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Suele ser una argucia constante. Una
añagaza. La idea de ofrecer más puestos de trabajo en una
sociedad donde el empleo es un valor capital cobra cierta
importancia. Los comerciantes de la muerte no se andan por
las ramas a la hora de mentir. Después de todo, mentir es
gratis… y eso les gusta.
Pero, ¿es cierto que la implantación de
una incineradora supone el descenso del desempleo en las
poblaciones (generalmente de no muchos habitantes) donde
estas se instalan? Veámoslo…
El incinerador en sí mismo trabaja de un
modo casi automático, dado que el proceso se ha mecanizado
hasta tal extremo que una planta de incineración mediana
puede mantenerse con poco más de 10 operarios. Obviamente,
debe ser alimentada sin cesar por los elementos a incinerar,
de lo que se deduce que el impacto en el sector del
transporte es el más beneficiado. Esta, es la cara de la
moneda que nos quieren mostrar los defensores de estos
sistemas. Defensores que, casi siempre, están también
defendiendo sus intereses económicos. Pero… ¿Cuál es la otra
cara de la moneda?
Trasladémonos poco tiempo atrás… El 25 de
Abril del año 2001, un grupo de estudio sobre la
incineración y sus efectos desarrolló un dispositivo
experimental para evaluar los daños en los cultivos con
dióxido de azufre**. A lo largo del experimento, se midieron
la altura, el diámetro y la biomasa tanto aérea como
subterránea de diferentes grupos de plantas. Algunos grupos
se sometían al efecto del SO2 (Dióxido de Azufre) y otros
no. Las mediciones prosiguieron durante el crecimiento y
reproducción vegetal y al final del mismo las conclusiones
fueron evidentes: La capacidad fitotóxica del dióxido de
azufre consiguió que las plantas expuestas viesen afectados
su crecimiento y productividad. En ciertos cultivos, la
producción menguó hasta en un tercio, impidiendo la
fotosíntesis adecuada y la formación de la membrana celular
de las plantas…
Ahora sólo falta trasladar los resultados
del estudio a la actividad agrícola desarrollada en
Aznalcollar y su comarca:
Al empobrecer el medio rural del que se
sustenta gran parte de la población comarcal, se eliminarán
puestos de trabajo. Las cosechas, debido a la contaminación
provocada por la incineración, se verán menguadas en
cantidad y calidad. La agricultura ecológica, por ejemplo,
se hará impensable, dado que ni la tierra ni los frutos
superarán las pruebas a las que los someten los laboratorios
de certificación ecológica, que encontrarán tanto en la
tierra como en los frutos restos de elementos tóxicos. La
merma de producción agrícola provocará un descenso de las
jornadas del sector así como una mala calidad del producto
final, afectando a su precio en el mercado y restándole
competitividad a los cultivos. ¿Le parece alentador?
Dicho de otro modo, la instalación de un
incinerador no sólo no ofrece más puestos de trabajo, sino
que priva de miles jornadas laborales y empobrece
económicamente a la comarca que soporta su influencia en
kilómetros a la redonda. Y no sólo el desarrollo de la
agricultura ecológica –definida por algunos como “el futuro
de la agricultura”- se ve imposibilitado; las proyección
turística de la zona llega a ser impensable ante la
presencia de un incinerador.
No se deje engañar… La incineración en un
sistema LETAL para eliminar residuos que tienen una
alternativa en su reciclado. Antes de creer a los
comerciantes de la muerte, infórmese del precio que tendrá
que pagar. Tal vez, el de su salud. No lo olvide:
INCINERACIÓN = MUERTE
NOTA: **El Dióxido de Azufre (SO2) es uno
de los compuestos químicos presentes en la combustión de los
incineradores. Es uno de los más importantes por su
toxicidad y su relación directa con la lluvia ácida, que
destruye cultivos y afecta a los edificios. Las técnicas
para evitar la emisión de SO2 son nulas. En los casos más
optimistas, tan sólo un 30% de la emisión es retenida por
los filtros de prevención. |