2009

El 2009 se presenta teñido de continuidad. La denominada
“crisis financiera” ahonda la brecha de separación entre dos
mundos radicalmente divididos: el mundo de los ricos y el
mundo de los pobres, separados pero unidos para que el mundo
de los pobres continúe financiando el mundo de los ricos. Es
curioso que ahora se hable de crisis cuando ésta ha
alcanzado al centro del sistema capitalista. Hace treinta
años que los países empobrecidos han sido sometidos a una
larga y sostenida crisis financiera, solicitando, en vano,
para poder resolverla, medidas que ahora son generosamente
adoptadas en los Estados Unidos y la Unión Europea. Pero los
700 billones de dólares, de los impuestos que pagamos los
ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo, que están siendo
entregados generosamente a los bancos y las grandes firmas
comerciales sin ninguna restricción, no llegan a las
familias que no pueden pagar la hipoteca de la casa o la
tarjeta de crédito, que pierden el empleo y están teniendo
que formar largas colas para que les den la "sopa de los
pobres". En el país más rico del mundo, uno de los grandes
bancos rescatados, el Goldman Sachs, ha declarado en su
informe que en este año fiscal pagó apenas el 1% de
impuestos. Mientras tanto, se le ha respaldado con dinero de
la ciudadanía que paga entre el 22% y el 40% de impuestos.
Nos hablan de la crisis económica como si sólo hubiese
fallado una parte del sistema económico, de que los
responsables sólo unos desaprensivos y avariciosos que han
actuado por la falta de control financiero. Para ellos, que
haya 900 millones de hambrientos no tiene nada que ver con
el sistema económico global que lo controlan unas cientos de
multinacionales, o que el origen de las guerras sea el
saqueo de las riquezas de los pueblos. Se da la
circunstancia de que salvar la crisis de los bancos ha
costado 10 veces más que lo necesario para cumplir los
Objetivos del Milenio. En España, el paro amenaza y golpea a
millones de personas, y miles de familias están siendo
desahuciadas por unos bancos que han recibido ya más de
100.000 millones de euros de fondos públicos. Parece pues
que la crisis financiera que han provocado los ricos, con su
especulación sin límites, la vamos a pagar los pobres
durante el 2009 y más allá. En Europa, los jóvenes griegos
han sido los primeros que se han dado cuenta.
Más allá de la protesta contra la represión impune, los
estudiantes universitarios griegos han ocupado las
universidades como continuación de la larga lucha iniciada
en 2006, cuando durante un año se movilizaron, consiguiendo
que no se modificase la Constitución para permitir la
creación de universidades privadas en Grecia. Pero,
posteriormente, la Corte Europea obligó al Estado a
reconocer los diplomas otorgados por universidades privadas
extranjeras con sucursales en Grecia. Por eso, esta vez los
estudiantes se están coordinando para frenar el proceso de
Bolonia y el proceso de privatización de la educación
pública. Pero el impulso que nutre estas protestas en Grecia
va mucho más allá y nos recuerda las situaciones similares
que están pasando en España y en toda Europa: la crisis
económica que sufren las clases trabajadoras y que tienen
que pagar los de siempre; la escandalosa cesión de valiosas
extensiones de tierra a la Iglesia, que luego han sido
vendidas para aumentar su ya enorme fortuna; el botín que se
ha hecho con los fondos de la Seguridad Social, justo cuando
trataban de convencer a la población de la inviabilidad del
sistema actual y de la necesidad de reformarlo. El Gobierno
de derecha ha tocado los límites de la tolerancia eliminando
aún más los derechos laborales, el derecho a la salud, a la
educación, a la vivienda y reprimiendo a los que gritan con
toda su fuerza que no debe ser así.
Estamos en una decisiva encrucijada histórica. No podemos
quedarnos cruzados de brazos a esperar que el cambio tenga
lugar de la mano de las circunstancias históricas o de las
luchas de otros y otras. Para conseguir un cambio real es
preciso que nos movilicemos y nos organicemos. Tenemos que
participar en las luchas concretas de nuestros barrios, de
nuestros pueblos y ciudades. Y en León ya se están
movilizando por luchas concretas. La última movilización que
se está llevando a cabo ha sido contra la privatización del
agua que va a realizar el Ayuntamiento de León, dirigido por
el PSOE y la UPL, en contra del programa electoral con el
que ganaron las elecciones municipales estos dos partidos.
Esta privatización supone, no sólo el incremento de los
precios, sino que los beneficios económicos que daba este
servicio no se reinviertan en una mejora de la calidad del
servicio o a cualquier otro fin de interés social, sino que
se los quede la empresa concesionaria. Ciudadanas y
ciudadanos a nivel particular, así como numerosas
organizaciones y asociaciones se han unido a esta lucha.
Todas y cada una de las luchas por mejorar nuestra sociedad
nos afectan: la directiva europea de las 65 horas, en virtud
de la cual empresario y trabajador pueden acordar el aumento
de la jornada laboral hasta 60 horas, 65 para los servicios
de emergencia o 78 por convenio colectivo (frente a las 35
horas que reivindican los sindicatos); el escándalo de la
directiva europea de la vergüenza en función de la cual
nuestros vecinos y vecinas inmigrantes, que están o se han
quedado en situación irregular porque ya no tienen trabajo y
se quedan “sin papeles”, son encerrados en los así
denominados “guantanamitos” por Amnistía Internacional,
durante 18 meses hasta su expulsión; el asesinato continuo y
sangrante de mujeres por violencia machista, contra el que
se manifiestan numerosos colectivos y personas los lunes sin
sol en la plaza de Botines; la crisis ecológica, la
precarización laboral, las injustas relaciones
internacionales y la deuda externa; las guerras de invasión
y el comercio de armas; etc., etc.
Hemos de entender cómo estos sucesos nos están afectando a
nuestras prácticas cotidianas en nuestro entorno y
convencernos de que somos ciudadanos y ciudadanas
responsables en construir una sociedad más justa y mejor. No
se trata sólo de hacer buenos propósitos para 2009, sino de
llevarlos a la práctica y para eso debemos comprometernos en
la construcción cotidiana de esa sociedad más justa para
toda la ciudadanía.
* Profesor de la Universidad de León. |