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Partido Comunista de Madrid


Informe del Comité Ejecutivo del Partido Comunista de Madrid


Comité Ejecutivo del Partido Comunista de Madrid / 16 jul 07

Incluso en las valoraciones más triunfalistas de los resultados de las recientes elecciones efectuadas por la cúpula dirigente de IU hay un inevitable reconocimiento, por obvio, de los malos resultados que, en general, venimos obteniendo en los grandes núcleos de población de las áreas metropolitanas, en las zonas que dimos en denominar en épocas más brillantes “cinturones rojos”. Ya hicimos en la resolución del pasado Comité Central una valoración sintética de las circunstancias internas que han agravado esa tendencia en el caso de nuestra región y sobre las que no ha habido una adecuada autocrítica por parte de la dirección de IU-CM.

Cuando se constata que nos ha ido relativamente mejor en el “medio rural”, en esta y otras federaciones, no se trata, obviamente, de que hayamos accedido a un voto tradicional o del campesinado inexistente, sino de que nuestro perfil programático sigue siendo atractivo para sectores de la pequeña burguesía que han optado por residir en núcleos de población de las segundas coronas metropolitanas en busca de lo que entienden como una mayor calidad de vida. Eso, que es parcialmente útil y se ha debido al esfuerzo de pequeñas organizaciones locales a las que ya rendimos homenaje, consolida una tendencia derivada del perfil radical pequeño-burgués del proyecto. Pero una formación política que se sigue reclamando como alternativa al bipartidismo neoliberal, o vuelve a enfatizar sus alternativas hacia la mayoría de la clase trabajadora en sus actuales circunstancias o subsistirá a duras penas pagada de su “influencia” en distintos territorios y localidades con cada vez menos votos y con organizaciones de base en extinción.

Todo ello desde la perspectiva electoral, pero desde lo más sustancial, desde el punto de vista político, como comunistas, no podemos seguir aceptando el papel de comodín “influyente” del PSOE en lo superestructural, ni podemos confiar en la efectividad de la mayor exigencia verbal de mera coyuntura electoral de los dirigentes mediáticos de IU que no se corresponde con la política que se sigue aprobando en los órganos federales, igual de ambigua, paranoica respecto al PP y no beligerante contra el PSOE y la contradicción principal que su modelo económico y social sigue agudizando. Por más esfuerzos escénicos que han intentado nuestros portavoces en el debate del estado de la Nación, ha quedado bien patente el abrazo del oso de Zapatero sobre el grupo parlamentario de IU-ICV.

La recuperación democrática que para el proyecto exigimos, en un contexto de corrupción sistémica que a todos nos contamina, es sólo la condición necesaria pero no suficiente. Es precisa la recuperación política para la ofensiva cultural e ideológica reconstruyendo el discurso en la práctica política como ha reclamado nuestro Secretario General en su resumen en el pasado Comité Federal. Y ello, sin sectarismos ni claudicaciones, estrechamente vinculado al abuso y la estafa que supone el galopante proceso de acumulación capitalista sin reparto, como describe la nota de nuestro Presidente Ejecutivo sobre la situación económica que se adjunta; con la paulatina destrucción de todos los mecanismos e instrumentos de recuperación del salario indirecto; con una abierta declaración de guerra social por parte de la patronal, como señala el Informe del Comité Federal; y con medidas populistas como el “cheque bebe” que pretenden mantener una paz social que tenemos la obligación de intentar quebrar aún siendo conscientes del nefasto papel que están jugando los agentes sociales, especialmente nuestro sindicato de referencia. Recogiendo las intervenciones de varios camaradas de Madrid, el Secretario General ha enfatizado la vigencia de poner en primer plano de nuestra acción la exigencia de la negociación colectiva. Ya, en el último Comité Ejecutivo Federal, desde la Secretaría del Mundo del Trabajo se pidió una reposición estratégica centrada en los trabajadores más que en los movimientos sociales y las alianzas. Mientras tanto, IU sigue sin reconocer a sus contrarios, Rato y Solbes, en la misma medida como agentes de la clase dominante.

Por su claridad transcribimos el siguiente párrafo de la intervención del camarada Javier Navascués en un reciente foro de debate sobre el estado de IU: “El mundo de la vida está poblado por relaciones sociales, valores, intereses de género, culturales, generacionales...por la pluralidad de las identidades, en suma. Es más amplio y complejo que el mundo de las relaciones de producción pero en absoluto es ajeno a ellas. En esa complejidad se generan y toman forma los procesos de mercantilización que impulsa el proceso de acumulación capitalista. Y esto es algo que necesitamos desmenuzar más y conocer mejor. De lo contrario, el derecho a la vivienda se convierte en una compulsión para enladrillar más, la prostitución se convierte en un problema sindical y la solución al patriarcado en el derecho a casarse de las personas homosexuales. Para encontrar el hilo rojo del que nos reclamamos tenemos que profundizar mucho más en nuestra comprensión de cómo el capitalismo actual impacta en los diferentes grupos, territorios, capas...”. Y debemos añadir, en la propia sostenibilidad del modelo económico frente al que el programa de IU y su política de alianzas, alejada de los sectores laborales más descalificados y precarizados, es irrelevante como señala el artículo de Eddy Sánchez Iglesias en el “Mundo Obrero” de julio-agosto, cuya lectura recomendamos.

