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Llamamiento del PCE


El mundo, otra vez, debe gritar: ¡No a la guerra!



PCE / 12 abr 18

De nuevo, en Estados Unidos suenan las trompetas de guerra: el presidente Trump se ha permitido amenazar públicamente a Damasco, y a Moscú, con el lanzamiento de misiles sobre Siria, con un lenguaje frívolo y grotesco que muestra hasta qué punto los gobernantes norteamericanos no han aprendido nada del horror de las guerras en Oriente Medio en los últimos quince años. Tras la invasión de Afganistán en 2001, la guerra y ocupación en Iraq en 2003, justificada con la mentira de las “armas de destrucción masiva” con que Washington intoxicó al mundo; el asalto a Siria a partir de 2011 y el derrocamiento del gobierno libio el mismo año, la guerra impuesta al Yemen, y los peligrosos focos de tensión en la península de Corea o en el Mar de la China meridional, las palabras de Trump muestran que un nuevo peligro acecha: que la guerra Siria se convierta en un enfrentamiento generalizado. En esos quince años, más de dos millones de personas han perdido la vida en Oriente Medio, sobre todo en Iraq y Siria, también en Afganistán. Ahora, la tríada de la guerra (Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí), con el apoyo explícito de Francia y Reino Unido, y el silencio del resto de la Unión Europea, amenaza con nuevos ataques, y el rechazo norteamericano e israelí al acuerdo nuclear firmado con Teherán aumenta el riesgo de que Irán se vea envuelto en la guerra.

Estados Unidos desafía de nuevo la voluntad del mundo de vivir en paz. Violando el derecho internacional, ignorando las resoluciones de las Naciones Unidas, reclutando mercenarios para infiltrarlos en países considerados enemigos, enviando grupos de operaciones especiales a distintos países con la misión de asesinar, bombardeando a la población civil en distintos escenarios, destruyendo ciudades como Faluya, Raqqa o Mosul con un insultante desprecio por la vida humana, ignorando el sufrimiento de millones de personas, la máquina de guerra norteamericana ha llevado la muerte, el horror y la destrucción a demasiados territorios del planeta, y, ahora, amenaza de nuevo con iniciar otro apocalipsis guerrero en una loca dinámica que parece no tener fin.

Siria soporta la maldición de siete años de guerra, con centenares de miles de muertos, millones de desplazados, la destrucción de buena parte del país, y, con las palabras de Trump, vislumbra ahora una nueva pesadilla. El supuesto ataque químico en Duma, del cual la única instalación médica de la zona, el hospital local, ha confirmado que no ha tenido constancia y que, en todo caso, debería ser investigado por la ONU para llegar a conclusiones verídicas, recuerda a la mentira de las “armas de destrucción masiva” en Iraq: un señuelo propagandístico para señalar un culpable e iniciar el ataque militar, siguiendo los patrones del más descarnado y feroz imperialismo. Como se ha visto en anteriores acusaciones de supuestos ataques químicos lanzados por el gobierno de Damasco, el recurso a la mentira y la intoxicación por parte de Estados Unidos es constante.

Por eso, partidos políticos, organizaciones sociales, culturales, ciudadanas, toda la ciudadanía, debemos involucrarnos en esta hora tan urgente en una gran movilización unitaria para defender la paz. Hay que exigir a los gobiernos europeos que presenten iniciativas de paz en las Naciones Unidas, hay que pedir a los parlamentos del mundo que levanten su voz por la paz y que lancen proclamas llamando a sus ciudadanos a defenderla.

Hay que hacer que los sindicatos convoquen a los trabajadores y trabajadoras en las empresas a detener el trabajo aunque sea durante un minuto, un solo minuto por la dignidad y por la paz. Hay que conseguir que los trabajadores y los ciudadanos salgan a las calles de nuevo para detener una peligrosa dinámica guerrera, porque estamos ante una escalada sin precedentes en los últimos años.

El mundo debe levantar la voz, salir a las calles, levantar un muro contra la infamia y la guerra, debe hacer llegar el grito de la razón y la cordura hasta las mesas del Pentágono, hasta las salas de Bruselas de la OTAN, a los Estados Mayores, hasta los gabinetes de guerra, hasta los consejos de ministros.

Siria quiere la paz. El mundo necesita la Paz. Y es el momento de exigirla.

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