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Opinión


La voracidad capitalista y los tiempos bobos


Mará Puig Barrios, Secretaría del Partido Comunista de Canarias / 08 may 10

Los capitalistas lo quieren todo: los servicios públicos, la sanidad, la educación, las oficinas de empleo, el servicio postal, la seguridad social, la investigación e innovación, el sector público y las pequeñas empresas, el dinero público. Nuestros servicios, nuestro dinero, nuestros empleos, nuestras indemnizaciones por despido, nuestra estabilidad laboral, nuestras pensiones, nuestros ahorros, nuestras viviendas. TODO.

Esto no es nada novedoso. Ocurre cíclicamente. Aunque al capitalismo, a sus adeptos y voceros no les gusta nada que se les recuerde los hechos históricos porque los pone muy en evidencia. Y para ponerlos en evidencia reproduciré lo que cuenta Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales: si bien se mira, la multitud es rica por solo el hecho de ser tal multitud. Los muchos pocos, alineados en cifra, representan ¡Oh Tito! suma considerable. Y cuenta Galdós cómo se crearon los bancos populares para recoger los ahorros de los pobres y devolvérselos “multiplicados”. La Sra. Baldomera Larra fue, en los años setenta del siglo XIX, la inventora del timo piramidal que tan bien copió Bernard Madoff en estos últimos años de mundialización capitalista. Y sigue contando Don Benito: Ejemplos mil tenemos aquí del Baldomerismo en grande escala, de Sociedades de Seguros inseguros, en las cuales, unos cuantos caballeros de muchas campanillas han arramblado con los ahorros de una o dos generaciones, quedándose luego tan frescos. A esos elegantes baldomeros les han dado títulos de condes y marqueses, y andan por ahí con el rango y tratamiento de “excelentísimos señores”.

Y los capitalistas del siglo XXI que son su voracidad sin medida han obtenido grandes beneficios al calor de las subvenciones públicas, la mundialización, la desregulación de los mercados y la especulación, creando un gran agujero negro que arruina a trabajadores y a los pequeños emprendedores, no sólo se han quedado tan frescos, sino que piden una reforma urgente del mercado laboral, para precarizar más y despedir mejor, piden recortar la cifra de funcionarios que es un lastre, abogan por reducir la cuota empresarial a la Seguridad Social, reclaman el respaldo financiero de los bancos, dinero del Estado y de los gobiernos autónomos. Tratan de imponer los ajustes salariales y la precariedad laboral, como única forma de recuperar el beneficio empresarial y que el sector financiero no pierda el alto nivel de ganancia aunque sea necesario acudir a los fondos públicos, arrebatándoselos a los trabajadores, mediante la reducción de los servicios públicos y del empleo público. Y tomándonos el pelo, se muestran sorprendidos y contrariados por los niveles altísimos de desempleo, y con tono protector, paternalista y caritativo, reclaman medidas de nueva esclavitud para acabar con el paro.

Como dice uno de los personajes galdosianos: La paz, hijo mío, es don del cielo, como han dicho muy bien poetas y oradores, cuando significa el reposo de un pueblo que supo robustecer y afianzar su existencia fisiológica y moral, completándola con todos los vínculos y relaciones del vivir colectivo. Pero la paz es un mal si representa la pereza de una raza, y su incapacidad para dar práctica solución a los fundamentales empeños del comer y del pensar. Los tiempos bobos que te anuncié has de verlos desarrollarse en años y lustros de atonía, de lenta parálisis….Los políticos se constituirán en castas, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo… no suavizarán el malestar de las clases proletarias.

Galdós se refería a la llegada de Alfonso XII al poder y a los dirigentes de los dos partidos que se alternaron en el Gobierno desde la Restauración de la dinastía borbónica. Cánovas del Castillo, del Partido Liberal conservador, presidente del Gobierno desde 1875, que necesitaba un partido político en la oposición, para dar un aire democrático al Reino, fundando Sagasta el Partido Liberal fusionista. Y tanto daba Cánovas como Sagasta. Repitieron el modelo después de la muerte de Franco: Restauración borbónica y el bipartidismo para un mismo modelo económico neoliberal.

