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Represaliados después del 39
Cientos de miles de republicanos sufrieron la represión
franquista tras la contienda. Algunos viven para contarlo
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CARLOS
E. CUÉ - Madrid |
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Domingo,
23 de Julio de 2006 |
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Para muchos españoles, el parte más importante de
la Guerra Civil reza: "Cautivo y desarmado el ejército rojo...". Pero es
otro el que recuerdan, con los ojos enrojecidos, numerosos represaliados
del franquismo, sus hijos y sus nietos. Decía así: "Nada tiene que temer
de la justicia aquel que no tenga las manos manchadas de sangre". Era
falso.
Tres larguísimos años de guerra habían
traído un deseo enorme de paz. Y ganas de creer en el espejismo. Muchos miles de
republicanos y sus hijos, los que no se exiliaron, confiaron en esas palabras
del dictador. Se entregaron, y fue el principio de su calvario. "Cuando
escuchamos eso gritamos: '¡Viva Franco!'. Pero al día siguiente ya bajaban sus
tropas quitándonoslo todo, abusando de las chicas. Tenía 15 años. Pensé: la
guerra no ha terminado, la guerra empieza ahora, la más larga, la de verdad. La
del hambre, la miseria, la esclavitud, el terror, el fusilamiento, la
injusticia", se emociona a sus 79 años el guerrillero José Murillo,
Comandante Ríos.
El viernes, el Gobierno discutirá la
Ley de Memoria Histórica, que intenta resarcir a aquellos que creyeron en ese
segundo parte de Franco. Muchos de estos hombres y mujeres, algunos muy
ancianos, confían en que por fin, tras casi 30 años de democracia, el país
reconozca oficialmente su desgracia.
La guerra fue terrible -600.000 muertos
en total-, y la represión, aún peor. En la zona nacional cayeron 100.000
personas asesinadas; en la republicana, 60.000, entre ellos 7.000 religiosos.
Hasta ahí el terror compartido. Porque a partir de 1939, con todo a su favor
para ser generoso, el régimen de Franco encarceló a 270.000 personas y fusiló a
50.000. Al menos 4.000 murieron de hambre y frío en las prisiones (Víctimas
de la Guerra Civil, Temas de Hoy; Morir, matar, sobrevivir, Crítica).
Marcos Ana
- - - Poeta, comunista. Pasó 23
años en la cárcel, 15 de ellos en Burgos.
"Los primeros años fueron durísimos. Nos
comíamos las hierbas que crecían entre las piedras de la prisión. Cada día te
enterabas de algún compañero muerto o fusilado. La cárcel estaba en el centro de
Madrid, y cuando los sacaban para matarlos gritaban: '¡Viva la República!'. Les
ponían un tapón de corcho en la boca".
"En 1943, en Ocaña, un día me dijeron
que me iban a matar esa madrugada. Los compañeros me despidieron. Pasé toda la
noche viviendo las últimas horas; escribiendo cartas al partido, a mis amigos, y
escondiéndolas en las grietas, como hacían todos los condenados. Escuchaba los
pasos de los carceleros, pero no venían a por mí. A la mañana siguiente leyeron
mi conmutación. El jefe de servicio, que me odiaba, lo había retenido para que
pasara la última noche de un condenado a muerte".
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RICARDO LIMIA.
Vive en Dos Hermanas, cerca de donde estuvo el campo de
trabajos forzados en el que 8.000 presos tardaron 22 años en
construir el Canal del Guadalquivir. Allí posa, sobre los
pocos restos que quedan.
(PÉREZ CABO)

TRINITARIO
RUBIO. Tario para todos, vive en Barcelona y no para de
viajar, dar conferencias y escribir para que no se olvide la
tragedia de los republicanos. Tiene una lista de 32 empresas
que se aprovecharon de los esclavos de Franco. En la foto,
al fondo, una reproducción del Valle de los Caídos, donde
trabajó.
