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Inmigración / Resolución Comité Ejecutivo del PCE 09 sep 06


Sobre los flujos migratorios y las políticas de España y la Unión Europea



Comité Ejecutivo del PCE / 09 sep 06

1. Las causas de la eclosión de los flujos migratorios en el momento actual son de sobra conocidas: las escandalosas diferencias entre países ricos y países empobrecidos, que no solo no se han acortado en las últimas décadas sino que van en aumento; el trato diferenciado e injusto en las reglas del mercado, que determinan los primeros en función de sus exclusivos intereses; el sostenimiento de regímenes corruptos, proclives a facilitar el expolio, y el comercio de armas que incentiva los conflictos armados, propiciados por Occidente; la falta de expectativas de una buena parte de la población mundial, sumida en la pobreza y el abandono.

2. Todo esto, que no es nada nuevo, se ha visto potenciado a límites extremos por el desarrollo del modelo de globalización capitalista en su fase más depredadora, que necesita indispensablemente de las potencialidades de esta mano de obra joven, cautiva y con escasos derechos (entre otras cosas para la desregulación de las condiciones de trabajo internas y el abaratamiento de los costes laborales), a condición de ser capaces de “controlar”, “orientar” y “seleccionar” adecuadamente los flujos. Esto y no solo ni fundamentalmente lo anterior, ha provocado el estallido o la aceleración de una diáspora encapsulada o retraída durante decenios.

3. La publicación de un informe reciente (El País 29-8-06), en el que se evalúa la incidencia de la inmigración en nuestra economía y nivel de bienestar (la renta por habitante, que ha aumentado a un ritmo del 2,6% anual, hubiera decrecido un 0,6% cada año sin la inmigración), o el papel innegable que las mujeres inmigrantes están desempeñando en el cuidado de nuestros mayores (en crecimiento exponencial), ante la omisión del Estado, ponen de manifiesto con crudeza el doble lenguaje, la hipocresía y el trato clasista e injusto que se da al llamado “fenómeno migratorio” desde las instituciones, principales emisoras (con el concurso inestimable de los medios de comunicación) de leyes y normas represivas y discriminatorias, o de mensajes alarmistas que incitan al temor y el rechazo, con sus secuelas de racismo y xenofobia.

4. Otro factor estructural de nuestras sociedades que cobra ribetes de alta tensión con la afluencia de inmigrantes en nuestros pueblos y ciudades es la enorme desigualdad en la distribución de la riqueza que se está generando y la pervivencia de grandes bolsas de marginación y pobreza en la población autóctona, que se ve obligada a competir por los escasos servicios y recursos asistenciales con los recién llegados, en situación aún más precaria. Lejos de abordar el problema en su verdadera raíz (que no tiene que ver con la inmigración sino con carencias e injusticias propias), esta realidad es utilizada –y no por ignorancia- para objetivar y justificar medidas represivas y discriminatorias hacia los inmigrantes, con el beneplácito de una población que se siente vulnerable e incluso desposeída de sus derechos básicos a favor del extranjero (sobre todo el oportunamente calificado como “ilegal”), que se instala en nuestras ciudades o arriba a nuestras costas sin nuestro permiso y sin que nadie les haya llamado.

5. En esa perversión interesada de una realidad palpable y en la disposición de los gobiernos a hacer factibles los designios del capital (control y selección de la mano de obra que considera necesaria), se inscriben las políticas desarrolladas hasta ahora por PP y PSOE (Leyes de extranjería, Reglamentos, Centros de detención, expulsiones, procesos de regularización solo para quienes tienen un contrato de trabajo), con el peor o mejor “talante” que se quiera. Y especialmente, como es de plena actualidad, en el tratamiento de la llamada “crisis de los cayucos” -la inmigración del Africa subsahariana- de esa parte de un continente que agoniza entre la miseria, las enfermedades, los conflictos armados y la depredación de sus recursos (desde la agricultura y la pesca a las materias primas).

6. La “crisis de los cayucos” está sirviendo de pretexto para la consumación del cierre a cal y canto de la frontera sur de Europa y la configuración de la Europa Fortaleza, sacrificando derechos humanos fundamentales: desaparecido en la práctica el Derecho de Asilo, se fuerzan a cualquier precio las deportaciones indiscriminadas y, cuando esto no es posible, se les condena a la inexistencia, a ser “sin papeles” a perpetuidad. Todo ello, sin prácticamente coste para los gobiernos implicados, que cuentan con el beneplácito de una sociedad previamente atemorizada.

7. El tratamiento de los flujos migratorios “a la carta” nos ofrece un puzzles que va desde el “fronteras abiertas” para unos, la obligación de visado para otros y la barrera infranqueable para los no demandados por el “mercado” o no deseables por sus características étnicas y religiosas. Que el problema no radica en la capacidad que tengamos de absorber los flujos en función de las pautas económicas o del bienestar de la población lo demuestra la falta de cualquier atisbo de “alarma social” ante las entradas irregulares que se producen por aeropuertos y fronteras terrestres, y que superan, sin punto de comparación, a quienes llegan en cayucos y pateras, incluso con el considerable aumento que se ha dado en los últimos meses.

8. Desde el PCE rechazamos tajantemente el anuncio del gobierno de R. Zapatero de “tolerancia cero” y de lucha sin cuartel contra la “inmigración ilegal” (cuyas consecuencias recaen, como viene ocurriendo, sobre las víctimas de esta situación y muy en concreto o casi en exclusiva sobre quienes provienen de Africa), así como el intento de cercar las costas africanas para impedirles la salida y otras medidas de presión y extorsión a los países donde éstas se producen (Senegal podría encarcelar hasta dos años a los repatriados), y lamentamos profundamente el coste en vidas y sufrimiento que este tipo de políticas comporta.

9. Abogamos por superar la inútil retórica del “Pacto de Estado”, imposible –e inadmisible- ante planteamientos propios de la extrema derecha, y por un debate sin trampas sobre la realidad actual de los flujos migratorios y su incidencia en nuestras sociedades, partiendo de las causas (de los flujos y de los conflictos) y del respeto a los derechos humanos universalmente reconocidos.

10. En todo caso, reclamamos para quienes llegan un trato acorde con la dignidad a que tiene derecho todo ser humano, por el respeto del Derecho de Asilo y de la legislación nacional e internacional que los ampara como personas y como trabajadores y trabajadoras migrantes. En particular, exigimos que se reconozca y se documente a los “inexpulsables”, acabando con el kafkiano limbo jurídico y social en el que se les obliga a permanecer.

11. El PCE se une a la convocatoria de movilizaciones unitarias en todo el Estado Español para el día 7 DE OCTUBRE, por los derechos de los migrantes, de acuerdo con el llamamiento del Foro Social Europeo de Atenas y el Foro Social Mundial de las Migraciones de Rivas Vaciamadrid.

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