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Celebrado el 9 de septiembre de 2009


Resolución del comité central del partido comunista de madrid


Partido Comunista de Madrid / 30 sep 09

Recuperada la dimensión, la centralidad geográfica y la proyección de la Fiesta de un partido socialmente visible a través de su nuevo Manifiesto Programa y políticamente hegemónico en una formación política anticapitalista, el PCE habrá recuperado la confianza de un considerable contingente ciudadano en las elecciones municipales y autonómicas y su nueva dirección deberá preparar con orgullo y estratégicamente la celebración del 90º Aniversario de su fundación.

Para ello será precisa la rectificación de la acción política que hemos llevado a cabo en los últimos años, como señala la resolución precongresual aprobada por la dirección permanente. Una nueva convergencia alternativa deberá haberse ido gestando en torno a lo ideológico, no como mera recomposición de efectivos en las dimensiones y circunstancias de la actual IU, sino en un proceso de síntesis entre los principios y lo programático. No es hoy, por tanto, cuando empieza a decretarse el fin de la crisis sin solución de todos los desastres que ha acarreado, el momento de realismos ni de sociologismos a la defensiva para agotarnos en un débil “antineoliberalismo” que mantenga exclusivamente la confianza hacia nosotros de la cada vez más inocua y residual sensibilidad “progresista”. Sensibilidad, por otra parte, crecientemente próxima al miedo escénico frente a una eventual nueva hegemonía del PP. Tampoco es el momento de escuchar los cantos de sirena de quienes añoran la existencia de una izquierda beligerantemente anticapitalista pero que, aún así, seguirán votando al PSOE o a nadie. Sin dejar de mirar a los votantes del PSOE y sus bases y a los abstencionistas, es el momento de huir de nuestras cautelas y de la política que se escenifica en la sociedad e intentar que la nueva clase trabajadora vuelva a ser la parte más decisiva del necesario sujeto revolucionario.

Hemos fracasado en el paradigma fundacional de IU como concertación de individuos, organizaciones y movimientos críticos susceptibles de configurar un potente bloque de izquierdas alternativo y hemos sido los comunistas quienes hemos ido aportando la mayoría de los componentes de las familias y corrientes cuya presión hace hoy inviable el proyecto, mientras que los que no procedían de nuestra cultura lo han ido abandonando.

Lo que sí hemos conseguido en la última Asamblea de IU es un acuerdo orientado al mantenimiento de una presencia institucional cuya necesidad es innegable. Pero la mayoría de nuestros representantes institucionales siguen empeñados en demostrar lo obvio, que estamos contra el PP, más que por marcar una alternativa al sistema. Mientras, en lo interno, seguimos concertando acuerdos fuera de los ámbitos orgánicos que impiden el incremento de nuestra cohesión y contribuimos a la leyenda sostenida de un PCE retrógrado que lastra el desarrollo de IU.

Una IU que no puede seguir siendo el patético adalid de un giro a la izquierda del PSOE desde una representación orgánica y parlamentaria tricéfala y socialmente ilegible (coordinador, portavoz parlamentario y aliado en el Congreso). Mucho menos, cuando el PSOE está ya en la estrategia de un simbólico izquierdismo. Incluso en lo electoral, frente al previsible crecimiento del voto útil, sólo un claro y contundente mensaje ideológico, podrá situarnos a la altura de otras izquierdas anticapitalistas europeas.


La forma de estar en IU nos ha restado en los últimos años capacidades como marxistas en lo intelectual, lo cultural, la agudeza analítica y la penetración crítica en una sociedad con evidentes síntomas de fascismo derivados de su progresiva infantilización y desapego de la política. O volvemos a ocupar nuestro espacio en la sociedad para ampliarlo o terminaremos criminalizados. Ahora, nuestra reconstrucción para la refundación de IU-que no una nueva recomposición interna- nos plantea el reto de comprobar nuestro sentido como partido del movimiento obrero en esta fase de desmantelamiento de la clase trabajadora en estas ínsulas medrosas de fútbol sin pan y tercios guerreros en Afganistán y otras latitudes.