(JOAN SÁNCHEZ)
Tras la contienda, el régimen de Franco encarceló a
270.000 personas y fusiló a 50.000. Unos 4.000 murieron de hambre y frío en
las cárceles
Tario Rubio: "En la guerra hubo bestialidades en
los dos bandos. Pero cuando acabó, en
vez de ser generosos, siguieron matando, y de qué manera"
Sánchez Albornoz: "España tiene que darse cuenta de
que es Europa. Hay que sacar a Franco de su mausoleo [del Valle de los
Caídos]"
Vicente Muñiz: "Una herida cicatriza bien cuando se
limpia bien. Si dejas el pus dentro, vas a tener que volver a abrirla. El
tiempo no lo arregla. Es la justicia"
Carmen Puig Antich: "Pocas horas antes, vino un
guardia y me dijo: '¿Sabes cómo lo matarán?'. Y me explicó cómo funciona el
garrote vil. Yo tenía 19 años"
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"En Ocaña, cuando había
saca, el corneta tocaba silencio de una manera especial, prolongaba
el sonido. Cuando se iban los camiones había un silencio mortal,
porque escuchábamos los tiros de gracia para saber a cuántos habían
matado. Y comenzábamos a golpear con las cucharas".
"Nos organizábamos y repartíamos hasta
el hambre. Al principio fue durísimo; pero cuando los nazis perdieron en
Stalingrado, los carceleros empezaron a aflojar. Pensaron que el franquismo se
acabaría".
"La verdad es que siempre he sentido más
calor fuera que dentro de España, porque nosotros, los comunistas y republicanos
españoles, estábamos en el corazón del mundo. Los falsificadores del pasado
quieren establecer un juicio salomónico sobre la historia de España, pero no es
igual luchar contra la libertad que defenderla. Esa guerra nosotros no la
queríamos, no la necesitábamos, habíamos ganado las elecciones unos meses antes.
Necesitábamos la paz. Quisieron cerrar a sangre y fuego ese proceso
democrático".
"Se hacen algunas cosas, pero de
extranjis, sin afirmar los valores que representamos. Incluso en el terreno
económico se hace poco. Los portugueses dieron un millón de pesetas por cada año
de cárcel. ¡Yo me habría podido comprar una casa, que no tengo! He sido el que
más he cobrado: 2.200.000 pesetas. Un millón por los primeros tres años y
200.000 por cada trienio".
Nicolás Sánchez Albornoz
- - - Pasó cinco meses en el
Valle de los Caídos en 1948. Su fuga inspiró la película Los años bárbaros.
Nunca ha vuelto al valle. Ni siquiera lo
llama así. Para él es Cuelgamuros, el nombre de la finca. Este periódico le
propuso acudir allí para rememorar su condena. Su respuesta fue tajante: "Cuando
desalojen al bicho". O sea, cuando saquen de allí los restos del general Franco
y se los entreguen a su familia. "Pueden hacer un centro de interpretación o lo
que les dé la gana, pero para mí es insuficiente. ¿La cripta puede tener la
tumba de Franco y José Antonio, y al lado unas placas hablando de la represión y
los campos de concentración? ¡Se dan de patadas!".
"España tiene que darse cuenta de que es
Europa, tiene que compartir sus estándares, y no admitir el mausoleo. Algunos
sostienen con toda la razón que ellos, como europeos, tienen derecho a opinar
sobre el mausoleo, que no es un hecho privativo de los españoles. Es un hecho
europeo".
"Conmigo había gente que desde 1939 no
había pisado la calle. ¿Por qué nueve años después de terminar la guerra tenían
que estar presos? Era un gran negocio. Éramos alquilados a las empresas por
10,50. Nos daban 50. Los patrones tenían obreros a precio de saldo y
disciplinados".
"[El Valle de los Caídos] se ha
convertido en un símbolo del fascismo, donde se reúnen para todas sus
ceremonias, incluidos los de la Legión Cóndor. La gente está harta; 4.000
fascistas no son nada frente a 40 millones de españoles y 500 millones de
europeos. En España ha aparecido una generación que está pidiendo cuentas y
reabriendo las fosas, pidiendo información de sus abuelos. Si sacan a Franco de
allí, qué va a hacer el PP cuando vuelva, ¿traerlo otra vez? Sería irreversible
y resolvería el problema para siempre. Si no, resurgirá".
