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Izquierda Unida


Criterios para una valoración política del resultado electoral de Izquierda Unida



Area de organización / 12 abr 08

Documento de apoyo para el debate en las organizaciones del partido

INTRODUCCIÓN
La realidad política de la izquierda española después del 9 de marzo no es otra que la de una derrota política y electoral sin paliativos de IU, lo que le ha llevado al nivel de apoyo social y electoral más bajo de su historia.

Es necesario un trabajo político, ideológico y organizativo que sitúe en primer término el análisis de las causas de fondo que han llevado a IU a la situación actual. Este trabajo aparece como más importante, si cabe, ante la constatación de la aparición de dos tendencias que surgen en el debate actual dentro de IU después del 9 de marzo:

· El entender que la derrota electoral de IU es consecuencia de un clima interno conflictivo causado por la negativa de sectores de la organización (fundamentalmente el PCE) a asumir la línea política marcada desde la coordinación general, unido a un clima político e institucional hostil a Izquierda Unida (bipartidismo, voto útil y Ley Electoral).

· El de entender que el debate sobre la reconstrucción de Izquierda Unida se debe reducir a la esfera organizativa y de construcción de una nueva dirección política.

La realidad de Izquierda Unida requiere de una clarificación del marco en el que debemos situar de manera prioritaria el debate. Una legislación electoral antidemocrática y la involución política española hacia formas de marcado carácter presidencialista, no explican por sí solas el alcance de la crisis que vive IU consecuencia del resultado electoral cosechado el pasado 9 de marzo. El debate dentro de Izquierda Unida y el PCE requiere de precisar y definir las causas de fondo que han llevado a la situación actual. Para ello el siguiente documento parte de las siguientes consideraciones analíticas:

· La necesidad de caracterizar cuál ha sido la línea política seguida hasta ahora como condición desde la que poder poner las bases de una nueva centralidad política y organizativa basada en la reconstrucción de IU.

· El reconocimiento de que la crisis de IU tiene relación con causas estructurales que se relacionan con la definición de un marco cultural, social y político determinado por el desarrollo del capitalismo español bajo su forma inmobiliaria y financiarizada, el cual ha modificado de manera profunda la estructura social española.

· La necesidad de un debate serio y riguroso como fuente de reivindicación de la POLÍTICA dentro de IU, lo que hace necesario la recuperación del análisis de clase como lugar analítico central.

· Recuperar la credibilidad social de IU a través de la reconstrucción de un discurso y una propuesta creíble centrada en poner en primer plano una alternativa propia dirigida a superar la contradicción principal existente en la sociedad española contemporánea: la de un modelo de producción y consumo basado en la continua intensificación del trabajo, la depredación medio-ambiental y la negación del Estado social.

· La vinculación de la recuperación social y electoral como resultado de la recuperación organizativa de IU y de la figura central del militante.

· Un debate desde la lealtad a IU, constructivo y serio. El debate se sitúa en determinar la condiciones necesarias para la reconstrucción de IU, no en el cuestionamiento de su viabilidad o en el cuestionamiento de su pluralidad.

Este es el marco en que se desarrolla el trabajo ante esta nueva etapa, el cual se concreta además en un clima marcado por la convocatoria de la IX Asamblea Federal de IU.

DEFINIR DE MANERA CORRECTA EL MARCO DEL DEBATE EN IU

Es necesario definir de manera correcta donde se sitúa el marco central del debate en IU. Los primeros análisis realizados desde la coordinación general, considera que el resultado electoral es consecuencia directa de una serie de elementos exógenos (bipartidismo, “voto útil” y Ley electoral) y de causas internas (las crisis internas dentro de federaciones y en especial, el PCE). La suma de ambas explican la derrota de IU el pasado 9 de marzo. Dicha interpretación tiene un objetivo claro: elevar el grado de confrontación interna con la intención de condicionar el debate de la IX Asamblea en clave frentista (los sectores que están por una IU sin “tutelas” y aquellos que están por una IU bajo “dominio” del PCE). Esta postura se puede definir como de rupturista y se expresa bajo el discurso de la “refundación” de Izquierda Unida.

Diferente a la anterior surge otra perspectiva, la cual entiende que la prioridad está en el debate organizativo y en la necesidad de conformar una nueva dirección, relegando los aspectos de debate de línea política a un segundo nivel. Dicha postura asume diferentes matices pero tiene en común, la importancia que se le otorga a dar una salida “institucional” a la crisis interna, elemento que le hace asumir en lo político características propias de un discurso continuista, que en su grado más desarrollado se acerca a una especie de “gasparismo sin Gaspar”.

