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Resolución del Partido Comunista de Asturias


El Partido Comunista de Asturias ante los nuevos intentos de arrebatar su patrimonio y los tristes sucesos del 31 de mayo en su sede central de Plaza de América


Partido Comunista de Asturias / 09 jun 07

El Partido Comunista de Asturias, tras la celebración de su VIII Congreso el pasado 24 de marzo, se encontró con la permanente obstaculización al desarrollo de sus actividades por parte de anteriores dirigentes del Partido, de connotados cuadros de IU sin carné partidario y de una serie de responsables locales.

La continua aparición de antiguos dirigentes en los medios de comunicación y en actos públicos, arrogándose competencias que ya no tenían, el desvío y sustracción de materiales enviados por el PCE, impidiendo su distribución (700 Mundo Obrero y 2.500 carteles del 1º de mayo); la negativa a dejar libres los espacios de trabajo para las Secretarías del PCA, a pesar de comedidos requerimientos; el “filtrado” y bloqueo de llamadas telefónicas; la incautación de correspondencia; los continuos cortes en Internet y la falta de colaboración del personal administrativo de la casa, determinó que, por acuerdo del Comité Central del PCA, se procediera a tomar posesión de los despachos pertenecientes al Partido y a garantizar la accesibilidad a los espacios comunes, respetando en todo caso, escrupulosamente las dependencias en las que, con consentimiento generoso del PC, se venían desarrollando actividades de Izquierda Unida.

Tras una semana en que parecía ir consolidándose la situación y en que comenzó a hacerse posible el trabajo de la Dirección del PCA en las dependencias que le corresponden, los antiguos dirigentes del PCA que optaron por no participar en un congreso en que pudieron hacerlo, amparándose ahora en supuestos títulos de IU, el día 29 de marzo, tomaron la totalidad de la Sede Central del PCA, cambiaron cuantas cerraduras quisieron, incluida la general de acceso al inmueble, y contrataron a una empresa privada que situó guardias de seguridad con instrucciones precisas de impedir el paso a la Dirección del Partido y, en general, a toda la militancia, salvo un puñado de nombres que llevaban impresos en una lista.

Denunciados los hechos en la comisaría, pasaron las actuaciones al Juzgado por presuntos delitos de usurpación, allanamiento y coacciones.

El 30 de mayo varias decenas de camaradas que, como el día anterior, acudieron a la sede consiguieron entrar convenciendo de sus razones a los propios guardas de seguridad dos de los cuales, que fueron brutalmente presionados por la empresa y por dirigentes de IU para que actuaran violentamente contra los comunistas en su propia sede, decidieron arrancarse los distintivos, despojarse de sus defensas y/o renunciar al trabajo en la empresa, confraternizando con los camaradas y perdiendo su puesto de trabajo. Otros vigilantes menos comprensivos les sustituyeron.

Al día siguiente, la juez que instruía el caso acordó la inmediata retirada de los vigilantes y la entrega al PCA de la llave general del inmueble y de cuantas cerraduras habían sido forzadas y cambiadas, restituyendo la sede a su situación compartida con anterioridad al 29 de mayo.

Sin embargo cuando decenas de camaradas de diversas localidades se encontraban en la sede celebrando pacifica y alegremente que al fin se hacía justicia, sobre las seis y media de la tarde una turba amenazadora y violenta ascendió por las escaleras de Plaza de América para imponer por la fuerza su propio dominio de la sede.

Venían organizados y al mando de los máximos dirigentes de IU. Incluso se llegó a fletar un autobús para la ocasión. Abundaban los cargos públicos de las Consejerías, el Parlamento y los Ayuntamientos. Lógicamente para prevenir el riesgo de un enfrentamiento, los camaradas cerraron la puerta de la sede y se vieron obligados a llamar a la policía.
Los violentos de fuera continuaban vociferando, golpeando la puerta y arrojando objetos desde las ventanas de la escalera a las de los baños de la sede. Cuando llegó la policía dijeron que venían a una “reunión”, extremo imposible de creer ya que pasaban de ochenta y el aforo del salón de reuniones no pasa de cuarenta.
Algunos camaradas que optaron por salir de la sede (un diabético insulinodependiente, un camarada de 81 años, el secretario de Organización del PCE, Fernández Sánchez y el Secretario de Formación Política del PCA) fueron groseramente abucheados, insultados e incluso recibieron zarandeos y patadas. Otros que estaban fuera y quisieron acercarse fueron violentamente golpeados y hasta un periodista que estaba realizando su trabajo hubo de ser retirado en camilla y atendido de urgencia en el hospital. Tal era la violencia de los sitiadores que la propia policía hubo de requerir la presencia de una unidad antidisturbios.

Más allá de la calificación de estos hechos vandálicos merezcan al Juzgado que los está ya enjuiciando, el Partido Comunista de Asturias manifiesta su más enérgica condena a semejantes actuaciones violentas que nada tienen que ver con la legítima discrepancia de ideas ni con el debate político. Sorprende hasta que punto la intransigencia, el sectarismo y el odio han hecho perder la responsabilidad a quienes se sentían heridos por haber perdido el Congreso del Partido, por haber conducido a IU al fracaso en las elecciones municipales y autonómicas y por haber perdido unas medidas cautelares en el Juzgado. La presencia en la algarada de los más altos dirigentes de IU de Asturias, Jesús Iglesias, Noemí Martín, Teo Esteban, Francisco Javier G. Valledor, Jesús Montes Estrada (Churruca), Orviz o Luis Alvarez, entre otros, da buena prueba de la irresponsabilidad de semejantes dirigentes máxime cuando se encuentran en negociaciones postelectorales y les invalida y descalifica política y moralmente para el ejercicio de cualquier función representativa, de gobierno o de dirección política.

El Comité Central del Partido Comunista de Asturias abrirá los pertinentes expedientes para depurar las responsabilidades internas a que hubiere lugar y continuará garantizando la libertad de los militantes del PCA, el ejercicio de los derechos de éste y los acuerdos del VIII Congreso para reconstruir el Partido en Asturias.

 
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