Para salir de esta nueva clandestinidad, de la invisibilidad en la que seguimos sumidos en un proyecto en el que sólo somos la minoría mayoritaria, podemos seguir incurriendo en la visión clemente que enfatiza lo que nos une y en la que cada sensibilidad entendería el anticapitalismo en sus ritmos y aplicación de una manera distinta hacia un objetivo común. Pero la realidad sigue siendo otra en IU. Por eso, el XVIII Congreso debe orientarse a la real hegemonía mediante la recuperación del entusiasmo para la construcción del movimiento político y social anticapitalista que en la teoría propugnamos.

Reconociendo la incapacidad que varias federaciones hemos tenido en el cumplimiento del método aprobado para elección del número de delegados, el balance final -que todavía estamos a tiempo de ponderar- no se corresponde, probablemente, con la militancia real en dichas federaciones. Por otra parte, ello no coadyuva a la potenciación de las federaciones más débiles o con mayores dificultades y puede contribuir a procesos de autonomización en el vacío.

Las tesis políticas contienen diagnósticos y propuestas programáticas sectoriales correctas, pero no son motivadoras para poner en marcha los mecanismos para una ofensiva anticapitalista a partir de los efectivos con los que contamos y para su incremento a medio plazo, empezando por la recuperación de la militancia perdida en los últimos años.

Las propuestas organizativas no deben conducir al centralismo burocrático. Deben ser instrumentos para sentar las bases del partido moderno y abierto que la situación requiere y para estimular un vuelco militante hacia la sociedad para recuperar la imagen y el prestigio que nunca debimos perder. Son incompatibles la construcción de la convergencia necesaria y las propuestas burocrático-disciplinarias para la vida del Partido.

La propuesta de estatutos incorpora elementos voluntaristas inviables para una cohesión que no se da en lo político e inaplicables en relación a la nueva frágil mayoría en IU y no toma en suficiente consideración la dimensión y características de los conflictos existentes. Vuelve a consagrar el principio de un hombre, una mujer, un voto en IU, contribuyendo con ello a la consolidación de unas prácticas internas indeseables en IU y plantea, al mismo tiempo, excepciones incompatibles con la actual realidad del proyecto. Incurre en contradicciones en relación a la doble militancia y no es la propuesta necesaria para el funcionamiento de un partido decidido a la refundación de un proyecto anticapitalista y que necesita ejercer toda su autonomía allí donde sea imposible desenvolverse en determinados marcos de la actual IU.


El XVIII Congreso no debe incurrir en una continuidad sólo garante de la presencia institucional de la actual IU, sino aportar el nervio para el impulso de un movimiento político y social anticapitalista y republicano alternativo al bipartidismo y para sentar las bases de la más amplia convergencia que hoy requieren los intereses de la clase trabajadora realmente existente y la construcción del socialismo.

El Partido no es un ente abstracto a la eterna disposición de la emancipación, sino el instrumento del antagonismo que debemos ir incrementando frente a la contradicción principal. Tras los desalentadores resultados que han dado nuestros esfuerzos para su fortalecimiento y cohesión interna, es el momento de recuperar la coherencia y la autonomía necesariamente previas a otra forma de entender, propiciar y estar en una nueva convergencia crítica y alternativa con todos y todas los y las que sigan convencidos de la posibilidad de la superación del sistema. El anticapitalismo no es hoy un enunciado ni una aventura hacia la nada.

Mientras en los mundos, especialmente América Latina, que han sufrido la opresión histórica del capitalismo en todas sus fases sin haber conseguido nunca el llamado estado del bienestar, cobran sentido nuevas vías para su emancipación, en nuestro continente, cómplice necesario de la crisis y sus secuelas, cobra mayor vigencia el marxismo, el anticapitalismo programático y movilizador frente a su recomposición a costa de la clase, y como apoyo a esos pueblos que despiertan.

Para que no nos deslumbre nuestro éxito en IU, propugnamos un Congreso, presidido por la profunda autocrítica de quienes hemos sido dirección desde el anterior, como elemento imprescindible para la inexcusable unidad. Un Congreso que debe ser el punto de partida político, organizativo y estatutario para la construcción de una nueva convergencia anticapitalista y republicana mucho más allá de la actual realidad y el equilibrio inestable -que no hegemonía- existentes en IU. Para la acción de un Partido sin servidumbres, capaz de impulsar ese bloque social alternativo recuperando su centralidad en los movimientos sociales, reagrupando las sensibilidades republicanas, y que se desenvuelva en lo institucional como fuerza hegemónica en una formación política programáticamente anticapitalista, republicana, federal y solidaria.

 
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