Frente a una concepción del debate en clave de confrontación o de continuidad, el PCE debe situar el marco del debate dentro de las asambleas en un plano político. Para ello es imprescindible centrar el análisis en los elementos que son responsabilidad propia de IU: su línea política y organizativa, y desde allí, avanzar en la construcción de una nueva centralidad política dirigida a la reconstrucción de IU.

Lo anterior permite entender que la derrota electoral de IU esta fundamentalmente relacionada con la línea política y organizativa seguida hasta ahora, lo que sitúa como una de las tareas principales la de caracterizar y precisar los elementos principales de esa línea política fracasada.

De lo anterior se desprende la tarea principal de todo el Partido de cara al debate dentro de IU: la de vincular la reconstrucción de IU con la necesidad de una nueva centralidad política y organizativa, la cual es imposible sin los comunistas.

LA CARACTERIZACIÓN DE LA LÍNEA POLÍTICA ACTUAL DE IU

El resultado electoral del pasado 9 de marzo es la consecuencia última y final de una línea política que tiene su origen más claro en la práctica política que se empieza a desarrollar después de la VI Asamblea. La construcción de aquella línea política se relacionaba con la necesidad de superar los elementos que se entendían como responsables de haber llevado a IU a las fuertes caídas electorales de los años 99 (municipales y autonómicas) y 2000 (generales).

De esta forma la prioridad que se marca desde la coordinación general, era la de definir una práctica política que lograse la consideración de Izquierda Unida como una organización política homologable dentro del mapa político español. Para ello era necesario llevar a cabo una serie de cambios profundos en las propias señas de identidad dentro de IU:

1. Diluir su carácter de izquierda transformadora para lo cual es necesario superar la concepción de “IU como Alternativa” por una “IU como utilidad”. La idea de alternativa se vinculaba a la consigna -entendida ya como fracasada- del “programa”, para lo cual era necesario girar hacia una práctica “útil de IU” que sólo se puede dar con una imagen de Izquierda Unida como fuerza de gobierno.

2. Esa idea de utilidad se relacionaba con la necesidad de situar el trabajo institucional como el marco esencial de la recuperación electoral de IU. El centro de la vida política de IU pasa de la organización a la de los grupos institucionales; principalmente el del Grupo Parlamentario en el Congreso de los Diputados. Dentro de este proceso se desarrolla el contenido político concreto de IU durante esta fase: el institucionalismo como práctica política principal de IU.

3. Lo anterior requiere de un giro en la forma de entender las relaciones con el PSOE, las cuales comienzan a ser planteadas desde la subordinación, para de esta forma facilitar esa idea de utilidad y de fuerza de gobierno, necesaria para la supuesta recuperación electoral de IU. De esta forma se perfila un discurso dirigido a hacer de IU una fuerza “anti-PP” como opción electoral eficaz, combinado con un discurso de radicalidad en temas subalternos, como forma de mantener nuestra identidad de izquierdas.

4. La superación de IU como la opción de la “Alternativa política y social” por el de una organización eficaz y útil en el plano institucional, necesitaba de la sustitución del programa por el mensaje y de la organización por el líder. La visualización de la organización sólo a través de su trabajo institucional y parlamentario refuerza una práctica personalista en la dirección política de IU, lo que otorgaba a los medios de comunicación un valor central en la vida interna de IU.

Estas características conformaron la estrategia del discurso de la “izquierda plural”, consistente en un acercamiento al PSOE con la intención de conseguir un mejor tratamiento mediático y así lograr un cierto nicho residual subalterno al espacio de la izquierda, que se renuncia a disputar al Partido Socialista. La estrategia de centrar nuestro trabajo únicamente en el Grupo Parlamentario y la relación con los medios de comunicación de masas, descuidando nuestro trabajo organizativo, ha demostrado ser un error el cual ha traído las siguientes consecuencias:

1. Progresiva pérdida de nuestro perfil propio y de nuestra propuesta programática, centrada en dar solución a los problemas reales de los ciudadanos, lo cuales vienen determinados principalmente por los problemas socio-económicos. El debate político nacional relega las cuestiones sociales a un segundo plano, por lo que el principal objetivo de IU debía haberse dirigido a romper con esta agenda, tanto desde las instituciones como desde la movilización. El haber seguido la agenda política marcada por el PSOE y después por el Gobierno socialista, permitió a IU lograr cierta notoriedad puntual, pero a medio plazo la diluyó en el campo del Partido Socialista. Izquierda Unida pasó de tener una alternativa propia a los grandes problemas del país, a ser una organización con posturas propias sólo en algunos temas subalternos.