Y el personaje de Don Benito termina diciendo: Alarmante es la palabra revolución. Pero si no inventáis otra menos aterradora, no tendréis más remedio que usarla los que no queráis morir de la honda caquexia que invade el cansado cuerpo de tu Nación. Declaraos revolucionarios, díscolos si os parece mejor esta palabra., contumaces en la rebeldía. En la situación a que llegaréis andando los años, el ideal revolucionario, la actitud indómita si queréis, constituirán el único síntoma de vida. Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a los que en realidad es consunción y acabamiento… Sed constantes en la protesta.”

La llamada galdosiana a la rebeldía – es un placer leerlo y releerlo, Don Benito – no cayó en el vacío. Las duras condiciones laborales impuestas a las y los trabajadores (jornadas agotadoras, salarios miserables, riesgos laborales…) por los dueños de las fábricas y del capital, dieron lugar a luchas obreras memorables en toda Europa y en Estados Unidos, también. Los sindicatos de clase y los partidos comunistas, como instrumentos de lucha de los asalariados, se extendieron no sólo por el Este europeo, sino también en los países occidentales de Europa. De Este a Oeste. La lucha se extendió a otros continentes – América latina, África, Asia - ricos en recursos naturales, pero brutalmente saqueados por la voracidad capitalista. Hasta los años noventa del siglo XX. Se acabaron, durante más de un siglo, los tiempos bobos, Don Benito, aunque es verdad que nunca fue fácil. Conquista a conquista, las y los trabajadores fueron logrando, en algunas partes del mundo, un cierto Estado del Bienestar, con reducción de la jornada laboral, empleo estable, servicios públicos, educación y sanidad públicas, derechos laborales, todo lo que, ahora, con la paz boba, los capitalistas nos quieren arrebatar a las y los trabajadores.

En España, también, donde 1.400 personas controlan y gestionan actualmente un capital equivalente al 80% de su PIB y en Canarias, en particular, donde las grandes fortunas se concentraban en el sector del turismo y la construcción y en junio de 2008, en plena crisis, mil canarios controlaban 4.000 millones de euros. En efectivo, sin contar el patrimonio. Si ese dinero en efectivo en los bancos se repartiera, le tocarían 44.000 euros a cada familia con todos sus miembros en paro que ya alcanza la cifra de 90.000 (familias) en Canarias. Pero, los capitalistas nunca tienen bastante dinero.

Llega la nube de cenizas del volcán islandés, y ya la patronal se pone a gritar que van a despedir a miles de trabajadores y trabajadoras de hostelería. Y sin embargo, salen ganando con las pernoctaciones de los turistas que no pueden volar y permanecen más días en las islas. Pero las trabajadoras tienen que seguir limpiando 17 o 20 apartamentos en lugar del máximo de 12 establecidos… porque hay crisis. Y Videoreport Canarias (la empresa que realiza los informativos de la Televisión “pública” Canaria) argumenta que la crisis les afecta, pese a recibir una asignación fija de 18 millones de euros del Gobierno de Canarias, y quiere superarla recortando derechos y salarios de los trabajadores. Y el Gobierno español, y el partido de la alternancia, el PP, y los gobiernos autónomos, se ponen del lado de los fuertes, no crean empresas públicas productivas para generar empleo, sino que advierten a las y los trabajadores con trabajo que no pueden seguir teniendo empleo fijo, como si tener trabajo fuera un privilegio y los trabajadores con empleo fueran los que especularon en los mercados y crearon la crisis. Y, además, lo dicen tan campantes, cuando aparecen la Península y en las Islas, casos de corrupción de políticos y empresarios, que se compinchan para enriquecerse con el dinero público. ¿Hasta cuando van a durar los tiempos bobos? La voracidad capitalista está encendiendo focos de fuego, aquí y allí, en medio del gran desconcierto de los que se ven expulsados del mundo del trabajo, de la noche a la mañana, y buscan una salida individual o de grupo reducido a su problema, hasta que entiendan que eso es necesario, pero a la vez, se debe luchar colectivamente. Que 4 millones de parados pueden cambiar el modelo económico y en Canarias más de 260.000, también. Los pirómanos capitalistas no deben olvidar que si se levanta del viento de la rebeldía, el fuego se va a extender. Si Grecia era un campo de ensayo, ahí tienen el parón total, sin aviones, sin barcos, sin trenes, la huelga general con una masiva respuesta, las batallas campales. La rebelión. Eso es lo que provoca la voracidad capitalista. LA REBELIÓN.

 
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