José Murillo
- - - 'Comandante Ríos',
guerrillero en Sierra Morena, 82 años.
Vive en una humilde casa del barrio de
Usera, en Madrid. Nunca se reconoció el carácter militar de la guerrilla, por lo
que no recibe más pensión que la mínima. "Mi padre era socialista de toda la
vida, pero cuando acabó la guerra creyó que no le pasaría nada porque no tenía
las manos manchadas de sangre. Acabó en Castuera (Extremadura), uno de los
peores campos de concentración. Los hombres morían comiendo raíces. Logró
sacarlo un amigo falangista. Tenía seis hijos, yo era el mayor. Pensó que todo
había acabado, pero el mismo día que volvió, con piojos y sarna, irreconocible,
vino un falangista al que llamaban El Berraco -imagínese el personaje- y dijo
que nos requisaba los animales y la casa".
"Mi padre me llevó aparte y me dijo: a
mi hijo no lo van a matar de rodillas. Defenderemos nuestras vidas, no somos
hombres de cárcel. Nos fuimos al monte. A mi madre la metieron en la cárcel como
represalia. Seis años. A mi padre lo mataron de un tiro".
"Me hirieron, aún tengo las cinco balas
en el hombro. Para hacerse una idea de cómo era un juicio franquista había que
escuchar al fiscal: '¿Se puede consentir que en esta España católica, apostólica
y romana existan seres que seis meses antes de nacer ya tenían instintos
revolucionarios? ¡Pido la pena de muerte!".
"En la cárcel comíamos habas podridas y
lentejas con bicho. Vivíamos entre ratas, yo incluso amaestré a un lironcillo
para que comiera el bicho de las lentejas de mi mano, en la celda de castigo".
"La hermana de un compañero se hizo
pasar por hermana mía para escribirnos, y así pasamos cuatro años. Nos
enamoramos sin vernos. Luego nos casamos".
"Yo no he matado a nadie. He disparado
muchas balas; me defendía, pero nunca a sangre fría. Murieron guardias civiles,
sí, a manos de la guerrilla; pero los mató Franco, no yo. Él empezó la guerra.
Sólo quiero que se reconozca que luchamos por la libertad, y que nos den una
pensión digna".
Tario Rubio
- - - Tiene 86 años. Pasó ocho
en prisiones y campos de trabajo, entre ellos el Valle de los Caídos.
"Las nuevas generaciones no tienen ni
idea de lo que llegamos a sufrir, moral y físicamente. Por eso yo, a mis 86
años, sigo en la brecha: para que no se pierda esta memoria. Yo no quiero
venganza ni remover el pasado. Pero veo esas inmensas manifestaciones contra el
terrorismo de la ETA, apoyadas por el PP y la Iglesia católica, y pienso: vale,
¿pero por qué no condenan también el otro terror, el del franquismo? Porque en
la guerra hubo bestialidades en los dos bandos, pero cuando acabó, en vez de ser
generosos, siguieron matando, y de qué manera. Yo estuve en la cárcel Modelo de
Valencia. Allí cada día se llevaban 10 o 15 a fusilarlos".
"Pasé ocho años encerrado después de la
guerra. Estuve en cuatro campos de concentración. Te pegaban tantos palos que
firmabas cualquier cosa. En las oficinas de depuración era terrible, había
informes falsos que venían de los pueblos. Éramos 10 o 12 presos en tres metros
cuadrados. Teníamos un váter y nos turnábamos para no dormir al lado de él".
"Mi tío Miguel, el cuñado de mi padre,
tenía influencia con un falangista importante. Mi padre le pidió ayuda. Le
respondió: '¿Tú vienes a pedirme avales cuando sabes que debías estar tú también
en la cárcel por republicano? ¡Mi tío!".