2. Crisis y ruptura de la organicidad consecuencia del rechazo de la mayoría de la militancia a las transformaciones en la propia identidad de IU manifestadas en la VI Asamblea (rechazo a la conversión de IU en Izquierda Verde o su definición como ecosocialista) y en la Asamblea extraordinaria. Esta circunstancia se resolvió por medio del traslado de la dirección efectiva de IU al Grupo Parlamentario, lo que supuso la pérdida del control de la organización de la actividad de su principal grupo institucional (como en el caso de la votación de la LOE o los PGE).

3. Los cambios derivados de esta práctica política requerían la necesidad de un cambio en la identidad de IU como una fuerza política de la izquierda transformadora. Esta búsqueda de una nueva definición de IU adquiría la forma de debate político, pero en esencia se reducía a la búsqueda de una fórmula política que adaptase la organización a su nuevo carácter de partido político tradicional fuertemente institucionalizado y que resultase atractiva a nivel electoral. De esta forma se explican los continuos cambios de definición entre ecosocialismo, izquierda verde, partido radical, de izquierda nacionalista o partido de los derechos cívicos, que han caracterizado los debates internos y las propias campañas electorales estos años. Esta puesta en duda de la identidad de Izquierda Unida por parte de su propia dirección termina en una crisis en la confianza de la militancia y en la propia identificación de su base social y electoral con el proyecto, debido a la dificultad de pedir el voto a una opción política que es puesta en duda por parte de su propia dirección.

4. La pérdida de organización y los continuos retrocesos electorales, junto a la pérdida de debate político serio, acentúan la dependencia de IU de los grupos institucionales. De esta forma se vincula el mantenimiento de los grupos institucionales a la propia subsistencia de IU, lo que en un marco de debilidad organizativa, de propuesta y de programa, llevan a una política de alianzas y de participación de gobiernos contra natura (Verdes, nacionalistas de izquierda, nacionalismo conservador como el PNV, alianzas con fuerzas regionalistas conservadoras como en las elecciones autonómicas en Cantabria o con el Bolc en el País Valencià, llamamientos a listas conjuntas con el PSOE o incluso pactos municipales en localidades con ANV).

5. La pérdida de una política de estado. La dependencia institucional, en una marco de abandono organizativo, de programa y de propuesta, lleva a una política de pactos contradictoria, que se concreta en que Izquierda Unida deje de ser vista cada vez más como una organización estatal, y por tanto, el abandono de tener una política de estado dentro de una realidad plurinacional como la española.

Esta línea política acaba considerando a IU como una opción sólo capaz de garantizar los aspectos más de izquierda del programa del PSOE, más que la defensa de un programa propio, lo que ha llevado a Izquierda Unida a diluirse dentro del bipartidismo y a la desorientación y posterior abandono de su base electoral.

Los malos resultados electorales en las pasadas municipales y autonómicas del pasado 27 de mayo, determina que ganen protagonismo dentro de la propia mayoría que ha sustentado al actual coordinador, aquellos que defienden la ruptura y la configuración de otro proyecto político. Los sectores que más han defendido el agotamiento de IU (la defensa de la retirada de las listas de IU a favor del PSOE en varias provincias o la defensa del proyecto de ICV frente al de IU como el caso del País Valencia o Aragón), se encuentran en la actual dirección federal y en la propia coordinación de IU, práctica que lleva al abandono de todo proyecto de izquierdas basado en la transformación social.

UNA CAMPAÑA ELECTORAL EQUIVOCADA Y ERRÁTICA(1)

No se puede vincular, de manera exclusiva, el resultado electoral del pasado 9 de marzo a los claros errores políticos y la deficiente preparación técnica de la campaña. Más allá de la necesidad de hacer una valoración crítica a la campaña electoral, el interés de analizarla se vincula al hecho de que la misma ha sido el medio que ha permitido llevar a su máxima expresión la línea política configurada desde la coordinación general.

La campaña electoral es la expresión de uno de los errores más graves que han caracterizado a la actual dirección: la falta de conocimiento de cual es la base social y electoral real de Izquierda Unida y por tanto, la mala planificación de los objetivos durante las campañas electorales. Los estudios sobre IU son claros(2): Primero; el voto de IU es básicamente de población asalariada (un 80% del voto de IU pertenece a población activa asalariada(3)). Segundo; la población que suele tener el voto decidido antes de la campaña electoral alcanza el 82%. Tercero; en 2004 la campaña con menor aceptación fue la de IU (19.8%) incluso dentro de su propio electorado (50.2%)(4), lo que hace pensar en estrategias electorales mal diseñadas.

