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Opinión


Por la Europa de las y los asalariados, Frente a la Europa del capital (I)


María Puig Barrios, Secretaria General del Partido Comunista de Canarias / 20 dic 10

(Las clases sociales participan de una concepción del mundo impuesta por las clases dominantes. Y la ideología de las clases dominantes corresponde a sus intereses, no a los de las clases dominadas.)

Desde 1978, se ideó un nuevo modelo de organización empresarial, la “Shamrock Organization” (La Organización Trébol) que tiene tres hojas:

1. Profesionales, técnicos y directivos, bien remunerados que constituyen el núcleo central y más estable de la empresa.

2. Los autónomos o empleados de contratas que trabajan para la empresa, sin formar parte de la plantilla.

3. Los trabajadores temporales o a tiempo parcial cedidos fundamentalmente por las Empresas de Trabajo Temporal (ETT’s).

Puede que las y los trabajadores españoles no hayamos oído hablar de la “shamrock Organization” pero sí conocemos las tres hojas del trébol, fundamentalmente las dos que han ido precarizando el mundo del trabajo:

1. Los autónomos dependientes que, en realidad, trabajan para otras empresas (por ejemplo, los que reparten, en las zonas asignadas por las industrias, productos como el pan, el agua embotellada, etc.)

Las contratas (son famosas por sus conflictos laborales las de Florentino Pérez) que acceden al trabajo en otras empresas (fundamentalmente en las privatizadas como Iberia, Endesa, Telefónica, etc.), por medio de contratas (con trabajadores precarios).

2. Los trabajadores temporales a tiempo parcial cedidos por las ETT´s.

Con esta precariedad ideada, diseñada, planificada, el sistema (capitalista) considera que, ahora, los de la primera hoja del trébol son “privilegiados”. Tiene empleo fijo y bien pagado. “Un privilegio”, aunque no todos/as son iguales. Están los/as trabajadores/as técnicos y profesionales o incluso ciertos directivos que son asalariados y una élite económica, muy selecta y minoritaria. Y es que no se puede comparar, por ejemplo, al director de una sucursal con una directiva y gran accionista como Patricia Botín. La diferencia es notable, aunque el director de la sucursal tenga un empleo fijo y un buen sueldo.

Pero, los asalariados “privilegiados” del sector privado, y también los del sector público, están en el punto de mira de las reformas estructurales neoliberales.

En el sector privado, están sometidos al “Gospel of Efficiency” (el Evangelio de la Eficiencia – del rendimiento, de los réditos) que predica el Management de las grandes empresas multinacionales. La presión de la “Efficiency” ha llevado hasta el suicidio en el puesto de trabajo en empresas como Renault (privatizada en los 90), Peugeot, EDF, y más recientemente en France Télécom. El sistema se atreve a hablar de la “gestión del estrés”, como si el problema fuera del asalariado, de su inadaptación, del sufrimiento psíquico individual, y no del profundo deterioro del modelo empresarial y de la fuerte presión a la que someten a las y los trabajadores.

Durante mucho tiempo, el trabajo ha sido un factor de dignidad, de saber hacer, de satisfacción personal que refuerza el propio autoconcepto. Pero ese modelo ha estallado en mil pedazos. Ya no cuenta el trabajo bien hecho, el sentido profesional, la experiencia, la solidaridad., el compañerismo.

Ahora, reinan una competitividad agresiva, una evaluación individualizada del rendimiento que es un instrumento de desintegración brutal. El trabajador se tiene que vender en la empresa y mantenerse en ella. Fraudes, trampas, controles excesivos, una tensión permanente hacia la “efficiency”, hacia el defecto cero, hacia la calidad total de la empresa, imposible en la producción donde se producen averías y accidentes, y grotesca en el sector servicios donde el trabajador se relaciona con seres humanos. Es la tensión permanente hacia el máximo rendimiento y la exigencia de la entrega total a la empresa (disponibilidad horaria, movilidad y traslados, etc.).

No se valora el trabajo realizado, se cuestiona la capacidad profesional, se termina perdiendo la autoestima.

En el sector público están amenazados por la voracidad de “los mercados” que someten y arruinan a los Estados para enriquecerse.

Frente a esas agresiones, es imprescindible que las y los trabajadores tengamos conciencia y solidaridad de clase.

 
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