La Asamblea General de las Naciones
Unidas proclamó el período de 2005 a 2015, Decenio
Internacional para la Acción, «El agua, fuente de vida»
que dio comienzo el 22 de marzo, desde entonces Día
Mundial del Agua. En este contexto, recordando que el
agua es fundamental para la erradicación de la pobreza y
el hambre, indispensable para la vida, la salud y el
bienestar de todos los seres vivos, y teniendo en cuenta
que es un derecho básico reconocido, es inadmisible por
ejemplo: -que 30.000 personas mueran al día por falta de
agua potable; - que 2.400 millones carezcan de
tratamiento de aguas residuales; o que.., en la UE un
habitante consuma 200 litros de agua al día, en USA
llegue a 600 litros, mientras que en los países
empobrecidos la media sea de 20 litros por persona y
día. Desde la creación, en 1994, de la Organización
Mundial del Comercio OMC (organismo que no pertenece a
la ONU ni está sujeto a su ordenamiento jurídico) el
mercado del agua que se ha abierto, es de tal magnitud,
que en palabras de Leonardo Boff: «Las transnacionales
han emprendido una carrera frenética hacia la
privatización del agua, porque saben que quien controla
el agua controla la vida y quien controla la vida tiene
el poder».
En España aproximadamente el 50% de la población se
encuentra abastecida por empresas privadas, siendo Aguas
de Barcelona (Agbar) y Fomento de Construcciones y
Contratas (FCC) las más poderosas, a su vez participadas
respectivamente por las dos multinacionales francesas
que dominan el mercado mundial: Suez-Lyonnaise des Eaux
(Ondeo) y Géneral des Eaux (Veolía -antes Vivendi). Los
procesos de privatización que han tenido lugar en
nuestro país han estado justificados por estudios
parciales -cuando se han hecho-; han sido opacos y se
han realizado no sólo al margen de la ciudadanía sino
incluso eludiendo el marco jurídico de aplicación (Ley
de Bases de Régimen Local, Ley de Contratos de las
Administraciones Públicas, etc.) y por lo tanto en
fraude de ley y ejercicio de Corrupción Pública.
Los resultados de los procesos de privatización han
supuesto en todos los casos -y así se ha demostrado- un
incremento en las tarifas superiores a los
comprometidos, la pérdida de control sobre los
operadores privados y la imposibilidad de participación
de los Ayuntamientos y de la ciudadanía en la gestión
del agua. Cuando se han privatizado servicios públicos
eficientes, siempre se ha producido, además, deterioro
de la prestación del servicio y perdida de la calidad
del agua suministrada (téngase en cuenta que las
trasnacionales también son embotelladoras y alterando
las condiciones organolépticas del agua pueden inducir
al consumo de agua envasada). Especialmente preocupante
es la hipoteca de futuro que suponen concesiones que se
adjudican en plazos superiores a 25, 50 o 75 años.
Los grandes partidos políticos han privatizado por
igual: sorprendentemente en León, fue durante el mandato
de la coalición PSOE-UPL cuando se produjo el intento de
privatizar el agua y fue la debilidad de este pacto,
junto con la oposición coherente que realizó el PP, lo
que determino la paralización del proceso. No obstante
la oposición ciudadana protagonizada por la «Plataforma
contra la Privatización del Agua» fue necesaria y jugo
un papel importante en la conservación del servicio
público del agua. El Servicio Municipalizado de Aguas de
León se abastece de los pantanos de Porma y Luna, cuenta
con instalaciones de alto nivel, ofrece una relación
precio-calidad de las mejores de España y genera
beneficios. Si añadimos las escasas reclamaciones, la
tarifación por bloques, (que prima el ahorro) y las
campañas de sensibilización en la correcta utilización
del recurso, podemos concluir que contamos con un
servicio público de calidad.
