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Diario de León

OPINIÓN  OPINIÓN   
FechaJueves, 8 de Julio de 2004  
¿Las multinacionales crean empleo?
TRIBUNA
FirmaEnrique Javier Díez Gutiérrez  


AFIRMA Susan George que sería insensato contar con que las grandes empresas multinacionales proporcionen empleos o seguridad laboral, tal como nos quieren vender actualmente los políticos cada vez que nos anuncian que una de éstas aterriza en León. Aun incluyendo en los cálculos los puestos de trabajo que crean de forma indirecta, argumenta esta autora, estas empresas emplean a menos del 1% de la fuerza laboral disponible en el mundo.

De hecho, revisando los datos macroeconómicos de la globalización actual, podemos ver cómo las cien empresas más grandes del mundo tienen unos ingresos por ventas de más de cuatro billones de dólares y representan el 15% del producto mundial, pero emplean a menos de doce millones de personas de todo el mundo (recordemos que somos 6.000 millones de habitantes en este planeta). Entre 1993 y 1996 esas empresas incrementaron sus ventas en un 24% pero consiguieron reducir su plantilla en un 0,5% durante el mismo período.

Sin embargo, se les pone alfombras rojas para que desembarquen en nuestra provincia. Se les ofrece suelo industrial regalado. Se les surte de toda clase de subvenciones públicas a costa de nuestros impuestos. Se les rebaja los impuestos fiscales (en Estados Unidos los impuestos de las grandes corporaciones responden al 10% de los ingresos, mientras los impuestos sobre la renta de los salarios es del 47%).

E incluso se predica que crean puestos de trabajo (aunque advierten, eso sí, que son precarios y temporales) y que gracias a ellas podemos alcanzar un alto nivel de desarrollo industrial. Pero la realidad es necia y persistente en demostrar cómo lo único que conseguimos es que estas golondrinas se hagan con nuestros impuestos y emigren a otras zonas donde la explotación de la miseria humana sea más rentable para sus ejecutivos y accionistas. Parece que han convertido en filosofía de empresa el título de aquella película coge la pasta y corre.

Y mientras las pequeñas y medianas empresas, los negocios familiares y las reducidas industrias locales se ven abocadas a la supervivencia a duras penas, teniendo que competir en el libre mercado de la globalización. Aunque lo de libre mercado reza sólo para quienes no disfrutan de subvenciones públicas, ni de suelo industrial dotado de las necesarias infraestructuras a cargo del erario público, es decir, de todos nosotros y nosotras.

Es más, como vienen denunciando las pequeñas empresas, son ellas las que acaban financiando a las grandes superficies y multinacionales. Pues éstas, entre otras muchas formas de aumentar los márgenes de ganancia, retrasan hasta seis meses los pagos a sus proveedores y proveedoras. Por eso muchas pequeñas empresas se ven abocada a solicitar créditos a los bancos para seguir subsistiendo. Mientras, las grandes corporaciones especulan con ese dinero que deberían haber pagado a quienes les surten de los materiales con los que trabajan o comercian.

Por el contrario es sorprendente constatar cómo en el año 1980, los principales directores ejecutivos de las trescientas empresas más grandes del país tenían ingresos veintinueve veces superiores a los del trabajador industrial medio. Diez años después, los ingresos de esos mismos directivos eran noventa y tres veces mayores.

En la actualidad, un director ejecutivo cobra un sueldo de entre un doscientos y un trescientos por cien mayor que el del empleado promedio de su empresa. Parece un anuncio: hágase usted accionista o directivo de una multinacional. Nunca perderá. Las administraciones públicas le subvencionarán y le dotarán de infraestructuras para que sus productos sean competitivos. Las pequeñas y medianas empresas le financiarán disponiendo de un cómodo colchón económico en caso de fluctuaciones. Y en caso de problemas podrá emigrar a otras regiones más fáciles de explotación y esclavitud de la mano de obra.

Desde que comenzó el proceso globalizador, a principios de los noventa, sólo en América Latina hay un 50% más de parados, un 50% más de trabajadores en la economía informal y el poder adquisitivo de la media del salario mínimo se ha reducido un 25%. Nueve años después del nacimiento de la OMC (Organización Mundial del Comercio) hay cien millones más de pobres en todo el mundo. ¿Es este el futuro que nos prometen los políticos que hemos elegido para que defiendan nuestros intereses? ¿Al servicio de quién están? ¿Es este el desarrollo industrial que queremos para la provincia de León?

 
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