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El gran conflicto norteamericano
es entre el imperio y la república José Alejandro
Rodríguez (El economista/Globalización)
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James Petras |
James Petras, uno de los emblemas
del pensamiento alternativo y a contracorriente del sueño
americano, asiste al VIII Encuentro sobre Globalización y
Problemas del Desarrollo, que se efectúa en La Habana con
destacados economistas de 37 países. Inevitable noticia es
James Petras. Él realza cualquier cita o evento, aunque se
escude en un sosegado talante, que en nada se emparenta con
su rebeldía intelectual.
Recién llegado,
señala que de este Encuentro le interesa sobremanera el
debate sobre globalización e imperialismo. “Pero en
particular, asegura, me interesa el análisis sobre las
inversiones extranjeras, porque incluso en países muy
progresistas hay argumentos a favor de que los capitales
extranjeros pueden jugar un papel progresista. Yo estoy más
en la onda de Fidel en Noviembre pasado, cuando habló de los
“nuevos ricos”, de la necesidad de renovar la Revolución
dentro de la Revolución, y cuestionar algunos
acontecimientos de la corrupción. Y estoy con el Chávez que
pone énfasis en la empresa pública. Creo que no soy
extremista, ultraizquierdista, estoy en la onda que están
articulando los maestros de la revolución”, me confiesa sin
ínfulas de conceptualización, como un buen samaritano más.
Pero
inevitablemente afloran la terca realidad de este mundo, y
la gravitación en ella de la política oficial de su país,
manipulaciones mediante: “Todo es muy complicado. En Estados
Unidos el pueblo apoya siempre que una guerra sea rápida y
exitosa; pero si es prolongada y costosa, no hay capacidad
de sostenerla. Es lo que sucedió cuando Vietnam, lo que está
pasando ahora con Iraq. La mayoría de la gente está por la
retirada. Entonces hay que preguntarse: si los medios de
comunicación son tan poderosos, por qué hay una opinión
desfavorable”.
Petras no se
llama a engaño cuando reconoce que aún es una oposición
pasiva, sin instrumento político. Para él, tanto el Congreso
como el Partido Demócrata son cómplices de Bush, ni
articulan sentirse populares ni los representan.
“El gran
problema es que los norteamericanos no tenemos una
representación democrática, en un país que habla tanto de
democracia. Hay una brecha entre la opinión pública y las
instituciones políticas. Hay sueltos por aquí y por allá.
Voces, pero hasta ahí” Sin embargo, destaca la actividad
opositora a nivel local, al punto de que en 150 ciudades los
concejales han votado por la retirada. Pero es un movimiento
local, pasivo, “organizaciones sin capacidad de sostener una
lucha prolongada, y que se enfrentan a un ejecutivo fuerte,
decisivo, con un Congreso sometido y pasivo”.
Del
aferramiento en Iraq y sus impredecibles consecuencias,
considera que está desgastando al Gobierno estadounidense.
“Es casi tabú discutir la influencia sionista dentro de
Estados Unidos. Controlan congresistas, hay internamente una
línea sionista”. Y recalca una escisión interesante de
nacionalistas dentro del Ejército norteamericano y la CIA,
contra la influencia sionista: argumentan que está
perjudicando los intereses de Estados Unidos en el mundo.
Reconoce que el
imperio norteamericano sigue creciendo y sus capitales
siguen fluyendo con fuerza por el mundo; pero esa aparente
fuerza esconde una gran contradicción: “¿Cómo están
manteniendo el imperio? A partir de la explotación interna.
Ahora traen los ingresos y las ganancias de afuera, y el
ciudadano paga más impuestos para sostener las bases
militares y las guerras. En mi opinión, el gran conflicto
está entre el imperio y la república que somos. Mientras más
crece el imperio, más se deteriora la república. ¿Hasta qué
punto puede sostenerse ese imperio con una república en
decadencia?” El asunto es hasta qué nivel podrá sacrificarse
hacia adentro para sostener una conquista. Y ya el imperio,
según Petras, no genera en lo interno una aristocracia
laboral, pues está exportando los mejores trabajos. Los
obreros mejor pagados ganan la mitad de lo que percibían
antes. General Electric, General Motors, Ford , Westinghouse,
Kraft, están casi en bancarrota, recortando empleos, y
reubicándose afuera.
Ante estas
realidades, el pensador y teórico, que nunca se ha apartado
de las luchas civiles, considera que no debe haber cabida
para el pesimismo, pero sí enfatiza en que ese movimiento de
oposición interno debe organizarse en estructuras políticas
orgánicas, que desde la izquierda articulen el
internacionalismo y el socialismo con el nacionalismo, con
el apoyo a los trabajadores norteamericanos, que son los
grandes perdedores de las aventuras imperiales.
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