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FechaDomingo, 4 de Enero de 2009  

2009


El 2009 se presenta teñido de continuidad. La denominada “crisis financiera” ahonda la brecha de separación entre dos mundos radicalmente divididos: el mundo de los ricos y el mundo de los pobres, separados pero unidos para que el mundo de los pobres continúe financiando el mundo de los ricos. Es curioso que ahora se hable de crisis cuando ésta ha alcanzado al centro del sistema capitalista. Hace treinta años que los países empobrecidos han sido sometidos a una larga y sostenida crisis financiera, solicitando, en vano, para poder resolverla, medidas que ahora son generosamente adoptadas en los Estados Unidos y la Unión Europea. Pero los 700 billones de dólares, de los impuestos que pagamos los ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo, que están siendo entregados generosamente a los bancos y las grandes firmas comerciales sin ninguna restricción, no llegan a las familias que no pueden pagar la hipoteca de la casa o la tarjeta de crédito, que pierden el empleo y están teniendo que formar largas colas para que les den la "sopa de los pobres". En el país más rico del mundo, uno de los grandes bancos rescatados, el Goldman Sachs, ha declarado en su informe que en este año fiscal pagó apenas el 1% de impuestos. Mientras tanto, se le ha respaldado con dinero de la ciudadanía que paga entre el 22% y el 40% de impuestos.
Nos hablan de la crisis económica como si sólo hubiese fallado una parte del sistema económico, de que los responsables sólo unos desaprensivos y avariciosos que han actuado por la falta de control financiero. Para ellos, que haya 900 millones de hambrientos no tiene nada que ver con el sistema económico global que lo controlan unas cientos de multinacionales, o que el origen de las guerras sea el saqueo de las riquezas de los pueblos. Se da la circunstancia de que salvar la crisis de los bancos ha costado 10 veces más que lo necesario para cumplir los Objetivos del Milenio. En España, el paro amenaza y golpea a millones de personas, y miles de familias están siendo desahuciadas por unos bancos que han recibido ya más de 100.000 millones de euros de fondos públicos. Parece pues que la crisis financiera que han provocado los ricos, con su especulación sin límites, la vamos a pagar los pobres durante el 2009 y más allá. En Europa, los jóvenes griegos han sido los primeros que se han dado cuenta.
Más allá de la protesta contra la represión impune, los estudiantes universitarios griegos han ocupado las universidades como continuación de la larga lucha iniciada en 2006, cuando durante un año se movilizaron, consiguiendo que no se modificase la Constitución para permitir la creación de universidades privadas en Grecia. Pero, posteriormente, la Corte Europea obligó al Estado a reconocer los diplomas otorgados por universidades privadas extranjeras con sucursales en Grecia. Por eso, esta vez los estudiantes se están coordinando para frenar el proceso de Bolonia y el proceso de privatización de la educación pública. Pero el impulso que nutre estas protestas en Grecia va mucho más allá y nos recuerda las situaciones similares que están pasando en España y en toda Europa: la crisis económica que sufren las clases trabajadoras y que tienen que pagar los de siempre; la escandalosa cesión de valiosas extensiones de tierra a la Iglesia, que luego han sido vendidas para aumentar su ya enorme fortuna; el botín que se ha hecho con los fondos de la Seguridad Social, justo cuando trataban de convencer a la población de la inviabilidad del sistema actual y de la necesidad de reformarlo. El Gobierno de derecha ha tocado los límites de la tolerancia eliminando aún más los derechos laborales, el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda y reprimiendo a los que gritan con toda su fuerza que no debe ser así.
Estamos en una decisiva encrucijada histórica. No podemos quedarnos cruzados de brazos a esperar que el cambio tenga lugar de la mano de las circunstancias históricas o de las luchas de otros y otras. Para conseguir un cambio real es preciso que nos movilicemos y nos organicemos. Tenemos que participar en las luchas concretas de nuestros barrios, de nuestros pueblos y ciudades. Y en León ya se están movilizando por luchas concretas. La última movilización que se está llevando a cabo ha sido contra la privatización del agua que va a realizar el Ayuntamiento de León, dirigido por el PSOE y la UPL, en contra del programa electoral con el que ganaron las elecciones municipales estos dos partidos. Esta privatización supone, no sólo el incremento de los precios, sino que los beneficios económicos que daba este servicio no se reinviertan en una mejora de la calidad del servicio o a cualquier otro fin de interés social, sino que se los quede la empresa concesionaria. Ciudadanas y ciudadanos a nivel particular, así como numerosas organizaciones y asociaciones se han unido a esta lucha.
Todas y cada una de las luchas por mejorar nuestra sociedad nos afectan: la directiva europea de las 65 horas, en virtud de la cual empresario y trabajador pueden acordar el aumento de la jornada laboral hasta 60 horas, 65 para los servicios de emergencia o 78 por convenio colectivo (frente a las 35 horas que reivindican los sindicatos); el escándalo de la directiva europea de la vergüenza en función de la cual nuestros vecinos y vecinas inmigrantes, que están o se han quedado en situación irregular porque ya no tienen trabajo y se quedan “sin papeles”, son encerrados en los así denominados “guantanamitos” por Amnistía Internacional, durante 18 meses hasta su expulsión; el asesinato continuo y sangrante de mujeres por violencia machista, contra el que se manifiestan numerosos colectivos y personas los lunes sin sol en la plaza de Botines; la crisis ecológica, la precarización laboral, las injustas relaciones internacionales y la deuda externa; las guerras de invasión y el comercio de armas; etc., etc.
Hemos de entender cómo estos sucesos nos están afectando a nuestras prácticas cotidianas en nuestro entorno y convencernos de que somos ciudadanos y ciudadanas responsables en construir una sociedad más justa y mejor. No se trata sólo de hacer buenos propósitos para 2009, sino de llevarlos a la práctica y para eso debemos comprometernos en la construcción cotidiana de esa sociedad más justa para toda la ciudadanía.
 

* Profesor de la Universidad de León.

 

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