LOS CAMPOS DEL SILENCIO
EL CAMPO DE TRABAJO FORZADO EN FABERO DEL BIERZO
BIBLIOTECA
MUNICIPAL DE ASTORGA (LEÓN)
MIÉRCOLES 5 DE SEPTIEMBRE. 19 HORAS
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50 min. 2007. DVC-Pro / dvd.
Rodado en León, Asturias, Galicia, Madrid y Buenos Aires.
Dirección: Eloína Terrón. Realización: Chus Domínguez.
Sonido directo y ayudante de montaje: Tomás Álvarez.
Asesoramiento: Enrique Javier Díez.
Financiado por
la
Fundación Domingo Malagón.
Subvencionado por
el
Ministerio de la Presidencia.
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La
construcción social de la inconsciencia colectiva
Documental sobre los trabajos forzados de los presos
republicanos
entre 1939 y 1947 y su incidencia en el imaginario popular
Durante
la Guerra Civil española, el Decreto 281, de 28 de mayo de 1937,
dictado en Salamanca, establece el trabajo de los presos de
guerra, aunque específicamente se refiere a los “presos rojos”.
“El victorioso y continuo avance de las fuerzas nacionales en la
reconquista del territorio patrio —proclama el decreto— ha
producido tal aumento en el número de prisioneros y condenados,
que la regulación de su destino y tratamiento se constituye en
apremiante conveniencia”.
El 7 de octubre de 1938, una orden dictada en Vitoria, inspirada
en las teorías del jesuita Pérez del Pulgar, crea el Patronato
para la Redención de Penas por el Trabajo que se convierte desde
ese momento en el gran organismo gestor de los rendimientos de
los trabajos forzados de los presos. Esta norma es la que
introduce por primera vez el concepto de redención, que se
refiere en este caso a la posibilidad de que los presos reduzcan
una parte de su condena mediante la realización de determinados
trabajos. Se conocía como “la redención por el trabajo”.
Este fue el caso de Fabero del Bierzo donde, a partir de 1939 y
hasta 1947, se instaló un batallón de unos 250 para trabajar en
la extracción de carbón en las minas. Múltiples circunstancias
confluyen para que las cuencas mineras se conviertan en uno de
los principales centros de explotación de presos en el primer
lustro de la posguerra. En primer lugar, se da una proporción
ideal entre la oferta y la demanda: las minas se habían quedado
vacías, las cárceles estaban llenas de mineros. Son éstos
profesionales muy cualificados que trabajan a pleno rendimiento
desde el primer día, sin necesitar periodo alguno de
aprendizaje. Además, se trata de una industria de valor
estratégico incalculable: la materia prima que proporciona es
vital para mantener la industria interna y para favorecer la
única exportación que el régimen franquista podía permitirse. Y
por último, la rentabilidad que el Estado obtiene del trabajo de
sus presos en las minas, públicas o privadas, es muy superior a
la lograda en otro tipo de industrias y obras.
En
Fabero trabajan con presos las Minas de Antracita de Moro S.A. y
las Minas del Bierzo. Sin embargo, la imagen que parece quedar
de esa explotación de presos en las minas es la de una “leyenda
negra”. Las empresas mineras les empleaban para trabajar
pagándoles a aquellos que optaban por acogerse al sistema de
“redención de penas por el trabajo”. Todo planteado como una
impecable relación laboral en la que los presos tuvieron el
"privilegio" de poder redimir su pena. Ningún matiz que explique
que aquellos presos lo eran por haber defendido la legalidad
democrática vigente en la República. Ningún matiz que explique
que tres de cada cuatro pesetas que las empresas, en teoría,
pagaban, se perdía por el camino y no llegaron nunca a manos de
los presos ni de sus familias.
Los Campos del Silencio trata de recuperar la memoria sobre
estos sucesos, sobre el sufrimiento a que se vieron forzados
esos hombres y sus familias, e indaga en los mecanismos de
construcción social de la inconsciencia colectiva, o lo que es
lo mismo, en el silencio, silencio que se puede sentir
especialmente en la población de Fabero, donde ocurrieron los
hechos y donde viven los descendientes de muchos de aquellos
presos.