"Cuando llegué a Cuelgamuros, en 1942,
era diciembre. Hacía un frío horrible en esos barracones de madera, que tenían
brechas por donde entraba el viento helado. No podíamos dormir por el frío. No
te podías lavar porque allí no hay ríos ni nada. Te daban un cazo de agua sucia
que le llamaban café, y hala, al tajo. A picar. Y eso que no me tocó en el
agujero, sino en la carretera de acceso".
"Todavía hace poco, en una entrevista,
vi que el abad de Cuelgamuros, con toda su caradura, un representante de Dios,
decía que íbamos acumulando mucho dinero en un banco y que cuando salíamos ¡nos
comprábamos las mejores casas! Le voy a escribir para saber en qué banco está mi
dinero, para reclamarlo. Hicimos líneas de ferrocarril, reconstruimos el país, y
empresarios como Banús se hicieron millonarios con los presos".
Vicente Muñiz
- - - 71 años. Fusilaron a sus
padres, anarquistas, en 1941. Ha llegado hasta Estrasburgo para pedir la
anulación del juicio.
"Mis padres trabajaban en la sede del
POUM en Valencia: él, de chófer; ella, limpiando. Yo tenía cinco años cuando los
nacionales entraron en la ciudad. Hice el saludo fascista, como todos, y mi
madre, una mujer profundamente anarquista y republicana, me pegó un coscorrón
enorme. Nos metieron a todos en la cárcel; allí estuve con mi madre y mi hermano
pequeño dos años, hasta que los fusilaron, en Paterna. Allí cayeron 2.238
personas entre 1939 y 1956. A ella le acusaron de matar 'a una mujer rubia de 17
años'. Sin nombre, sin cadáver, sin testigos. Hasta los 17 años estuve en un
asilo de monjas, una cárcel de otra manera".
"Yo no puedo resucitar a mis padres,
pero sí se les puede devolver el honor. Al pasar de la dictadura a la democracia
se olvidaron de los perdedores. Yo no he pedido nunca dinero. Para mí el
fusilamiento de mi madre y mi padre no tiene precio. Yo quiero que con los
mismos papeles con los que los condenaron, que los tengo, pongan un tribunal de
demócratas y anulen la sentencia".
"Un señor alemán dijo haber oído a mi
madre decir que había matado a tres mujeres. Luego dijo que era mi padre. El
tribunal, en vez de aclarar la cosa, dijo: bueno, pues los dos. Los mataron el 5
de abril de 1941, San Vicente Ferrer, patrón de Valencia, con otros 10. Los
enterraron como perros en una fosa. La llenaban, y cuando estaba repleta, le
echaban cal y abrían otra".
"El PSOE de Felipe González no tocó para
nada este tema. Pero una herida cicatriza bien cuando se limpia bien. Si dejas
el pus dentro, vas a tener que volver a abrirla para curarla. Piensan que el
tiempo lo va a arreglar. Sólo la justicia lo arregla. Sólo pido que no se les
acuse de auxilio a la rebelión. ¡Los que se sublevaron fueron ellos! Es como si
ahora alguien cogiera las armas porque no le gusta el Gobierno. A mí no me ha
gustado ninguno desde que hay elecciones, pero no se me ocurre coger un arma
contra él, porque es democrático".
Nieves Galindo
- - - Nieta de Dióscoro
Galindo, maestro republicano enterrado en una fosa en Víznar (Granada) con el
poeta Federico García Lorca.
"Mi padre se murió pensando que algún
día se recuperaría la memoria de mi abuelo. Casi desde el principio se supo que
lo habían matado y enterrado con García Lorca en Víznar (Granada). Mi padre
tenía 23 años, estaba en cuarto de medicina. Huyó. Cuando Franco dijo lo de las
manos manchadas de sangre, se presentó, le pegaron palizas porque le
reconocieron como hijo de Dióscoro y le metieron en la cárcel, dos años. Luego
se vino a Madrid para estar lejos del pueblo, por miedo. Le destruyeron la vida.
