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Partido Comunista de Madrid


Informe del Comité Central del Partido Comunista de Madrid


Partido Comunista de Madrid / 15 nov 05

Aprobado por unanimidad

Nuestro VII Congreso ha supuesto la confirmación de un alto grado de cohesión en torno a la política aprobada en el XVII Congreso Federal del PCE y una importante renovación de nuestro Comité Central, aunque también, lamentablemente, la defección de un colectivo minoritario de camaradas que no ha acatado democráticamente la resolución de la Comisión Federal de Estatutos en relación a la impugnación que, a título individual, legítima pero equivocadamente, habían formulado a las normas y calendario que el Comité Central saliente aprobó para la celebración del Congreso Regional. Al tratarse de camaradas que apoyaron la candidatura mayoritaria en el marco federal, es muy difícil entender su actitud en clave política. Intentar recuperar el diálogo, no sólo no negado sino esperado por las direcciones saliente y entrante, con ese grupo de camaradas y con las agrupaciones a las que algunos de ellos deberían haber representado en nuestro Congreso, es una de las tareas necesarias, ni más ni menos importante que las muchas que debe emprender este Comité Central.

La trascendencia que la reforma del Estatut de Catalunya tiene para el PCE queda reflejada en sus resoluciones y la ponencia que se está elaborando sobre la misma, enmarcadas en la defensa de un modelo de Estado republicano, federal y socialista. La posición de IU en relación a su toma en consideración por parte del Parlamento de la Nación es correcta, pero no consta, hasta ahora, su voluntad de presentar enmiendas en relación a los alarmantes elementos de bilateralidad e insolidaridad que el nuevo Estatut contiene. De momento la voz de IU es el eco de la de IC-IV. Siendo eso grave, aunque coherente con una IU que es ya una confederación de fuerzas políticas, son más graves y poco originales las declaraciones del Coordinador General, que los propios medios de comunicación han interpretado como una clara alusión a todos los que defendemos el hilo rojo del proyecto, en relación a que “no sólo de pan vive el hombre” para defender su apoyo incondicional a las posiciones de IC-IV.

La reforma del Estatut irrumpe en una situación presidida por una ofensiva del PP que empieza a tomar la calle como nunca lo hicimos la izquierda durante los mandatos de Aznar, excepto en el caso de la guerra, movilizando instituciones y sectores proclives (iglesia, transportistas, cofradías de pescadores, la mayoría de los agricultores, el sector privado de la enseñanza...) y un debate sólo sustentado, y apoyado por los medios de comunicación, en los aspectos más espurios y demagógicos (la nación, la ruptura de España...) de lo que supone el nuevo Estatut y que calan en una opinión pública distraída, en términos generales, pero todavía no completamente dormida, respecto a las agresiones sustanciales de un sistema y un Gobierno que continúan destruyendo y precarizando el trabajo y contribuyendo a aumentar el grado de desintegración social hasta extremos inauditos (desigualdad, marginación, consumo de cocaína, fracaso, abandono, violencia y guerra escolar, obesidad, drogadicción y alcoholismo infantiles, prostitución, violencia de género, aumento de la población reclusa y suicidios carcelarios, rebrote de enfermedades erradicadas...), mientras las tasas de ganancia de las grandes empresas y la penetración financiera internacional del capitalismo español y la desinversión aquí, alcanzan cotas inéditas y crecientes.

Frente a ese país realmente existente, las políticas reales del Gobierno (medidas legislativas e iniciativas políticas) se manifiestan en toda su crudeza: Presupuestos Generales del Estado por primera vez con superávit en la democracia, agudización de la ofensiva contra lo público, reforma laboral, inmigración y manifiestos retrocesos en política exterior en relación a Marruecos, los Estados Unidos, o la Francia de Chirac cuya política de “tolerancia cero” ante el último estallido social apoya sin fisuras Zapatero.

En ese contexto, IU ha dado su voto favorable a la Ley de Defensa Nacional y a los Presupuestos Generales del Estado, pero no deja de publicitar su, por otra parte natural, beligerancia contra el actual Concordato con el Vaticano y su iniciativa para que el Estado deje de financiar a la iglesia, mientras mantiene veleidades en relación a la legalización de la prostitución, como veleidosa fue su posición inicial respecto al Tratado Constitucional Europeo. La actual IU no está en condiciones de llevar adelante una política de alianzas con el PSOE coherente.

IU es hoy una fuerza de oposición al PP a favor del PSOE y de nacionalismos periféricos de distintos colores pero todos ellos representantes de burguesías nacionales. IU es una formación política confederal para el logro de cuotas de poder institucional que ha olvidado sus objetivos fundacionales como proyecto federal de la izquierda transformadora. IU aparece frente a la ciudadanía como una formación política radicalmente oportunista y, de hecho, es ya el partido radical pequeño-burgués que vaticinábamos. IU no es una alternativa al bipartidismo.