No cabe estupor alguno ante la abstención del precariado y el desplazamiento del voto al PP de los que ganan menos de 700 euros, si caracterizamos a las cosas por su nombre. El cambio del nombre de las cosas no cambia su sustancia. En las grandes ciudades y sus áreas metropolitanas se está produciendo una creciente lumpemproletarización (castellanizamos el término), sólo imputable todavía relativamente a la inmigración, que en la Comunidad de Madrid afecta ya a un 20% del electorado potencial. Es posible que con claridad y rigor en las alternativas podamos recuperar parte de la abstención de “castigo” de quienes ya no encuentran en IU una alternativa de izquierdas (profesionales, residuo proletario del cada vez más escaso tejido industrial, rebeldes, radicales...) y mantener un porcentaje que, simplemente, no nos haga desaparecer del espectro parlamentario. Esa es la atmósfera en que actualmente respira IU y, dentro de ella, casi todas sus familias y corrientes aferradas a particulares clavos institucionales donde agarrarse por muy ardientes que estén (vg.: Leganés, sin ir más lejos), sin más horizonte que la pervivencia en si misma a corto plazo. Pero ello, además de suicida en lo institucional, no puede, obviamente colmar nuestra visión y nuestra praxis en un proyecto que seguimos creyendo útil, desde sus fundamentos fundacionales, como instrumento para la transformación social. Recuperar para él el hilo rojo y republicano en torno a la contradicción principal hoy exacerbada, desde el pensamiento marxista vivo en las nuevas condiciones, desde la praxis política íntimamente relacionada con la cotidianidad, desde la práctica institucional ejemplificadora y siempre programática y a través de la pedagogía (proselitismo) de la necesidad y posibilidad de un socialismo en democracia, es nuestra obligación y vocación. Desde la que consideramos como una IU bien fundada y fundamentada (en Alemania, Italia y probablemente Francia, están dando ejemplos de que no nos equivocamos hace veinte años, aunque no hayamos sabido gestionar el proyecto), vamos a seguir luchando por la regeneración democrática y política de una izquierda plural, unida y sustancialmente roja y única en todo el Estado. Por eso el Partido propuso la convocatoria de una Asamblea Federal antes de las próximas elecciones generales.

El reciente Consejo Federal de IU, además de desvelar con claridad el alcance real de la aproximación táctica a nuestras posiciones de aquellos compañeros de Madrid que sólo buscan en ella consolidar su poder institucional para votar a renglón seguido con lo que más se lleve en la correlación de fuerzas interna, ha supuesto, entre otras cosas, por ese reposicionamiento que nada tiene que ver con ningún tipo de política, la consolidación del 60% del que siguen disponiendo Llamazares y su equipo y, por consiguiente, el rechazo de nuestra propuesta de Asamblea Federal. No cabe, por tanto, otra cosa que esforzarnos por defender la estatutaria autonomía territorial de nuestra federación, siempre que se ejerza desde las garantías democráticas y participativas exigibles, en un escenario donde lo previsible, en el mejor de los casos, es que podamos repetir grupo parlamentario si conseguimos diputados en Madrid, Córdoba, Sevilla, Valencia y Asturias.

Por experiencia sabemos de la fragilidad de esa autonomía-soberanía, más allá de la competencia última del Consejo Federal para ratificar y decidir el candidato a la Presidencia del Gobierno, frente a los pactos cupulares, pero si perdiéramos la oportunidad de volver a intentar la revitalización orgánica y política de IU-CM en este proceso, contribuiríamos a perpetuar un modelo de dirección regional ausente de la política y liquidacionista en lo organizativo.

No sólo disponemos de un instrumento tan útil como ha revelado ser el Consejo Político de Madrid Ciudad, al que debemos volver a prestar atención preferente, sino que el cambio de escenario que supuso la última Asamblea Regional sigue siendo el fundamento de nuestras posibilidades de incidencia en IU-CM para propiciar un amplio acuerdo sin exclusiones fundamentado en el respeto democrático a todas las posiciones para hacer valer la estatutaria soberanía que corresponde a esta federación en la elección de sus candidatos/as al Parlamento de la Nación, a través de un real y efectivo proceso de primarias.

No podemos caer ni en el pesimismo, ni en el desaliento que puede inducirnos la muy próxima experiencia de las candidaturas al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Tampoco nos vamos a agotar en la nueva, inminente y necesaria tarea electoral, pero si en ella conseguimos seguir aglutinando a la pluralidad crítica en torno a lo que defendemos para IU e IU-CM, estaremos avanzando en el reconocimiento de nuestra capacidad como Partido para impulsar la convergencia de izquierdas que, sobre el papel y el todavía meritorio entusiasmo de muchas y muchos militantes, sigue suponiendo IU.

Hemos iniciado, en este órgano y en el Comité Central, un proceso de reflexión autocrítica como PCM y PCE que, además de servirnos para todo lo anterior, debe ser el fundamento del trabajo militante sostenido en el tiempo, junto a la UJCE, más allá de lo institucional, que nos permita ser ese factor de ruptura de la alienante paz social. Para ello, el próximo Comité Central que celebraremos en Octubre, debe revisar los planes de trabajo de las Secretarias e impulsar los ya programados, para organizar nuestra acción de largo recorrido en un horizonte postelectoral que, no necesariamente va a conllevar catarsis en IU y PCE, sino, más probablemente, inmovilismo y mantenimiento de tensiones. Si así no fuera, debemos estar preparados para no abandonar lo principal, nuestro papel histórico de instrumento al servicio de la clase.

 
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