Estaba estudiando y tuvo que dejarlo. No quiso reclamar sus papeles
universitarios por miedo a que fueran a buscarlo. Trabajó de repartidor, albañil
y descargador de camiones. Nunca fue a Víznar, por miedo".
"Yo cumpliré su deseo. Ni siquiera
pedimos sacarlos de la fosa, sino sólo tener la certeza de que están allí. Es
muy fácil, porque a mi abuelo le faltaba una pierna. La familia de uno de los
banderilleros también está de acuerdo. Pero la familia de García Lorca no quiere
porque dice que eso es remover el pasado. Está todo pendiente de la Junta de
Andalucía, que no ha dado el paso. Si es necesario, iremos al juzgado".
Carmen Puig Antich
- - - Es hermana de Salvador,
el último ajusticiado a garrote vil. Condenado por la muerte de un policía. Era
anarquista.
"Lo detuvieron un 25 de septiembre y lo
juzgaron el 7 de enero. Ese día ya estaba la condena a muerte. Apelamos. El 15
de febrero se confirma la sentencia, y el 2 de marzo de 1974 era ejecutado. Les
interesaba ir rápido, como venganza por lo de Carrero Blanco [diciembre de
1973]. Al día siguiente del atentado teníamos visita con Salvador. Sólo 20
minutos. Nada más vernos, él lo dijo: 'ETA m' ha matat'. Tenía razón. Recuerdo
cada minuto de las últimas 12 horas, las que llaman en capilla. A ratos
hablábamos, a ratos nos abrazábamos, nos tocábamos el pelo. A veces él tenía que
ir al servicio por el miedo que estaba pasando, y le obligaban a hacerlo con la
puerta abierta. Era horrible. Una hermana mía perdió la cabeza y decía que mi
madre, muerta, iba a hacer algo".
"Hay un momento en que yo me quedo sola.
Eran las cuatro de la mañana. Y un hijoputa de funcionario, un tío de 50 años,
que me acuerdo de su cara, pero no de su nombre, me dijo: '¿Tú sabes cómo van a
matar a tu hermano?'. 'No', le contesté, ingenua. Me explicó con pelos y señales
cómo funciona el garrote vil. Cuando volvió mi hermano no sabía qué cara poner.
Yo tenía 19 años".
Ricardo Limia
- - - 89 años, comunista.
Trabajó como preso cuatro años en el Canal del Guadalquivir, al que ahora llaman
"canal de los presos".
"Cuando estalló la guerra y tomaron
Sevilla, yo estaba en las Juventudes Socialistas. Organizamos una columna para
venir a buscar a Queipo de Llano. Pero nos engañaron, nos dejaron solos a los de
las Juventudes, nos ametrallaron y mataron a todos los que iban en el camión. Yo
me salvé porque iba detrás con una moto".
"Nos fuimos al monte. Vivíamos en los
túneles de viejas minas abandonadas. Nos juntamos 200 personas. Cuando acabó me
entregué. Me condenaron a muerte, pero me libré gracias a un familiar. Acabé en
el campo del canal. Era muy duro, pero mejor que la cárcel. Se comía algo,
porque había que trabajar duro y no podían tenernos muertos de hambre".
"En la cárcel moría mucha más gente, de
hambre y de pena. Te daban un cazo de agua a mediodía y otro por la noche. En la
prisión de Cádiz estuve siete meses comiendo lentejas con bicho al mediodía y
por la noche. Aún así, en el campo había hambre. Un día cayó muerto un mulo
atravesado en el canal y a los 20 minutos no quedaba nada, nos lo habíamos
comido. Aunque no todo era malo. Allí me enamoré de una chica de Dos Hermanas
que venía a llevarme comida. Me llevó tortilla la primera vez, aún me acuerdo
del sabor. Luego nos casamos".
"El Gobierno no se preocupa de nada. No
es justo que te den un milloncejo de pesetas por pasar 15 o 20 años de cárcel y
campos de concentración sin ningún motivo. Sólo quiero que reconozcan que
luchamos en beneficio de España, no nuestro, por la libertad de todos. A mí,
como a todos, me hacen homenajes, pero a nivel particular; el Estado no hace
nada, no hay reconocimiento oficial".
