Masacre en Palestina

En León, hoy jueves 8, a las 20 horas, nos concentraremos,
frente a la Subdelegación del Gobierno, para exigir que
Israel cese en su masacre en la Franja de Gaza. Ha
bombardeado el Ministerio de Interior, la Universidad de
Gaza, la sede del Comité Olímpico, escuelas gestionadas por
la ONU, dejando ya más de 500 muertos y 3.000 heridos,
acompañando la invasión por tierra con más de 100 bombas
diarias desde aviones F-16 y helicópteros Apache, quedando
aún decenas de cadáveres entre los escombros de los
edificios bombardeados sin aparecer, sin que la ONU, la
OTAN, la UE ni ninguna otra organización internacional hayan
hecho otra cosa que recompensar a Israel por su política
genocida en Palestina y reforzar sus acuerdos comerciales
preferentes que financian su arsenal militar.
Israel está próximo a las elecciones. Los partidos políticos
israelíes, desde el Partido Laborista a Kadima, buscan
réditos políticos de estas próximas elecciones mostrando a
cuál más mano dura con la población palestina. Poco importan
los cadáveres y el sufrimiento que dejarán, porque son
palestinos, son los otros, el enemigo. Es el mismo esquema
que ya aplicó el fascismo hitleriano con el pueblo judío en
los años 30 y que los gobernantes judíos actuales están
dispuestos a aplicar, manu militari, con la población
palestina.
La situación en Gaza es dramática. La franja de Gaza tiene
una superficie de 150 kilómetros cuadrados. En ella viven
casi un millón y medio habitantes. Más del 75% son
refugiados que tuvieron que abandonar sus casas a raíz de la
guerra de 1948 y de la creación del Estado de Israel. Desde
que los israelíes destruyeron el aeropuerto local, Gaza
tiene una única salida al mundo, que es el cruce de Rafah en
la frontera de Egipto. Pero este cruce lleva cerrado desde
hace meses. Eso significa que no es posible ni entrar ni
salir de Gaza. En el resto de sus fronteras, Gaza está
delimitada por Israel y por el mar Mediterráneo, controlado
también por el ejército israelí. Israel ha convertido Gaza
en un ghetto, una enorme cárcel, donde 1.500.000 personas
viven hacinadas, en condiciones precarias de luz, agua,
combustible, víveres, medicinas..., donde toda entrada está
rigurosa y metódicamente controlada por Israel. Esta escasez
se acompaña de incursiones de observación y de matanzas
diarias, con el objetivo de llevar a la población a la
indefensión. La vida es sencillamente inhumana.
Lo que nunca cuestionan los medios es la idea de una tregua
de Israel. Una vez masacrados por los bombardeos, bajo estas
treguas al estilo israelí, los palestinos tienen derecho
después a mantener silencio mientras Israel los mata de
hambre, los asesina y sigue colonizando violentamente su
país. Israel impuso un embargo colectivo de agua, alimentos,
cortando los suministros de combustibles y electricidad y
dejando toda la Franja de Gaza y sus habitantes a oscuras y
sin ningún tipo de energía. Israel no sólo ha prohibido
alimentos y medicinas para matar los cuerpos, sino también
quiere matar de hambre las mentes: debido al bloqueo, no hay
ni siquiera tinta, papel y adhesivo para imprimir libros de
texto para escolares. El bloqueo que sufre Gaza, donde los
militares israelíes controlan las fronteras, el espacio
aéreo y las costas, no permite el transito de la población y
la salida o ingreso de las mercancías, además de prohibir la
entrada de la ayuda humanitaria de Naciones Unidas. Según
los datos de la ONU el 79% de los palestinos de la Franja de
Gaza vive en la pobreza.
Los horribles ataques de estos días marcan sólo un cambio en
el método reciente israelí de asesinar palestinos. La
ingeniosa “política” israelí de ralentizar la Solución Final
de los nazis, es decir, el lento asesinato de toda una
población, ha sido olvidada ante las próximas elecciones. El
salto cualitativo, no son los bombardeos para asesinar
cientos de palestinos de una sola vez, tampoco las
declaraciones de la comunidad internacional poniendo en el
mismo plano a víctimas y verdugos al manifestar sus deseos
“de que finalice la violencia”, ni siquiera la connivencia
de los gobiernos de los países árabes colindantes; lo que
supone un camino sin retorno es la justificación sistemática
del asesinato y su utilización como moneda de cambio en el
sistema político. Los hasta ahora eficaces crímenes del
terrorismo de Estado, denominados eufemísticamente
“asesinatos selectivos”, el boicot, el bloqueo, la
demolición de viviendas, la expulsión de tierras
cultivables, el arrancar los olivares y sus fuentes de
sustento, el control del agua, el impedir acudir a los
hospitales, ha dejado paso a la masacre y el genocidio
directo como muestra de la mano dura y el timón firme que
pretenden presentar los partidos ante las elecciones.
