias infraestructuras a cargo
del erario público, es decir, de todos nosotros y nosotras.
Es más, como vienen denunciando las
pequeñas empresas, son ellas las que acaban financiando a
las grandes superficies y multinacionales. Pues éstas, entre
otras muchas formas de aumentar los márgenes de ganancia,
retrasan hasta seis meses los pagos a sus proveedores y
proveedoras. Por eso muchas pequeñas empresas se ven abocada
a solicitar créditos a los bancos para seguir subsistiendo.
Mientras, las grandes corporaciones especulan con ese dinero
que deberían haber pagado a quienes les surten de los
materiales con los que trabajan o comercian.
Por el contrario es sorprendente
constatar cómo en el año 1980, los principales directores
ejecutivos de las trescientas empresas más grandes del país
tenían ingresos veintinueve veces superiores a los del
trabajador industrial medio. Diez años después, los ingresos
de esos mismos directivos eran noventa y tres veces mayores.
En la actualidad, un director ejecutivo
cobra un sueldo de entre un doscientos y un trescientos por
cien mayor que el del empleado promedio de su empresa.
Parece un anuncio: hágase usted accionista o directivo de
una multinacional. Nunca perderá. Las administraciones
públicas le subvencionarán y le dotarán de infraestructuras
para que sus productos sean competitivos. Las pequeñas y
medianas empresas le financiarán disponiendo de un cómodo
colchón económico en caso de fluctuaciones. Y en caso de
problemas podrá emigrar a otras regiones más fáciles de
explotación y esclavitud de la mano de obra.
Desde que comenzó el proceso
globalizador, a principios de los noventa, sólo en América
Latina hay un 50% más de parados, un 50% más de trabajadores
en la economía informal y el poder adquisitivo de la media
del salario mínimo se ha reducido un 25%. Nueve años después
del nacimiento de la OMC (Organización Mundial del Comercio)
hay cien millones más de pobres en todo el mundo. ¿Es este
el futuro que nos prometen los políticos que hemos elegido
para que defiendan nuestros intereses? ¿Al servicio de quién
están? ¿Es este el desarrollo industrial que queremos para
la provincia de León? |