LLEGAN EXHAUSTOS, deshidratados,
respiran con dificultad y precisan de ayuda para
caminar. Les vemos siempre a través de las imágenes del
telediario. Nosotros comemos con ellos pero ellos no
comen con nosotros. Después de mirarles paupérrimos,
agotados, asistimos a la polémica por su rechazo: en
esta comunidad no los queremos y en esta tampoco, que es
el mensaje que subyace a la palabrería enredadora
cargada de menosprecio.
Además de ponernos en su lugar, imaginando que somos
nosotros quienes navegamos en esas barcas y el frío y el
sol y el hambre y la tristeza que pasamos, deberíamos
preguntarnos quiénes son, de dónde vienen, y por qué, en
el preliminar de una búsqueda seria de soluciones
alejada de la demagogia y el cainismo que tanto hartazgo
causa en los ciudadanos/as.
Quiénes son. Eso lo vemos: son personas, seres humanos,
unos más altos, otros más bajos, con la piel más oscura
que la del europeo medio y con ganas, por lo que se
atisba, de acceder a una vida mejor, con derechos y
deberes, pero mejor de la que tenían.
De dónde vienen y por quéazón: Mali,Senegal, Mauritania,
Níger, etcétera y todos con algo en común: la pobreza,
la violencia, la desesperanza.
Níger es el país con la población más empobrecida del
mundo, ocupa el lugar 177 en al lista del PNUD (Programa
de la ONU para el desarrollo) contando a su vez con
grandes reservas de uranio así como petróleo en el
norte, cultivos de mijo y sorgo, que es de lo que se
sobrevive allí, y cacahuete que se dedica íntegro a la
exportación. Pero del beneficio de sus recursos no son
partícipes sus habitantes. El FMI (dirigido por un
español) le impone rígidos programas de ajuste
estructural, es decir privatizaciones de toda su
industria y servicios, que son escasos; apenas hay
electricidad, ir al médico cuesta 75 céntimos, por un
parto hay que pagar 10 euros, y tienen en proyecto que
los padres paguen a los maestros para que sus hijos
acudan a la escuela y la privatización del riego de los
campos. Esto después de la sequía que en 2005 asoló el
país y el remate que fue la plaga de langosta que se
comió toda la vegetación del reducido campo nigerino(15%
de superficie cultivable). Níger es socio comercial de
la UE, pero ésta fue indiferente a los llamados de las
oenegés para combatir la plaga de langosta que se
propagó por toda África occidental. Murieron de hambre
miles de personas pero sus gobiernos continuaron pagando
la deuda externa que les asfixia y que ha sido
satisfecha con creces.
De Mali se puede decir casi lo mismo. Varía en sus
recursos, que cuenta con algodón y oro. Pero no con las
mismas condiciones de comercialización. En la fase final
de negociaciones del mes de junio entre la UE y los
países de la ACP (77 países de África, Caribe y
Pacífico) para los acuerdos de asociación económica(AAE)
a estos países se les presiona para que eliminen los
aranceles a la importación, lo que supondría la
inundación de productos de fuera, con los que ellos no
pueden competir, siendo que sus cultivos como el algodón
son destinados a la exportación pero pagados en Mali a
34 centavos el kilo, en Benin, Chad, Costa de Marfil y
Burkina Faso a 33 centavos, y, claro, sin estar
subvencionado como en EEUU, que aunque sea ilegal según
la OMC y el desarrollo del libre mercado que propugna
(cosa ya de por sí injusta e insolidaria) sí les deja en
inferiores condiciones, puesto que mientras los
productores algodoneros estadounidenses recibieron 1.000
millones de dólares en 2004 y 2005 los de África
subsahariana perdieron 450 millones. El cambio a otro
cultivo les sale más oneroso aún, lo intentaron en
Burkina Faso con cereales y cayó el precio de los
cereales con lo cual hubieron de abandonar igualmente.
En Senegal, más de lo mismo, desde que a comienzos de
los 80 bajo la presión de Estados Unidos, Francia, el
Banco Mundial y el FMI, el Gobierno aplicó los programas
de ajuste estructural que conllevaron a la eliminación
de los subsidios agrícolas provocando el aumento de los
costos de producción y los precios al consumo, la
pobreza se instaló definitivamente en este país, antiguo
proveedor de esclavos, que ya en las décadas anteriores
a los 80 y durante los veinte años de mandato de Senghor,
a pesar del socialismo africano que promovió, la
industria estaba en manos de Francia en un 82%.
Podemos seguir con Mauritania y los demás, pero la
descripción es similar y lo que desgrana no es la
culpabilidad de ellos por arriesgar su vida y venir en
barcas sino de los gobiernos occidentales que en eso,
sean del color que sean, se ponen de acuerdo o se callan
y otorgan para seguir desangrando a África, su petróleo,
su gas, su algodón, sus diamantes, su maní, su oro, su
cacao, su hierro, su bauxita, sus habitantes en pequeñas
dosis para que cultiven hortalizas en España bajo el
plástico a temperaturas insufribles para que tengamos
dieta mediterránea saludable como ellos deberían tener
en sus países de origen.
Soluciones: un gran acuerdo para sacar las manos de
África sin desestabilizar más aún su endeble equilibrio,
para dejar de robarles, de saquear su riqueza y su
dignidad, condonación completa de la deuda externa,
reconocimiento verdadero de su independencia, de su
soberanía, no venderles más armamento, no obligarles a
comprar armas y caros productos innecesarios a cambio de
una rebaja en tal o cual crédito.
Cuando desde el Partido Comunista decimos que estamos
contra la explotación del hombre por el hombre nos
referimos a eso, cuando hablamos de solidaridad entre
pueblos y entre países hablamos de eso, cuando
analizamos la injusticia social y el sufrimiento que
provoca el capitalismo y el imperialismo lo concretamos
en todo eso. Los subsaharianos que vienen en cayucos son
sólo una parte, otros aterrizan en aeropuertos y otros
entran en coches o autobuses, pero tarde o temprano
tenía que suceder y el futuro no es halagüeño para
nadie: vendrán muchos más de una u otra forma, las
personas no aguantamos eternamente la sinrazón del
beneficio económico de unos a costa de la vida de otros.