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Izquierda Unida


Terminator LLamazares y el viaje de "Izquierda Xunida" a ninguna parte


Francisco de Asís Fernández Junquera / 31 oct 08

Corrían “tiempos felices”. La Asturias universal, minera y roja, la del 34, la del maquis indómito, la de las grandes huelgas de los 60, la que alumbró las Comisiones Obreras, pese a la caída del Muro, a la transición “de aquella manera”, a la tragedia de Perlora en vísperas del IX Congreso del PCE, fruto de una división evitable e impuesta por las prisas autoritarias de Carrillo, había dejado un poso combativo y organizado: comenzaba el siglo XXI y el PCA y su proyecto, IU de Asturias, gozaban de buena salud en comparación con sus correlatos de otras regiones del Estado. Un joven médico había venido a poner orden en un partido trizado por fuertes localismos, muy “sindicalizado” y en permanente confrontación entre el sector minero (cuenca del Nalón) y el del metal (Gijón, Avilés), al que había que sumar las continuas especificidades del núcleo “intelectual” radicado sobre todo en Oviedo.

El Dr. Llamazares, ajeno a unos y otros, distante y ladino, y sus “mariachis”,como él mismo los llamaba, haciéndose pasar por los más anguitistas, venían practicando la geometría variable de la política “avant la lettre” durante los 90, es decir, diciendo a cada uno lo que prefería oír, o sea engañando a todo el mundo y “vendiendo” los buenos porcentajes electorales de IU en Asturias.

Así, ejercieron entre los más feroces inquisidores contra “Nueva Izquierda” mientras les convino, pero un buen día, cuando se sintieron fuertes, creyeron llegado el momento del órdago: Llamazares se autoproclama candidato a la Coordinación Federal.

Algunos advertimos a tiempo de su doble cara, porque habíamos padecido sus métodos en Asturias, pero nadie nos escuchó.

Tal vez por aquello de que “a siglo nuevo, vida nueva”, levantaron el estandarte de la renovación, amalgamaron lo más oportunista y posibilista de la organización junto con algunos convictos de Nueva Izquierda que se habían agazapado permaneciendo travestidos en IU, y con el ingenuo apoyo de no pocos militantes de buena fe, se lanzaron a la aventura. El Dr. Llamazares tuvo suerte y por un voto de diferencia en el Consejo emanado de la VI Asamblea Federal se vio coronado Coordinador General de IU.

Lo que vino después es bien conocido: quiebra de la democracia interna, estilo de camarilla, políticas complementarias y subalternas del PSOE, endiosamiento de lo institucional, concepción mediática de la política, menosprecio de la militancia, abandono de los movimientos sociales, sostenido desplome electoral, pérdida galopante de implantación social, abandono de la definición ideológica de IU, actuación reiterada de espalda a los órganos (Ley de Educación, Ley de Defensa, Presupuestos Generales, etc.).

Izquierda Unida se convertía en un triste guiñapo, caricatura y negación de lo que había sido, dirigida a partir de un estrabismo político que ponía un ojo en Ferraz, otro en el Grupo Prisa, entre guiños constantes a las cúpulas sindicales.

Es impensable que semejante desnaturalización de IU pudiera hacerse desde el acuerdo consciente y mayoritario de una militancia que continuaba siendo honesta, abnegada y leal a los principios que alumbraron IU. Fue necesario desarrollar las peores artes de aparato para mantenerse a toda costa en el poder: Pretensión (fracasada) en la VII Asamblea para cambiar lo rojo por lo verde, trampa en la VIII para seguir mandando con el 49%, golpe de Estado en Asturias con “limpieza étnica” de comunistas y anulación de candidaturas democráticas, expulsiones en Salamanca, “pesca” en todos los rios revueltos que discurren (Extremadura, puntos de Andalucía, Cataluña…), consulta preelectoral manipulada, injerencia en el País Valenciano, fontanería preparatoria de la XI Asamblea federal.

Es en esa desgarrada trayectoria donde a Asturias se le asignan bien tristes cometidos:

En marzo de 2006, preparación de un Congreso del PCA, tan trufado de trampas y chanchullos para garantizar lo que luego fuese necesario hacer en IUA sin mayores problemas, que hubo de ser anulado y repetido. En el paño del Partido carecían de un ámbito federal que amparase sus desmanes.

En noviembre de 2007, celebración de una Asamblea de IUA con la exclusión de cientos de “desaparecidos”. Se autoproclama independiente como “Izquierda Xunida” (“IX”) con una definición nacional- ecologista y se inscribe como partido político en el Registro del Ministerio del Interior con un nuevo CIF y unos Estatutos que chocan con los de IU.

