El
próximo fin de semana del 18 y 19 de marzo se celebrarán en todo
el mundo actos y movilizaciones contra la ocupación de Iraq al
cumplirse tres años del inicio de la invasión de este país por
EEUU y Reino Unido, un acto de agresión ilegal basado en
mentiras hoy ya plenamente desenmascaradas.
Los
preparativos para la guerra y la invasión de Iraq fueron
contestados en las calles de las ciudades de todo el planeta por
millones de personas. Aquellas grandes movilizaciones
concluyeron, pero la ocupación y la guerra en Iraq prosiguen,
tan solo en beneficio de las grandes corporaciones
estadounidenses.
La violencia
indiscriminada de los ocupantes -que no han dudado en recurrir a
armamento internacionalmente prohibido- ha provocado en estos
tres años decenas de miles de muertos y miles de refugiados. La
tortura se practica de manera rutinaria sobre miles de iraquíes
presos en los centros de detención de los ocupantes o en las
cárceles clandestinas de los nuevos cuerpos de seguridad
iraquíes. Un cuarto de millón de iraquíes han sido detenidos
para luego ser excarcelados sin cargo alguno.
La corrupción
es rampante y la reconstrucción inexistente: nadie sabe a dónde
va a parar el dinero obtenido por la venta del petróleo iraquí.
Las mafias se afianzan amparadas por la inseguridad y el proceso
generalizado de privatizaciones. Un tercio de la población de
Iraq vive ya por debajo del umbral de la miseria, mientras que
el Fondo Monetario Internacional impone la eliminación de todo
subsidio a productos básicos como alimentos y carburante. La
malnutrición infantil afecta ya a la cuarta parte de los niños y
niñas iraquíes; la desescolarización se generaliza.
Para
dominar el país, los ocupantes amparan y alientan el sectarismo
y el confesionalismo. El país vive un grave retroceso en
derechos sociales y jurídicos básicos que afecta,
particularmente, a las mujeres. Escuadrones de la muerte
asesinan impunemente a profesores de universidad, de instituto y
a profesionales (particularmente de la Sanidad) en un intento de
descabezar al país, al tiempo que se expolia impunemente su
patrimonio cultural, que es patrimonio de toda la Humanidad.
Pero el pueblo
iraquí está desarrollando un titánico esfuerzo por sacudirse la
ocupación y el sectarismo. Sus aspiraciones -las de todas sus
comunidades y grupos étnicos- son las mismas que las nuestras:
vivir en paz en un país plenamente soberano, poder disfrutar de
los mismos derechos y asumir las mismas obligaciones, disfrutar
de libertad y estar amparados por la ley, destinar los recursos
y el esfuerzo de sus hombres y mujeres al bienestar de sus
futuras generaciones.
La resistencia
del pueblo iraquí se suma a la ya legendaria del pueblo
palestino contra la ocupación israelí. En momentos difíciles y
duros como los actuales, es necesario denunciar el
genocidio sistemático y continuado que contra estos pueblos está
llevando a cabo el imperialismo sionista con el apoyo de la
Administración Bush y los gobiernos cómplices europeos,
utilizando los impuestos de la clase trabajadora para seguir
asesinando a otros trabajadores y trabajadoras que se oponen a
sus afanes imperialistas.
Sobran los
motivos
Los motivos
para seguir movilizándonos en solidaridad con el pueblo iraquí y
palestino sobran.