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Opinión


Por la Europa de las y los asalariados, Frente a la Europa del capital (II)


María Puig Barrios, Secretaria General del Partido Comunista de Canarias / 20 dic 10

¿Hasta cuándo los países latinoamericanos seguiremos aceptando las órdenes del mercado como si fueran una fatalidad del destino?...¿Por qué no hacemos frente, juntos, a la deuda usurera? ¿Qué poder tendría la soga si no encontrara pescuezo? (Eduardo Galeano) (Nota: aplicable ahora a los países europeos)

El “mercado de deuda”, la “deuda país”, los “creadores de mercados”, los CDS (“Credit Default Swaps”), el “mercado CDS”, todo muy complejo, pero muy sencillo en el fondo: la especulación con la deuda pública de los Estados que destruye la economía real, el empleo público, el gasto social, los derechos de las y los trabajadores públicos, privados, activos o parados, autónomos o asalariados.

El Estado necesita recurrir a la venta de deuda pública (Letras del Tesoro, bonos del Estado) para disponer del suficiente dinero líquido. Los bonos del Estado han sido siempre una inversión segura. Pero ahora, que estamos en el Gran Casino, los mercados compran deuda pública, las entidades crean los CDS (Credit Default Swaps) que son seguros contra el impago de la deuda y todos los mercados y productos son objetos de especulación en el Gran Casino.

El “inversor financiero” pedirá prestado los bonos al Banco. Cuando consigue muchos bonos prestados los vende en el mercado secundario de forma masiva. La señal al mercado es clara: los bonos son de mala calidad y por eso se venden. Otros inversores asustados (comportamiento “rebaño” de los mercados financieros) venderán los suyos. Eso causará un descenso del precio de los bonos. El “inversor financiero” los comprará para poder devolverlos (los cogió prestados) pero habrá obtenido importantes ganancias: venta de los prestados a un precio alto y un precio de compra bajo, más los intereses del préstamo.

También se especula, y con mayor facilidad, según los expertos, en el “mercado del CDS”. Un comprador de CDS busca protección ante el posible impago de los títulos (bonos o letras del Tesoro). Pero el “mercado CDS” también permite que compren protección los “inversores financieros” que no tienen títulos y por lo tanto no necesitan protegerse. Estos “inversores financieros” buscan que aumente la percepción de riesgo con esa compra de seguros de impago. Es la señal para que otros inversores con títulos se sientan asustados y compren también protección. Se producen muchas operaciones y los aseguradores también se asustan porque piensan que hay más riesgo de impago y suben las primas. El “inversor financiero” busca, entonces, ofrecer protección. Ha comprado CDS a bajo precio y los vende con primas mucho más altas, obteniendo así grandes beneficios.

Estas operaciones que suponen altas ganancias para los “inversores financieros” que especulan en los mercados, suponen una presión gravísima sobre los bonos de deuda pública de los países. El incremento de la prima del seguro (CDS) se interpreta como desconfianza hacia el país y una mayor posibilidad de bancarrota, con lo cual los demandantes de deuda pública piden al Estado intereses más elevados que nada tienen que ver con el nivel de riesgo real, pero el país tendrá más dificultades para obtener financiación.

Para eso se han creado los mercados y los productos: los “mercados secundarios” (la reventa), los préstamos de bonos (para venderlos sin haberlos comprado previamente), los “mercados de CDS” que permiten que compren protección inversores financieros que no tienen bonos y por lo tanto, no corren ningún riesgo, los “mercados de la deuda pública” que crean una percepción de riesgo irreal y someten a los países a la especulación de los mercados financieros.
Al final, llegan los salvadores a rescatar los países “en riesgo”: la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). La UE y la FIM proporcionan al país en riesgo (Grecia e Irlanda y otros que vendrán) el dinero para su financiación a un interés inferior al mercado pero deberá acometer las reformas impuestas, la presión ideal para las reformas estructurales que busca el capitalismo.

Las recetas son muy conocidas: aumento de los impuestos indirectos que pagamos todos/as, independientemente de que tengamos rentas altas o bajas y reducción del gasto público que afecta a los trabajadores públicos y privados, y al conjunto de la ciudadanía. El ejemplo de Irlanda es muy ilustrativo:

• Recorte de 3.000 millones en los gastos sociales.
• Despido de 25.000 funcionarios públicos
• Reducción del salario base de las y los trabajadores.
• Subida de la tasa en educación.
• Aumento de la edad de jubilación y reducción de la cuantía de las nuevas pensiones.

Una reducción drástica del gasto público para “calmar los mercados” que como veremos, consiste en adelgazar el Estado, las prestaciones sociales, el empleo, la renta de los trabajadores, para engordar a los mercados, al capital.

En España, el Gobierno de Rodríguez Zapatero le va echando derechos de los trabajadores al mercado “para calmarlo”: la prestación de 426 euros a los parados, aumentos de la edad de jubilación, la privatización de parte de la lotería, la privatización de los aeropuertos. Pero el mercado es insaciable y ya vemos que especula con la deuda pública, con la de España también.

Por todo ello, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) llama a una jornada de acción descentralizada el 15 de diciembre contra las medidas de ajuste duro y contra la especulación de los mercados que hunde la economía de los países europeos.

 
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