Junto a esta falta de planificación correcta de la campaña, el otro error en la preparación de las elecciones del pasado 9 de marzo se relaciona con la falta de consideración del contexto en el que se desenvolvía la precampaña y la propia campaña: el de crisis económica. Esto explica la falta de discurso claro y definido a uno de los target electorales principales de cara al 9 de marzo: los sectores laborales asalariados.

No tener identificado el voto de IU y la falta de análisis de los comportamientos electorales de nuestra base social en campaña, explican una estrategia electoral nefasta, al no diseñar un discurso electoral eficaz dirigido al votante asalariado de izquierdas, como medio para conseguir el objetivo electoral principal: mantener el Grupo Parlamentario.

Para ello era necesario haber definido una única idea fuerza: lo que se jugaba el 9 de marzo es quién va a pagar la crisis económica. Qué sector social va a cargar con las consecuencias de la crisis económica. Lo cual requería de un único discurso: una IU fuerte es la única garantía de que aquellos que viven de su salario no pagarán con las consecuencias de la crisis.

Sin embargo la idea central de la estrategia llevada el pasado 9 de marzo, se basaba en defender que lo que se iba a votar es con quién gobierna el PSOE: si con la derecha nacionalista o con IU. Por tanto se entendía que si IU incrementaba su resultado, el PSOE no tendría más remedio que pactar con Izquierda Unida. Este discurso presentaba cinco debilidades:

1. Se equivocaba en el tiempo político de la campaña. Las últimas citas electorales de IU (sobre todo desde las generales del 2004 y las municipales y autonómicas de 2007), comienzan la precampaña con un discurso muy diluido en cuanto a su propio especio social y perfil político-programático, en el que abundan las referencias al término “progresista”, “izquierda plural” o a una utilidad social relacionada casi en exclusiva con “parar a la derecha”, para progresivamente avanzar en una ideologización de su discurso en términos muy identitarios(5), tal y como se desprendía del lema de la precampaña de IU: LlamazarES Rojo y Verde, en momentos en los que nadie ponía en duda que IU es una organización más de izquierdas que el PSOE o más cercana al espacio verde que ningún otro partido.
Las necesidades de IU requerían de una estrategia contraria(6): comenzar con un discurso muy centrado en una identidad política nítida dirigida a asegurar nuestro electorado más fiel y seguro, para luego avanzar hacia discursos más concretos centrados en nuestra propuesta, y así llegar a afianzar a sectores de votantes de izquierda no tan ideologizados pero sí preocupados en como se va a dar solución a la problemática cotidiana que les preocupa. El llamamiento al voto obrero, los llamamientos a la república, gestos de pretendida radicalidad formal como la quema de la foto de la Familia Real en un video electoral, fueron los elementos que marcaron la semana final de la campaña y que contradecían con la imagen primera de organización pragmática dispuesta a gobernar.

2. No acertó a enfrentarse al problema de la llamada al “voto útil”. La mejor forma es transmitir a la gente la necesidad, para ellos, de que IU esté presente en el parlamento, para así dotar de voz en las instituciones a las necesidades y problemáticas sociales concretas y cotidianas. De esta manera se puede “vender una necesidad”, que el votante debe sentir como suya (medidas contra la crisis económica, contra el paro en mayores de 45 años, de las dificultades de acceso de trabajo para nuevos licenciados), lo cual es opuesto a transmitir una situación de que para nosotros (IU) es necesario estar en las instituciones (tener grupo parlamentario) o estar en el gobierno. Otra de las deficiencias fue la de hacer referencia continua a la utilidad del voto (LlamazarES voto útil), lo cual situaba a IU en una posición a la defensiva (sabemos y reconocemos de manera lastimosa que hay electorado que considera que nuestro voto no es de utilidad) y refuerza la idea ya asentada en gran parte del electorado de izquierdas –incluido el nuestro- acerca de la conveniencia o no de votar a IU (sobre todo en aquellas provincias donde IU no tenía ninguna perspectiva de obtener un diputado).