Es cierto que Llamazares ha planteado al Gobierno Zapatero un reto, un ultimátum ¿?, en relación a la Reforma Laboral en marcha, para seguir apoyándole de un modo incondicional como hasta ahora. La incógnita es saber si la firmeza de esa posición va a depender, o no, de la postura que finalmente adopten las cúpulas de los sindicatos mayoritarios presionados, de momento, por la huelga de los trabajadores de SEAT y por el último catastrófico accidente laboral en Granada.

La ofensiva del PSOE contra la clase y contra la memoria tiene, además, exponentes representativos en la calculada ambigüedad, por un lado, de la LOE –sobre la que el Partido ya se ha pronunciado enérgicamente sin que hasta ahora en IU haya síntoma alguno de intención de enmendarla en su totalidad- que bajo la cobertura de un aparente laicismo, aprovechado por el PP y la iglesia para su particular guerra de religión, constituye la consolidación de un proceso privatizador que agravará el desolador panorama de la educación en España –ya en las últimas posiciones de la UE en cuanto a resultados educativos- y privará a la inmensa mayoría de la clase trabajadora de la más elemental igualdad de oportunidades y, por otro, en el impulso de foros intelectuales avaladores de una monarquía federalizante. En relación a la primera, el Partido ha apoyado y seguirá apoyando la movilización de izquierdas sin prurito ninguno a que con ella se haga el caldo gordo al PP y, respecto a lo segundo, además de apoyar lo programado por IU, debe empezar ya a diseñar su propia estrategia para la celebración del 75 Aniversario de la II República y el Frente Popular, hacia la III República, como momento que debe ser decisivo para el impulso del incipiente, pero trascendental, movimiento republicano como tal del que formamos parte y del crecimiento del grado de conciencia todavía difuso, pero ya presente entre cada vez más segmentos de la ciudadanía.

La crisis sostenida y agravada por una dirección federal de IU incapaz de integrar a la mayoría de la organización que de hecho y derecho ganó la VII Asamblea y que se vio relegada a la condición de minoría muy mayoritaria en la posterior asamblea extraordinaria por el cambio de posición a última hora de algunos delegados, especialmente de Madrid, está condicionando un escenario posllamazarista de nuevos posicionamientos por arriba mientras la organización, por abajo, sigue sumida en el estupor y la apatía. Pero es que, además, esa presunción de posible acuerdo en un nuevo escenario asambleario o no, antes o después de las próximas elecciones generales, puede ser sólo un canto de sirena más para distraer o buscar apoyos cupulares para otro escenario más inmediato y doméstico, las elecciones municipales y autonómicas, al objeto de consolidar modos y posiciones institucionales que, en gran parte, no compartimos.

Para nosotros cualquier nueva transversalidad posible en el ámbito federal de IU, sólo puede partir de lo que representó y de los resultados reales que obtuvo la candidatura encabezada por Enrique de Santiago, que fue la apoyada por el Partido. Además, cualquier nueva mayoría para IU impulsada desde el ámbito federal del Partido deberá pasar inexcusablemente por acuerdos en cada federación, especialmente en una como la nuestra sometida últimamente a albures y volatines, insistimos muy difíciles de entender en clave política.

Si estamos muy preocupados por la situación de IU-CM no es porque no debamos presumir que la mayoría de su actual dirección no comparta teóricamente muchos de nuestros diagnósticos y posiciones políticas, sino porque ese acuerdo no tiene su correlato en la praxis en un correcto tratamiento organizativo para el conjunto de la organización que es, en definitiva, lo que hace que cualquier organización política sea una u otra cosa, estimulante o desalentadora, eficaz o ineficaz, creíble o increíble. Cuando reclamábamos en nuestro Congreso una mayoría natural para IU-CM estábamos afirmando que en un proyecto plural lo necesario es una mayoría plural representativa de lo que realmente piensa el conjunto de la organización y capaz de gestionar una leal unidad de acción.

