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Falleció el 31 de marzo de 2014


Flor Cernuda, histórica militante del Partido Comunista de España, un ejemplo de la resistencia contra fascismo


Sagrario Losada, responsable Frente Mujer PCM / 01 abr 14

“Que tu nombre no se borre de la Historia"

Hija de sastres, de niña marcha a vivir a Villacañas y, a los 17 años, empieza a trabajar en el Socorro Rojo allí, de donde es enviada a Valencia. Comienza a militar en las JSU para después incorporarse al PCE. Cuando estalla la guerra se traslada a Madrid, donde se incorpora al Comité Ejecutivo Nacional del Socorro Rojo.

Antes de acabar la guerra regresa a Villacañas, confiando en que Franco ha asegurado que “a todo aquel que no tenga las manos manchadas de sangre, no le pasará nada”. Pero el 28 de marzo de 1939, Flor es detenida y llevada a la cárcel del pueblo, donde le rapan la cabeza, la pegan e insultan.

El 3 de abril es sacada junto al resto de detenidos a la plaza del pueblo a oír misa con la intención de quemarles a continuación en una hoguera allí mismo. La compañía del Serrallo de África, que había entrado en el pueblo el día anterior, impide que se lleve a cabo esa masacre.

De allí es trasladada a la cárcel de Lillo, donde van llegando presos de toda la provincia de Toledo. En la prisión llega un momento en que no caben todos, y les van metiendo en casas particulares donde permanecen hasta 72 horas sin agua potable. En Lillo es juzgada y condenada a 12 años de prisión. El 7 de noviembre de 1939 sufre un simulacro de fusilamiento.

Su hermano, 3 años menor que ella, había marchado al frente y desaparecido. En noviembre de 1939 fallece su madre por “afección moral”, según el certificado médico, incapaz de soportar la situación de sus hijos y habiendo sido pegada en el pueblo.

El 28 de diciembre de 1939 es llevada al penal de Ocaña, donde pierde sus pocas pertenencias. Allí permanece 3 meses, conviviendo con diez presas más en una celda individual que no tiene luz ni agua, tan solo un retrete en un rincón. Durante los 3 meses que pasa allí sólo son sacadas al patio en tres ocasiones. En Ocaña, Flor contrae una grave infección en las piernas.

De allí marcha a la prisión de Durango, en un largo viaje en tren donde Flor tiene que ir tumbada en el pasillo con las piernas abiertas a causa de las llagas que le provoca su enfermedad. Un guardia civil tiene que transportarla en brazos y es introducida en la cárcel en camilla. La prisión es un antiguo convento que no dispone de servicio médico. El único medicamento que puede tomar es la luz del sol, así que sus compañeras la bajan diariamente a la sillita de la reina desde el tercer piso hasta el patio.

Al cerrar Durango como prisión, es trasladada a la prisión de Orúe en Bilbao gestionada por monjas, donde pasa hambre y sufre vejaciones.

Con los primeros indultos sale en libertad pero es desterrada a Portugalete, donde pasa un año hasta que le levantan el destierro y puede regresar a casa de su padre, en 1943. A su regreso, en el pueblo es perseguida y asediada y tiene que marchar a Madrid donde se coloca. Su padre sigue sufriendo represalias en el pueblo, donde muere sin asistencia médica, que no se le proporciona por negarse a comulgar y confesar.

En aquellos años, hay mujeres que se cartean con presos políticos a las cuales más tarde pueden llegar a conocer en persona. Este es el caso de Flor. Conoce al que será su marido estando este en la cárcel. Entablan una relación epistolar que culmina en boda en 1949 cuando Flor tiene 31 años.

Durante el franquismo, ambos militan en el PCE clandestinamente. En 1962 es detenida, llevada a Gobernación y torturada durante 4 días. La última detención la sufre ya fallecido Franco, en marzo de 1977, por participar en un acto a favor de la amnistía de los presos políticos, y es llevada a Gobernación y luego a las Salesas.

Aficionada a la poesía, tiene poemas dedicados a la Pasionaria, a Lorca y a las Brigadas Internacionales entre otros.

En 2010 la visité en la residencia de ancianos madrileña donde lleva 10 años viviendo. Su memoria se va desdibujando. Mantiene firme su reivindicación del término “rojo” en cuanto tiene ocasión. Se despidió de mí con el puño en alto, sentada en su inseparable silla de ruedas.

 
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