3. El PSOE como protagonista de nuestro discurso. Durante la campaña nadie dudaba de que IU no iba a permitir que el PP gobernase, lo que junto a la idea ya asentada de IU como una fuerza política realmente de izquierdas, facilitaba que la organización pudiese centrarse en su propio discurso y no situarlo en continua referencia al PSOE y a lo realizado en la actual legislatura. La estrategia del discurso de la “izquierda plural” ha demostrado ser errónea. La campaña era el momento de que IU se centrase en explicar su propia propuesta, situar su potencial en su capacidad de lanzar contenidos políticos por medio de alternativas concretas a los problemas cotidianos de los ciudadanos a través de un programa económico y social alternativo, sólido y serio, por medio de un mensaje tranquilo y creíble, alejado de la crispación. Centrar el espacio en los medios de comunicación en cuestiones como pactos poselectorales con Zapatero (entrando en competencia pública con la propia ICV), críticas a las propuestas electorales que lanzaba el PSOE, respuestas a declaraciones de dirigentes del PP o la forma lastimosa con la que se afrontó la no presencia de IU en los debates electorales en TV, han hecho que fuese el Partido Socialista y el Partido Popular los que tuviesen más presencia en discurso de IU que su propio programa. Izquierda Unida aparecía más como una fuerza con postura en los temas de las agendas de otros partidos, que una organización política con postura propia.

4. Una mala definición a la pregunta de ¿a quiénes nos queremos dirigir?. Una precampaña tan identitaria (marcar que IU es roja) así como en situar la disputa del 9 de marzo en ver con quién gobierna el PSOE más que en lo qué va a hacer IU en el parlamento, no podían ser discursos eficaces para activar el voto de los sectores menos politizados que, mostrando disposición a votar por IU, son sensibles en plena campaña a entender la disputa izquierda-derecha en términos de PSOE-PP.

5. Se centraba en los elementos que menos movilizan al voto de IU en periodo electoral(7). En las elecciones de 2004 sólo un porcentaje mínimo de los votantes (menos del 6%) relacionaron su voto a IU con el candidato. De la misma forma sólo un 15.4% declaraba votar IU por sus opciones de entrar en el gobierno o un 10.4% por su oposición al PP, porcentajes muy similares a los experimentados en las elecciones generales de 2000. Frente a estos datos, el principal motivo de voto en IU (57.2%) es el de la cercanía ideológica y a las propuestas programáticas de la organización. A pesar de estos datos conocidos, los tres ejes del discurso electoral se basaron en los tres elementos de menor eficacia para movilizar el voto hacia IU en campaña: protagonismo absoluto del candidato, posicionar a IU como opción de gobierno y ser la organización más anti-PP.

La campaña más personalista de la historia de la organización y la apuesta conciente de diluir las propias siglas de IU por la figura de su candidato (confusión del mensaje y la propuesta electoral con el propio nombre del coordinador: LlamazaRES es más Izquierda), ha supuesto uno de las principales muestras del fracaso de la peor campaña electoral en la historia de Izquierda Unida.

La insolvencia demostrada por parte de los responsables de la campaña electoral de IU parte de la negativa a reconocer una evidencia clara : el votante de Izquierda Unida vota a la organización y a su programa.

EJES PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA IZQUIERDA

La línea política hasta aquí expuesta ha sido derrotada sin paliativos con el resultado electoral del pasado 9 de marzo, el peor de la historia de IU y de cualquiera de los resultados electorales del PCE. Esta derrota define el marco actual del debate de IU como el de la necesidad de articular una nueva centralidad política y organizativa dirigida a la idea de reconstrucción de Izquierda Unida. Para ello es necesario articular un discurso leal, positivo, claro y constructivo que requiere de una práctica homogénea y cohesionada de todo el Partido.

El PCE debe aparecer con un discurso nítido, concreto y dirigido al militante basado en definir la recuperación de Izquierda Unida por medio de dar respuesta a tres preguntas: qué alternativa política debe representar IU; a qué sector social dirigirla y qué papel juegan en ello la organización y el militante.

La política que defiende el PCE desde su XVII Congreso sitúa el valor de IU en su capacidad de lanzar un desafío a la derecha en materia de valores y de contenidos políticos por medio de alternativas concretas a los problemas cotidianos de los ciudadanos a través de un programa económico y social alternativo, sólido y serio. Para ello es necesario la recuperación de los elementos que llevaron a IU sus mayores éxitos electorales: Izquierda Unida como una formación que representa la alternativa real a los problemas sociales y medioambientales que afectan a la mayoría social en torno a una militancia movilizada e identificada plenamente con su organización. Este objetivo central requiere de cinco elementos:

1. La reconstrucción de IU pasa por la recuperación de su perfil propio como organización política autónoma. La defensa de un contenido político propio sólo es posible por medio de la recuperación organizativa y de la elaboración de una propuesta programática que tome como eje central la defensa de los intereses sociales y económicos de la población asalariada del país, ante los problemas que el actual modelo económico de sobre-explotación de la mano de obra y de la naturaleza causa a la mayoría social. Para ello es necesario una nueva estrategia electoral de IU basada en dos ejes:

- La recuperación electoral sólo vendrá como resultado de la recuperación organizativa de IU. El reto es reforzar el trabajo organizativo, apoyándose en el trabajo institucional desde la representación institucional para superar el escaso apoyo actual ofrecido a los grupos municipales, la recuperación de las zonas blancas, la realización de campañas de extensión y ayuda a las federaciones. Los continuos retrocesos electorales de IU son directo resultado de nuestra pérdida de organización, de la debilidad de nuestras asambleas y de la pérdida de afiliados. Esto lleva a superar una práctica que lo fía todo al trabajo del grupo parlamentario. Esta estrategia ha obtenido importantes éxitos como los experimentados en la federación de Aragón, Murcia, Castilla la Mancha y Galicia.

- Recuperación del perfil propio de IU y de su propuesta programática, centrada en dar solución a los problemas reales de los ciudadanos, lo cuales vienen determinados principalmente por los problemas socio-económicos. No se puede seguir la agenda política marcada por el PSOE y el PP debido a que diluye a IU en el campo del PSOE. La reconstrucción de IU se relaciona por tanto con la recuperación del carácter alternativo de su programa, centrado en dar soluciones a los problemas reales de la mayoría social: la precarización de las condiciones de trabajo y el desempleo, el acceso a la vivienda, las dificultades económicas, el deterioro de los servicios públicos, etc.

2. La necesidad de una política de comunicación diferente y eficaz. La recuperación social y electoral de IU pasa por la capacidad de dirigirse a su base social, que aunque heterogénea, tiene una base común: mayoritariamente se trata de población asalariada. Para ello se necesita de una política de comunicación basada en la identificación de los principales sectores sociales que apoyan a IU y dirigirse de manera prioritaria a ellos. Y por último, esta recuperación pasa por defender el carácter colectivo de IU ante los medios. IU no es un partido “atrapalotodo”, no es ninguno de los dos grandes partidos y por tanto no puede imitar su política de comunicación y organizativa. Una estrategia electoral que ponga en cuestión la base electoral de Izquierda Unida, rebaje el valor de su programa y desfigure nuestro perfil propio para conseguir a corto plazo un mejor tratamiento en la prensa, llevará a IU a su desaparición definitiva.

3. Defender la democracia y la participación como herramienta imprescindible para la reconstrucción de IU. Recuperar la confianza en la organización. Defender el valor central del trabajo del militante y de la lucha cotidiana constante (en los movimientos sociales, en los sindicatos, en definitiva en los problemas concretos) como garantía de la construcción de un tejido social, sin el cual es imposible el desarrollo de Izquierda Unida. El esfuerzo del militante anónimo sólo es posible en un marco de respeto a la participación y de garantía de democratización de la vida interna dentro de IU.

El peso que para Izquierda Unida debe tener la militancia es una de las principales diferencias con las opciones defendidas desde la política tradicional en donde el centro de la organización es el trabajo institucional. Una organización se basa en el trabajo colectivo de toda la militancia, no en el trabajo de una única persona o de su grupo parlamentario. Por tanto es necesario defender el valor de militancia en la toma de decisiones: de su trabajo depende la recuperación social, organizativa y electoral de IU.

4. La defensa del proyecto de IU, de su unidad y de su carácter estatal. Para relanzar el proyecto de Izquierda Unida es necesaria la participación de todo el colectivo de militantes, de sus federaciones y de toda su pluralidad. Existe una forma de entender el proyecto de IU como una realidad electoral inviable como opción propia en el mapa político actual, que sólo puede subsistir como una organización garantizadora de los aspectos más de izquierda del programa del PSOE. Esta forma de entender a IU ha necesitado para su desarrollo, el profundizar en una política de alianzas pre y pos-electorales, no centrada tanto en el programa, como en la capacidad de alcanzar representación institucional, lo cual necesita de fórmulas organizativas tendentes a formas más confederalizantes en lo interno, e institucionalizadas de cara a la sociedad y el militante de base.

Frente a ella se antepone un proyecto que considera que la defensa del proyecto de IU es la mejor garantía de la recuperación de su base social y electoral, solo posible por medio de la defensa de su federalidad, su pluralidad y de su carácter estatal.