La pasividad de la comunidad internacional y el silencio
frente a las permanentes atrocidades de este terrorismo del
estado israelí, estimulan a Israel para continuar con su
política de agresión basada en la superioridad militar. Los
gobiernos occidentales avalan su actuación recalcando las
consignas de “cese de la violencia” y creando la falsa
imagen de dos estados en guerra. Los medios de comunicación
reproducen el discurso israelí y tienen su propio papel en
la masacre: convierten los cuarteles de la policía palestina
en Gaza en “instalaciones de Hamás”, palabra ya maldita
convertida en adjetivo que permite justificar la destrucción
de las vidas de los palestinos. Las agencias de noticias
difunden que Israel bombardea el sur de Gaza para destruir
los túneles con Egipto, pero no habla de que esos túneles
son las únicas vías de acceso para aliviar el asedio y el
hambre de los habitantes de Gaza. Los asesinatos se
convierten en “Segunda jornada de ofensiva israelí en la
franja”. A los medios sólo les interesa, lo mismo que a la
comunidad internacional, las declaraciones de los atacantes.
La prensa afirma “una mezquita ha sido bombardeada en las
últimas horas por acoger "actividades terroristas", ha dicho
un portavoz militar israelí”. Pero los medios no dan voz a
los familiares de los palestinos asesinados en la mezquita
sino al ejército israelí, que justifica los ataques.
Confiar en la ONU, pedir a Israel que detenga los ataques…
es proteger al agresor, es inhibirse ante su acción, es
mirar para otro lado. Si Irán estuviera bombardeando Israel,
como éste hace con Gaza, ya se estaríamos movilizando desde
Europa y Estados Unidos ejércitos enteros contra Irán. Pero
Naciones Unidas no intervendrá en Gaza, como hace en África.
La cantidad de muertos allí, en Palestina, no deja
estupefacto, como en lo que se refiere a otras calamidades y
no es una historia nueva, es peligrosamente vieja e
inquietante.
La Historia olvida mal. Habrá museos del Holocausto
palestino para recordar a las víctimas de esta masacre. Pero
lo que realmente es escandaloso, lo que produce una
vergüenza infinita, es la respuesta de la comunidad
internacional (Obama sigue jugando al golf). Los Estados
europeos deberían inmediatamente romper relaciones con
Israel, llamar a consultas a los embajadores, imponer
sanciones económicas –por muchísimo menos se las impusieron
a Hamás–. Aunque todavía quedan gestos de decencia como la
que ha demostrado el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
expulsando al embajador de Israel de territorio Venezolano.
Una lección para el mundo.
Sigue sin haber otra manera de detener a Israel que el
boicot, la desinversión y las sanciones. El cese de los
acuerdos comerciales preferentes de Europa y España con
Israel. No podemos quedarnos callados. En todas partes se
está alzando el clamor: hay concentraciones y encierros,
como muestra de repulsa, indignación y rabia, en Madrid, en
Barcelona, en Sevilla, en Málaga, en Valladolid, en
Salamanca, en Valencia, en Asturias... En León se ha
organizado una concentración, frente a la Subdelegación del
Gobierno (en la plaza de la Inmaculada), para hoy jueves 8
de enero a las 20 horas, convocada por Izquierda Unida,
Comisiones Obreras, UGT, STELE, Partido Comunista,
Juventudes Comunistas, AISPAZ, Asociación Feminista Flora
Tristán, Asociación Simone de Beauvoir, y otras
organizaciones, exigiendo que el Gobierno español condene
públicamente el terrorismo de estado del gobierno israelí,
pida la inmediata paralización del ataque israelí, llame a
consultas al embajador Español en Israel, exija el
cumplimiento de las resoluciones de la Asamblea General y
del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el fin de
la ocupación, la vuelta a las fronteras de antes de 1967 y
el retorno de los refugiados palestinos, así como la ruptura
de relaciones y el boicot a Israel como el inicio del camino
hacia una paz justa. ¡Alcemos nuestras voces juntos por
todas aquellas que en Gaza no pueden hacerlo!
* Profesor de la Universidad de León. |