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Andalucía


4 de diciembre, fecha de significado histórico para Andalucía


Juan de Dios Villanueva Generoso, Secretario Político Provincial PCA-Sevilla / 10 dic 07

Treinta años y la amnesia planificada son capaces casi de borrar, no ya una fecha, sino su significado histórico.

El 4 de diciembre de 1.977, millones de andaluces tomaron las calles de las ocho capitales y de muchos pueblos de nuestra tierra para reivindicar la autonomía para Andalucía. El pueblo andaluz exigió su condición de Nacionalidad Histórica y esa reivindicación corrió como un torrente que desembocó en el 28 de febrero de 1.980 rompiendo el esquema diseñado en Madrid, y compartido por los nacionalísmos vascos y catalanes, que consistía en “confederar el norte y regionalizar el sur”. Con ésta victoria se abrió la posibilidad a todos los territorios de España de optar a un autogobierno en igualdad de condiciones y, por tanto, de abrir en un futuro (que es nuestro presente),el debate sobre el Estado Federal.

No hay, por tanto, contradicción ni motivo para la polémica entre una fecha y otra sobre cuál es la más adecuada para considerarla como día de Andalucía. Sin el impulso del 4-D nunca se hubiese podido dar con tanta fuerza la batalla que desembocó en la victoria del 28-F y sin ésta victoria, la fecha del 4-D hubiera quedado desdibujada en la historia.

En este contexto histórico, el asesinato en Málaga por una bala de la policía de José Manuel García Caparrós, militante de CC.OO, añadió al 4-D la sangre derramada de un joven que cometió el terrible delito de intentar colgar la bandera blanca y verde en el balcón de la diputación. Este crimen no fue un hecho aislado, se suma, a los otros cien que, entre 1.976 y 1.981 (la llamada “modélica y pacífica transición”), fueron cometidos por grupos de la ultraderecha o de las propias fuerzas de orden público y que nunca fueron investigados.

La lucha por la autonomía andaluza fue (y seguirá siendo) la lucha de la izquierda frente a la derecha. La historia de Andalucía, desde la segunda mitad del Siglo XIX, siempre se ha situado en el vórtice de la lucha de clases. Aquí no hubo ni hay una reivindicación identitaria-etnicista ni separatista. En Andalucía el hecho diferencial siempre fue la reivindicación de la igualdad y el enfrentamiento con los que, dentro y fuera de la misma, impedían e impiden la consecución de ese objetivo. Andalucía es imprescindible para ayudar en la transformación del conjunto de los pueblos de España. En ningún otro lugar del estado se da en la historia una conjunción tan natural entre las reivindicaciones de clase y las aspiraciones autonomistas, nacionales o como cada uno quiera llamarlas.

Todas éstas cosas se atreve a decirlas alguien, como yo, que en aquel entonces tenía once años, que observaba quién, en su pueblo, pedía la autonomía y quien no lo hacía, que veía la bandera verdi-blanca en las ventanas de los barrios humildes y a la “nacional” en los balcones de los pudientes de las calles del centro. Un alumno de EGB que aprendía de la profesora de religión (una monja cercana a la teología de la liberación), las sevillanas de la autonomía, el credo campesino y el himno de Andalucía.

 
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