El análisis realizado permite concretar la respuesta a las preguntas antes señaladas de la siguiente forma:

a) ¿Qué alternativa política debe representar IU?: la de una alternativa programática que tome como eje central la defensa de los intereses sociales y económicos de la población asalariada del país, a través de la configuración de una alternativa socio-económica propia, viable y de izquierdas dirigida a resolver los problemas salariales y de precariedad laboral, de depredación territorial y degradación medioambiental y de negación del Estado social, propios de modelo económico imperante en España.

b) ¿A Qué sujeto social dirigir dicha alternativa política?: al conjunto de la población asalariada española.

c) ¿Qué papel debe jugar la organización y el militante?: la necesidad de defender el valor central del militante y de la organización en este nuevo periodo. El trabajo militante como el eje principal en la reconstrucción de IU.

EL PAPEL CENTRAL DEL PCE EN EL PROCESO DE RECONSTRCCIÓN DE IZQUIERDA UNIDA

La coyuntura concreta en la que se desarrolla el proceso de la reconstrucción de la izquierda viene determinada por la situación de recesión económica y por la derrota electoral de Izquierda Unida en las pasadas elecciones generales, lo que obliga a centrar de manera prioritaria la actividad del Partido en ambos frentes.

La situación de crisis económica va a centrar el debate político en España y en Europa. Uno de los principales problemas de Izquierda Unida en la etapa reciente ha sido la percepción de que la centralidad de lo social y de lo económico perdería espacio en el debate político en un momento de aparente crecimiento sostenido de la economía española, lo que ha derivado en la pérdida de un programa económico solvente por parte de IU. Esta realidad hace que uno de los pilares de trabajo del PCE en esta nueva etapa es la de contribuir a levantar una alternativa económica real desde la izquierda.

Sin un proyecto serio de política económica, sin el diseño de un nuevo modelo económico, suena a hueco cualquier discurso sobre la alternativa desde la izquierda transformadora en materia social, medioambiental y de derechos civiles. Lo anterior determina que el papel del PCE dentro del debate abierto en Izquierda Unida se sitúa en la recuperación de la centralidad del conflicto capital/trabajo y de lo social como marco prioritario de reconstrucción de IU.

La capacidad de configurar al PCE como el Partido de la alternativa económica y el Partido de la reconstrucción de la izquierda, viene dado de la caracterización del PCE como el Partido del trabajo, en el sentido de ser la única organización de la izquierda a nivel estatal que se articula en torno a la idea de la centralidad del trabajo. Esta concepción del Partido dota al mismo de los tres elementos centrales necesarios para materializar una estrategia de reconstrucción de la izquierda a nivel estatal:

1º Situar como el centro de la alternativa política de la izquierda a los trabajadores asalariados. La alternativa es la concreción de una confluencia, en un proceso, del movimiento real de sectores sociales con una propuesta programática concreta. De esta forma se entiende por movimiento real el conjunto de fuerzas sociales y políticas capaces de hacer suyo y sustentar un proyecto transformador; sectores de la sociedad que hoy se encuentran dispersos y resignados al posibilismo económico más pragmático.

La configuración de España bajo un modelo de “capitalismo inmobiliario” ha conseguido construir una nada desdeñable base popular en torno a él. Esta especie de “vía española al capitalismo” ha logrado, hasta ahora, alcanzar una aparente situación de pleno empleo, que aunque espurio, es vista como la única posibilidad laboral para miles de trabajadores (en especial jóvenes y mujeres) que ven en el sector de la construcción, el turismo, el comercio y la hostelería la única posibilidad de obtener un empleo. Para estas capas trabajadoras, las propuestas de Izquierda Unida y del PCE carecen de fundamento, debido sobre todo a la falta de un modelo de desarrollo alternativo que sea visto por esta nueva clase trabajadora como un modelo viable y atractivo.

Todo proyecto de reconstrucción de la izquierda transformadora en España debe pasar por recuperar el apoyo de estos sectores laborales altamente precarizados, que ante la falta de una alternativa clara, muestran su apoyo al modelo económico actual y a las organizaciones políticas que lo representan: PSOE y PP. Comprender comportamientos electorales como los experimentados en el Arco mediterráneo español o en la Comunidad de Madrid (sólida mayoría del PP en territorios anteriormente de izquierdas) requieren de un estudio serio de las transformaciones productivas experimentas en dichos territorios y de los comportamiento políticos y sociales que de él se desprenden.