Isabel González Losada no ha hablado
para este reportaje, pero también fue víctima del franquismo. Perdió a su
hermano. Su tesón hizo que se abriera la primera gran fosa en El Bierzo, en
2002. Hace unos meses se quejaba de la lentitud del Gobierno: "Estábamos
esperando algo de una vez, fuimos a la comisión interministerial para las
víctimas de la guerra y el franquismo. Nos escucharon, pero luego no nos han
dicho nada. Estamos perdiendo la paciencia. Somos gente muy mayor y no podemos
esperar". Isabel murió hace dos semanas.
Comisiones de la verdad en Suráfrica y Argentina
DESDE EL NAZISMO hasta los regímenes comunistas en la Europa del
Este, pasando por las dictaduras en América Latina, casi todos los
países tienen un pasado cargado de tragedias, crímenes, odios y
víctimas, pero muy pocos han sido capaces de ajustar las cuentas con
él para aliviar el dolor. Suráfrica ofrece uno de los caminos más
interesantes. En su transición del apartheid a la democracia
en los noventa no se podía permitir un Nuremberg: los miembros de la
policía y del Ejército acusados tenían las armas para abortar la
transición. Otra opción fue una amnistía general; una posibilidad
inválida porque, como recordó el arzobispo Tutu, "resultaría una
amnesia general". Se optó por una tercera vía: la Comisión de la
Verdad y la Reconciliación, en la que los perpetradores serían
amnistiados si reconocían la verdad y en la que las víctimas se
explicarían. Muchos perpetradores desvelaron la verdad del
apartheid: torturas, secuestros, desapariciones, asesinatos.
Muchas de las víctimas se mostraron agradecidas sólo con ser
escuchadas.
Alemania ha tenido que luchar dos veces con su pasado. Tras la II
Guerra Mundial, los aliados impusieron el procesamiento de los nazis
más destacados. Sin embargo, muchos siguieron en cargos públicos
hasta su jubilación. A finales de los años sesenta, los jóvenes
provocaron un profundo debate al preguntar a la generación de sus
padres cuál fue su papel durante el régimen nazi. Hoy, las insignias
nazis son anticonstitucionales. Además de la apertura de los
archivos de la antigua policía política, las víctimas de la
dictadura en la antigua República Democrática Alemana (RDA) perciben
ya una pensión del Estado. En Hungría y Rumania, el pasado es un
arma arrojadiza en la vida política cotidiana. Algo que también
ocurre al otro lado del Atlántico.
Argentina no ha logrado pasar la página
completa de los años más atroces de su historia reciente, mientras
que Uruguay sí. Tan pronto como el presidente Raúl Alfonsín llegó a
la Casa Rosada en 1983, tras una dictadura de casi nueve años,
ordenó el enjuiciamiento de los dirigentes de los grupos
guerrilleros ERP y Montoneros y los de las tres cúpulas militares
que habían estado en el poder desde 1976. Una comisión de la verdad
dirigida por Ernesto Sábato sacó a la luz las atrocidades. El
procesamiento y posteriores condenas logradas por un Gobierno
democrático supusieron un hito en el mundo. La democracia encabezada
por Alfonsín, sin embargo, aún era vulnerable. Mucha presión y un
par de alzamientos de jóvenes oficiales llevaron al Gobierno a
aprobar las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, dos normas
muy cuestionadas en Argentina. En 1989, siendo ya Carlos Menem
presidente, éste indultó a los jefes militares y guerrilleros. El
actual presidente, Néstor Kirchner, arrancó su mandato pidiendo
perdón en nombre del Estado por los desaparecidos y ha reabierto el
debate proponiendo la anulación de esas leyes de impunidad. La
herida sigue sangrando.
Con
información de Lali Cambra, Cecilia Fleta, Fernando Gualdoni y Guillermo
Altares
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