Es evidente que el PCM ha podido cometer errores que, en parte, han podido contribuir a que ese marco deseable no haya sido posible hasta ahora, pero el PCM ha estado siempre, y lo sigue estando, como organización soberana, ni instalada en el error ni en la posesión de la verdad, por responsabilidad y lealtad a su proyecto, abierta a la vía dialogada en sus órganos, e incluso fuera de ellos, para la resolución de las diferencias existentes en su seno y por la aplicación en IU-CM de la política emanada de los sucesivos congresos federales del Partido y, en el último periodo, de su XVII Congreso. Lo que ninguna dirección del PCM podría asumir son posiciones distintas de sus militantes en los cuatro ámbitos superiores de dirección en que trabajamos como comunistas de IU: federales del PCE e IU y regionales del PCM e IU-CM. La equivocación, de unos u otros, tiene su solución en el diálogo colectivo y el acuerdo mayoritario democrático, la esquizofrenia necesita un tratamiento más enérgico, pero ambas requieren la voluntad curativa de las partes. Hasta ahora una de ellas sólo ha mostrado la voluntad de intentar influir de arriba abajo, puenteando a la anterior y a esta dirección mediante una práctica inorgánica e inviable. Necesitamos y queremos el acuerdo de todos los comunistas de IU-CM, pero con todas las cartas boca arriba. Hasta ahora, sólo la mayoría del Partido en Madrid hemos enseñado la jugada y esa jugada es la “política”.

Estas últimas reflexiones serían echar leña al fuego, innecesarias o contraproducentes si esta mayoría tuviera el mismo interés por IU-CM que el que otros parecen tener por el PCM y el PCE, aunque respecto a este último guarden apariencias tácticas, pero ello no sólo no es así, sino que nos ratificamos en que intentar afrontar los retos políticos que tenemos en esta Comunidad ignorando y tratando de aislar, aislándose, a la mayoría de la militancia comunista de Madrid y sus posiciones, ayuda poco a los objetivos que, en principio, todos compartimos.

Los conflictos que están surgiendo en algunas localidades madrileñas en el seno de IU derivan no sólo de esa cortedad de visión política. En su raíz está la política de campanario que se aplica en ausencia de criterios regionales y el desequilibrio existente entre lo orgánico y lo institucional, en una atmósfera en que, en términos generales, la política viene condicionada por la gestión institucional en cada localidad. La privación de sus competencias de concejala a la camarada Carmen González en Leganés, además de una gran irresponsabilidad política que, en sí misma, repudiamos en sus términos y procedimientos como lo ha hecho el Comité Ejecutivo Federal del PCE, es expresiva de una situación que es necesario superar para el éxito de las próximas candidaturas. Afortunadamente, en el caso de la capital, el nuevo Consejo Político de Madrid ciudad puede garantizar el logro de una candidatura plural e idónea. No sólo en este caso, sino en todas las localidades y en la Asamblea de Madrid, nuestra obligación será, en su momento, garantizar la presencia de militantes comunistas convencidos de la política del Partido y leales al proyecto en todas las candidaturas, mejor por consenso que como alternativa.

Sin perder de vista ese horizonte, a partir de mañana este Comité Central, este equipo de trabajo en los términos que instábamos en la clausura de nuestro Congreso, debe ser el de la acción colectiva que requiere el mandato federal y que no se ha visto interrumpida el último mes y medio. Ayer mismo hemos celebrado un acto que marca la voluntad de iniciativas de ese tipo con una periodicidad bimensual para intentar acercar no sólo al Partido, sino a la gente en general, nuestras posiciones en relación a temas específicos pero todos ellos enmarcados en la ofensiva contra la clase a la que asistimos.

El XVII Congreso y el Informe del reciente Comité Ejecutivo Federal nos señalan las prioridades, situando en primer término los temas relacionados con el Mundo del Trabajo y la nueva agresión que para él supone la Reforma Laboral en ciernes. La resolución y la campaña diseñada por la dirección federal, como lo hizo en su momento en la campaña autónoma contra el Tratado Constitucional Europeo, nos compromete a garantizar su éxito. En general, los planes de trabajo federales y los que, en su línea, irán emanando de las Secretarías de este Comité Central, ahorran mayores precisiones en este momento.

Es fundamental todo lo relacionado con la extensión organizativa cara a la entrega de carnets, con un nuevo formato, que ha de llevarse a cabo antes de finales del próximo mayo. En relación a ello, las situaciones financieras de la dirección federal y la nuestra pasan por un momento extraordinariamente difícil que requiere de la máxima austeridad y el mejor aprovechamiento de los recursos disponibles y potenciales. Sin medios materiales es imposible que el Partido pueda ejercer la soberanía de la que nos reclamamos. A tales efectos, convocamos desde este momento la Conferencia de Organización y Finanzas del PCM que se formalizará en calendario y documentalmente una vez la nueva dirección permanente esté en condiciones de elaborar, en colaboración con la dirección federal, un plan de viabilidad capaz de garantizar el trabajo de este Comité Central.

El alto grado de cohesión que hemos alcanzado en el Congreso permite hoy más que nunca, que el trabajo de las nuevas Secretarías y sus comisiones tenga el carácter autónomo y de verdaderos equipos para la acción social que requieren las actuales circunstancias. Ésa es la intención de la propuesta que, como siguiente punto del orden del día, formulo a este Comité después de haber hablado personalmente con casi todas y todos vosotras y vosotros.

 
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