Esta realidad es la que explica el carácter central que adquiere el análisis económico dentro de la izquierda, así como la necesidad de articular una propuesta política que tenga en el trabajador asalariado su destinatario principal. La asunción como prioridad por parte del Partido de impulsar un proyecto de alternativa económica y su propia configuración como de Partido del trabajo (trabajo político entre los nuevos sectores asalariados del país como su prioridad política actual), hace del PCE el marco referente desde el cual plantear un trabajo de reconstrucción de Izquierda Unida.

2º La necesidad de la construcción de la alternativa a través de la propuesta programática propia. El afrontar la reconstrucción de la izquierda requiere también de la recuperación del trabajo teórico y programático en clave de alternativa, debido a la necesidad de superación del modelo económico español actual como forma de materialización de las políticas de cambio social y medioambiental que desde IU se defienden. Esta configuración de la izquierda como “Alternativa social y económica” es lo que la dota de su carácter de transformadora. Esta necesidad de recuperación teórica de la izquierda a través de marcar su carácter transformador, encuentra concreción en las tareas del Partido en su definición como Partido marxista (debate teórico y cultural y propuesta programática) y Partido del socialismo (transformación social).

3º La reconstrucción de la izquierda desde la centralidad del militante y de la organización. La necesidad de una alternativa configurada en torno a lo socio-económico, junto a la fuerte disminución del peso institucional de IU, requiere que su despliegue social sea a través de la organización política y su militancia. La derrota del pasado 9 de marzo y el fuerte retroceso del pasado 27 de mayo, sitúa esta labor en la capacidad de recuperación de la militancia y de la reconstrucción de la organización, labor que encuentra la aportación concreta del PCE a través de su cultura militante como “Partido de las luchas sociales” y el “Partido de las luchas cotidianas, concretas y cercanas”.

El defender una reconstrucción de la izquierda a nivel estatal en confrontación con el PCE es objetivamente imposible. El valor del PCE en el proceso de reconstrucción de la izquierda transformadora en España, viene dada del carácter del Partido como una organización política que asume la centralidad del trabajo como su propia centralidad política. Esta configuración del PCE como Partido del trabajo, le permite desplegar en la sociedad en general, y en IU en particular, los tres elementos sin los cuales es imposible recomponer un proyecto transformador de izquierdas de carácter estatal:

1. El de ir dirigido a una base social definida desde la que poder articular un discurso de mayoría social (los trabajadores asalariados).

2. La necesidad de erigirse en alternativa por medio de una propuesta programática seria, definida y autónoma que adquiere su concreción en la configuración de la misma como “Alternativa social y económica”.

3. Lo imprescindible de la organización, lo prioritario de su reconstrucción y la necesidad de recuperar el valor central del militante.

El PCE como partido del trabajo, del socialismo, del marxismo y del activismo social, hacen imprescindible el papel del PCE en este nuevo proceso de la unidad de la izquierda que se enmarca dentro de la apuesta decidida por la reconstrucción de Izquierda Unida.

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(1) Basado en el informe elaborado por parte del Observatorio Electoral de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) el pasado 27 de enero de 2008 bajo el nombre “IU-CM frente al 9 de marzo. Un discurso electoral eficaz para un mejor resultado electoral. Un crítica a la estrategia electoral de IU”.
(2) Se refiere al trabajo: AJA, Jaime; PALACIOS, Irene y RAMIRO, Luis (2007). La influencia de la campaña de 2004 en el comportamiento electoral. FEC, Madrid.
(3) Datos extraídos de: AJA, Jaime; PALACIOS, Irene y RAMIRO, Luis (2007). El espacio electoral de Izquierda Unida. Las elecciones generales de 2004 (II). FEC, Madrid.
(4) Del trabajo arriba citado.
(5) Recordar la última campaña electoral donde las crónicas de los medios de comunicación marcaban como Gaspar empezaba sus discursos con la frase “Rojos y Rojas” o en las últimas elecciones autonómicas con referencias a la República.
(6) Ejemplos lo tenemos en la precampaña del PNV (referéndum vasco) para evolucionar hacia su actual discurso electoral moderado, o en el caso de la propia ICV en las anteriores autonómicas con una precampaña centrada en homenajes al PSUC y a la memoria histórica, para acabar con una campaña muy centrada en la idea de gestión y de propuesta política concreta en temas laborales y de servicios sociales.
(7)Los datos a los que se hace mención se extraen de: AJA, Jaime; PALACIOS, Irene y RAMIRO, Luis (2007). La influencia de la campaña de 2004 en el comportamiento electoral. FEC, Madrid.

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