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España está por debajo de la media de la
UE en el reciclado de neumáticos. El vertedero sigue siendo
el destino de hasta el 80 % de la producción anual de
neumáticos fuera de uso (NFU) en España. Entre 400 y 600
millones de neumáticos hay acumulados en España pendientes
de ser tratados. Cada año se generan 255.000 toneladas más.
La alternativa a la termólisis es
la elaboración de mezclas asfálticas para construir
carreteras de mayor calidad y duración que permitan ahorrar
a largo plazo en la conservación de vías.
El empleo de los neumáticos usados para
elaborar asfaltos es una de las mejores opciones, desde el
punto de vista económico y medioambiental, para el
aprovechamiento de estos residuos. Es una solución
respetuosa con el medio ambiente dentro de las distintas
opciones de gestión eficaz de estos residuos: no sólo se
elimina un producto contaminante, sino que además el proceso
de reutilización, previa transformación, de los neumáticos,
no implica efecto secundario alguno perjudicial para el
medio ambiente, en forma de contaminación, como sucede con
otros usos dados a estos materiales.
Además, la gran capacidad de absorción de
neumáticos usados, la apertura de una incipiente línea de
negocio (con inversiones reducidas y con trituradoras,
fabricantes de neumáticos, empresas de gestión de residuos,
desguaces y consultoras como agentes económicos implicados),
la reducción de costes en la elaboración de betunes
modificados para asfaltos de alta calidad (con un ahorro a
largo plazo en la conservación de carreteras), representan
otras ventajas.
Unas ventajas que confieren al reciclado
de NFU para carreteras el carácter de opción válida que
utilizar, dentro del tratamiento integral de los neumáticos
usados como residuos contaminantes, para el que no hay
soluciones únicas y excluyentes.
¿Por qué la opción del empleo de los
neumáticos para asfaltos?
Las prioridades normativas pasan por
reducir la producción de neumáticos (mediante la fabricación
de unidades de mayor duración), y por la valorización,
entendida como la producción de materias primas
secundarias, o la incineración controlada
para obtención de energía cuando lo anterior no se posible,
eliminando paulatinamente la opción del vertido.
En la escala de preferencias legales la
reutilización sucede a la disminución de la producción. A
continuación, el reciclado de residuos, que prevalece frente
a la incineración (con recuperación de energía) o los
vertidos controlados, en tercer y cuarto lugar,
respectivamente, No en vano, se trata de la opción que en
mayor medida favorece el desarrollo sostenible, basado en el
punto de partida indudable de que las reservas de materias
primas son finitas, lo que impele a evit ar el despilfarro y
la merma de recursos naturales por medio de su nuevo
aprovechamiento.
El reciclado, a diferencia de la
reutilización (como el recauchutado), representa una
solución definitiva en el tratamiento del residuo, pues, al
fin y al cabo, un neumático usado recauchutado acabará, más
tarde o más temprano, por convertirse en residuo.
No por casualidad se relega al último
puesto el vertido, pues en los vertederos se suscita un
problema ecológico para la gestión de estos residuos, que,
como mucho, se trituran. El riesgo de incendios, el peligro
de convertir los vertederos en foco de infecciones, en
factor de contaminación de suelos, e, incluso la escasez de
vertederos, constituyen inconvenientes. Además, el vertido
supone desaprovechar estas materias primas, no recicladas ni
reutilizadas, y exige disponer de grandes superficies de
terreno para dar cabida a cantidades tan enormes de
neumáticos. Asimismo, se requiere invertir en la gestión de
mantenimiento de los vertederos.
Hay antecedentes conocidos de incendios
en vertederos. Por ejemplo, el de Powys (Gales); el de
Hagersville, en Canadá, que duró más de dos semanas, y hubo
necesidad de evacuar la ciudad; el de Winchester, en EEUU,
donde se quemaron 8 millones de neumáticos, y el cielo
perdió su claridad durante meses a causa del huso; el de
Saint-Amble, también en Canadá, donde se estimaron en dos
millones de litros los aceites pirolíticos que contaminaron
suelos y aguas subterráneas, o el de Seattle, en Washington,
donde ardieron durante tres meses más de un millón de
neumáticos.
La reutilización de los neumáticos de
desecho de turismos, bicicletas, camiones, vehículos
industriales, pasa por el aprovechamiento para otros usos de
los cauchos naturales o sintéticos que, en proporción de un
50 por ciento, componen cada neumático, ya que se trata de
un producto que, una vez usado, se convierte en un residuo
no biodegradable, aunque bien es cierto que tampoco tóxico o
peligroso.