Llamazares no se da por enterado y aplaude. Su mayor edecán, Rubén F. Casar, colabora para la inscripción de “IX” como partido. Ni la Presidencia Ejecutiva ni el Consejo Federal son consultados y, por tanto, no emiten las preceptivas resoluciones ni sobre la inscripción ni sobre la homologación de los Estatutos. Todo ellos en expresa y flagrante trangresión de los Estatutos de IU. No importa. En Asturias el “llamazarismo” se ha blindado frente a la derrota en una Asamblea federal.

¿Qué hacen después? Cuando en las elecciones de marzo pintan bastos y aquella “IX” coaligada con Verdes y nacionalistas del Bloque encaja el peor descalabro de su historia en el marco de la debacle general de IU, todavía piensan en salvar los muebles. Llamazares no dimite al día siguiente como sería exigible desde un mínimo de decencia. Se crea una Comisión Unitaria preparatoria de la IX Asamblea, que aún confían en manipular. Pero el intento se estrella ante el clamor real de la militancia, la coherencia de un PCE que ha ido recobrando músculo político y la consolidación de la denominada “3ª vía”, que quiebra la cohesión del “aparato”.

Desvanecida la ilusión llamazarista de imponerse a golpe de maniobra, ensaya nuevos trucos. Si no puede hacerse con el juguete está dispuesto a romper el juguete. Y es aquí donde la “IX” de Asturias vuelve a ser utilizada como el más fiel peón de brega. Su Dirección impugna primero internamente el proceso hacia la IX Asamblea. Y, como la impugnación no prospera, tres miembros de la Dirección de “IX” (Melania, Pablo y Pedro) interponen una demanda contra IU federal dirigidos no por un letrado cualquiera sino por el abogado y representante de “IX”, Alfonso Suárez. En la demanda piden nada menos que la IX Asamblea se celebre sin la participación de Andalucía, País Valenciano, Madrid y Galicia. Tal como suena.

Pero además piden que se dicten por el Juzgado medidas cautelares para que la IX Asamblea sea, por de pronto, suspendida.

Y ¡qué casualidad! al día siguiente de admitirse a trámite la petición de medidas cautelares, Llamazares anuncia que va a dimitir ¡por fin!.

¿Pero dónde? No ante el Consejo Político Federal que lo eligió, ni, mucho menos, ante la Asamblea federal. No. Lo hace el 25 de octubre ante la Asamblea de “IX” de Asturias. Con ello mata tres pájaros de un tiro: se libra de presentar Informe de gestión y que se le vote en contra, se despide cálidamente entre los fieles de su claque y, de paso, los encorajina, diciéndoles que son sus hijos predilectos (le faltaba lo del paternalismo) y los depositarios de la verdadera refundación del Proyecto. Genial. No sin antes, para mayor confusión y para dejarse todas las salidas abiertas, haberse distanciado ante los medios de comunicación, de la demanda de “IX” contra IU.

Por su parte, los demandantes no acuden el día 24 a la vista judicial señalada para las medidas cautelares de suspensión de la IX Asamblea, lo que implica su desistimiento, pero mantienen la demanda principal que, si prosperase, supondría la anulación de la Asamblea. Con ello permitían una dimisión más cómoda de Llamazares el día 25 (más “amable”, se dice ahora), pero mantienen la espada de Damocles sobre la IU refundada de la IX Asamblea. Si el negocio les saliera bien, podrían usar el éxito judicial para tratar de mejorar su correlación de fuerzas en una nueva Asamblea repetida; si les va mal, siempre pueden constituir “otra cosa” desde la independencia de “IX”, que, a juzgar por lo que proclaman, bien podría ser una especie de convergencia de izquierdas periféricas descafeinadas, de corte más o menos verde y nacionalista y más o menos amable con el PSOE, a la que “IX” podría aportar, de paso, la respetabilidad (y el dinero) que le daría su reincorporación al Gobierno de Asturias que ya está a punto de caramelo (o de lentejas). Llamazares que ya avisó a navegantes, desde Asturias, de su continuidad en política, siempre tendría un lugar en un proyecto así.

Enseguida, los más conspicuos dirigentes de “IX” para seguir preparando el terreno, envían una comunicación deslegitimando las reuniones de la Presidencia y del Consejo Político Federal del 27 de octubre, en su empeño por impedir la refundación de IU desde el debate democrático y la participación. Una vez más optaban por la confrontación y mantener las espadas en alto.

Pero la historia va poniendo las cosas en su sitio: Resulta que los “desaparecidos” los que íbamos a cargarnos IU desde no se sabe que ortodoxia, éramos los que de verdad la queríamos como proyecto anticapitalista, republicano, federal y participativo, como movimiento político y social en el que los partidos conservan su condición de tales. Otros, por lo visto, sólo se quieren a sí mismos y se empeñan en continuar utilizando las organizaciones como un serrallo o un cortijo.

Francisco de Asís Fernández Junquera
Secretario General del PCA.
Miembro de la Presidencia Ejecutiva Federal de IU.

 
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