En enero de 2004 el equipo de gobierno PSOE-UPL presenta
el presupuesto con una partida de beneficios de 15
millones de euros derivada de la venta del 49% del
servicio de Aguas; este era el primer paso para la
privatización del servicio. Con el término «semiprivatización»
se trata de encubrir la realidad, difícilmente, cuando
son las propias multinacionales las que incluyen en sus
listas a las empresas mixtas como empresas privadas. Y
es que sea cual sea el reparto accionarial, el socio
privado paga por el control de la gestión. Además, la
decisión de vender el servicio de aguas se tomó sin
mediar auditoria alguna, sin contar con los ciudadanos;
y sin que figurase en el programa electoral de ningún
partido político.
Para justificar la operación alcalde y concejales dicen
que el ayuntamiento necesita financiación, olvidando que
cualquier cambio en la administración de un bien común
solo puede obedecer a su mejora, nunca a la obtención de
dinero con el que enjugar el déficit municipal: política
insostenible, pues a medio plazo no quedará nada que
vender o privatizar. También dicen en defensa de la
explotación del servicio por el sector privado, que
existen fugas y que es necesario incorporar tecnología
punta. Estos argumentos resultan endebles en el caso de
León donde, incomprensiblemente, sólo se planea
privatizar la distribución de agua potable, la que da
beneficios y tiene superávit con el que subsanar
deficiencias. Sobre el «cuento» de las fugas se omite
que el Ayuntamiento suministra el agua «sin contador» a
servicios básicos (fuentes públicas, riego de parques y
jardines), edificios y dependencias municipales, a
colegios, guarderías, instalaciones deportivas, a la
universidad e incluso a la empresa privada que desde
hace años se encarga de la recogida de residuos.
La Plataforma Ciudadana rechaza la mercantilización del
agua. El servicio del Agua atiende necesidades básicas
de la población que no deben someterse a las reglas del
mercado, ni pueden, porque siendo el agua un monopolio
natural su distribución anula las posibles ventajas de
la libre competencia; los consumidores no tienen
alternativa y por esta razón el control de las
administraciones públicas se hace imprescindible para
evitar abusos.
La plataforma insiste en la subida de las tarifas porque
el precio de la concesión y el beneficio empresarial
saldrá del recibo del agua, el impuesto menos
progresivo: pagarán más los domicilios con más
individuos y se resentirán de las subidas aquellos que
tienen menos ingresos. La plataforma plantea la crisis
global de recursos hídricos y su creciente
contaminación, circunstancias que harán imprescindible
la participación ciudadana -inexistente de hecho en la
gestión privada- para administrar con equidad los
periodos de escasez. La planificación de inversiones
tendrá que cubrir cada vez mayores riesgos
medioambientales y sociales; y por lo tanto, será
necesario que todos los beneficios del agua se
reinviertan en racionalizar los abastecimientos en
función del ahorro (reducción de la demanda) y del
mantenimiento de la calidad del agua, no en función de
beneficios económicos privados.
En el verano 2004 la ruptura de la UPL determinó la
perdida de la mayoría absoluta de la coalición de
gobierno; los concejales «no adscritos» dicen que no
volverán a los Plenos; si el PP mantenía su intención de
voto, las cuentas de la privatización no salían, salvo
que al menos uno de los «tránsfugas» volviera al Pleno a
votar a favor,... y así fue. Días después los concejales
de la UPL, aún coaligados al PSOE, retiran su apoyo a la
privatización del agua, quedando el proyecto paralizado.
A los dos meses, una moción de censura y un nuevo pacto
con los mismos «tránsfugas» devolvía la alcaldía de León
al Partido Popular. Al recordar estos acontecimientos,
se me ocurre citar, con todo respeto, a José Saramago:
«Alguien no está cumpliendo con su deber. No lo están
haciendo los que gobiernan, porque no saben, porque no
pueden, o porque no quieren. Tomemos entonces, nosotros,
ciudadanos comunes, la palabra».
«Ecologistas en Acción» exigimos a todos los partidos
políticos un modelo de gestión del agua que desde lo
público, garantice la calidad del servicio mediante el
ahorro, las buenas prácticas, el control y la
participación real de la ciudadanía.