Dentro de las posibilidades de
reutilización o reciclado de los neumáticos de desecho, su
empleo para elaborar mezclas asfálticas con las que
construir carreteras se alza, no como la única opción
válida, pero sí como la mejor, tanto para minimizar el
impacto medioambiental de un producto contaminante - los
neumáticos fuera de uso -, como para lograr una rentabilidad
económica mayor en el proceso. Para llevar este residuo de
la “cuna a la sepultura” éste es el camino más limpio y
rentable.
Además, los procesos de incorporación del
polvo e caucho a las mezclas asfálticas, persiguen
optimizar, a largo plazo, la relación coste-duración en la
construcción de carreteras, mejorando la calidad,
resistencia y seguridad de los asfaltos, de acuerdo a las
cada vez mayores exigencias a las que sometemos a nuestras
carreteras, a causa del aumento en la intensidad de tráfico,
el incremento de cargas por eje y presión de inflado, y la
tendencia a la construcción de capas de rodadura de pequeño
espesor
El peligro de contaminación atmosférica
que se deriva de la quema de materiales combustibles libera
gases tóxicos con la combustión: dióxido de carbono, óxidos
de azufre y nitrógeno y otros contaminantes gaseosos,
cenizas volátiles y residuos sólidos sin quemar.
Este aprovechamiento acarrea el
inconveniente de tener que asumir los riesgos de un mal
control medioambiental de esta práctica, así como su coste
(derivado de las inversiones en acondicionar los hornos para
este fin), lo que dificulta la opción de la incineración de
neumáticos como fuente de energía. Por otro lado, no habría
un beneficio medioambiental en esta vía de uso de los
neumáticos fuera de uso.
En ambas opciones (reciclado para
asfaltos o incineración) hay un ahorro de costes: en fuente
de energía, o en materia prima (de los áridos o de los
polímeros para elaborar las mezclas asfálticas). Sin
embargo, los costes de inversión para una u otra fórmula de
gestión de NFU son muy diferentes: en el caso del reciclado
de NFU para elaborar mezclas asfálticas, bastaría una
inversión de entre 250 y 300 millones de pts., para las
plantas de trituración de neumáticos, pero no para las
plantas asfálticas.
Por el contrario, fuentes consultadas de
la Dirección General de Medio Ambiente, Seguridad Nuclear y
Protección Civil de la Unión Europea, señalan que la
adecuación de los hornos para este fin con capacidad de
quemar hasta 1.000 t/año, implica inversiones entre 150 y
300 millones de pesetas, con la exigencia de 9 meses para su
puesta en marcha.
Si hablamos de incineración con
recuperación de energía, con el fin de eliminar cantidades
entre 50 y 100.000 t/año de neumáticos, de las que ya
existen experiencias en Alemania, Francia, Italia y Reino
Unido, las cifras que las mismas fuentes nos indican hablan
de inversiones superiores a los 7.500 millones de pesetas.
Existen otros destinos posibles de los
neumáticos, una vez acabado su ciclo de vida útil para el
fin para el que se diseñó. Uno de ellos es el recanalado,
que consiste en remarcar el dibujo primitivo del neumático,
siempre y cuando éste no haya perdido más de un 75 por
ciento de su profundidad original, pare recuperar su uso
original. Las exigencias de seguridad de los vehículos
desaconsejan esta solución encaminada a reducir la
producción de neumáticos.
El recauchutado es otra práctica de
reutilización para el mismo uso original, ya que permite
disponer de neumáticos seminuevos al conservarse la carcasa
original, sobre la que se aplica una banda de rodadura
nueva. De este modo sí se logra reducir la producción global
de neumáticos.
Otros usos consisten en su aplicación
para levantar arrecifes artificiales, a modo de rompeolas;
su empleo para pistas provisionales de circulación de
vehículos sobre terrenos poco estables, en explotaciones
forestales, accesos a canteras, etc; la decoración y
elementos de recreo en parques infantiles, ferias, etc;
aplicación a campos de juego y gimnasios, como parte de la
moqueta que sirve de base al revestimiento final;
aislamientos para tuberías y cables; utilización en obras de
ingeniería civil como barreras de protección de costas,
carreteras, circuitos de velocidad, rampas de aparcamiento,
etc. |