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Mundo Obrero-Tribuna XVIII Congreso del PCE



Desideratum, autocrítica y propuestas

Juan Ramón Sanz, Secretario General del Partido Comunista de Madrid / oct 09

Publicado en el número 217 de Mundo Obrero, octubre 2009

Recuperada la dimensión, la centralidad geográfica y la proyección de la Fiesta de un partido socialmente visible a través de su nuevo Manifiesto Programa y políticamente hegemónico en una formación política anticapitalista, el PCE habrá recuperado la confianza de un considerable contingente ciudadano en las elecciones municipales y autonómicas y su nueva dirección deberá preparar con orgullo y estratégicamente la celebración del 90º Aniversario de su fundación.

Para ello será precisa la rectificación de la acción política que hemos llevado a cabo en los últimos años, como señala la resolución precongresual aprobada por la dirección permanente. Una nueva convergencia alternativa deberá haberse ido gestando en torno a lo ideológico, no como mera recomposición de efectivos en las dimensiones y circunstancias de la actual IU, sino en un proceso de síntesis entre los principios y lo programático. No es hoy, por tanto, cuando empieza a decretarse el fin de la crisis sin solución de todos los desastres que ha acarreado, el momento de realismos ni de sociologismos a la defensiva para agotarnos en un débil "antineoliberalismo" que mantenga exclusivamente la confianza hacia nosotros de la cada vez más inocua y residual sensibilidad "progresista". Sensibilidad, por otra parte, crecientemente próxima al miedo escénico frente a una eventual nueva hegemonía del PP. Tampoco es el momento de escuchar los cantos de sirena de quienes añoran la existencia de una izquierda beligerantemente anticapitalista pero que, aún así, seguirán votando al PSOE o a nadie. Sin dejar de mirar a los votantes del PSOE y sus bases y a los abstencionistas, es el momento de huir de nuestras cautelas y de la política que se escenifica en la sociedad e intentar que la nueva clase trabajadora vuelva a ser la parte más decisiva del necesario sujeto revolucionario.

La mayoría de nuestros representantes institucionales siguen empeñados en demostrar lo obvio, que estamos contra el PP, más que por marcar una alternativa y, en lo interno, seguimos concertando acuerdos inorgánicos que impiden el incremento de nuestra cohesión, contribuyendo a la leyenda sostenida de un PCE retrógrado que lastra el desarrollo de IU.
Una IU que no puede seguir siendo el patético adalid de un giro a la izquierda del PSOE desde una representación orgánica y parlamentaria tricéfala y socialmente ilegible (coordinador, portavoz parlamentario y aliado en el Congreso). Mucho menos, cuando el PSOE está ya en la estrategia de un simbólico izquierdismo. Incluso en lo electoral, frente al previsible crecimiento del voto útil, sólo un claro y contundente mensaje ideológico, podrá situarnos a la altura de otras izquierdas anticapitalistas europeas.

La forma de estar en IU nos ha restado en los últimos años capacidades como marxistas en lo intelectual, lo cultural, la agudeza analítica y la penetración crítica en una sociedad con evidentes síntomas de fascismo derivados de su progresiva infantilización y desapego de la política. O volvemos a ocupar nuestro espacio en la sociedad para ampliarlo o terminaremos criminalizados. Ahora, nuestra reconstrucción para la refundación de IU-que no una nueva recomposición interna- nos plantea el reto de comprobar nuestro sentido como partido del movimiento obrero en esta fase de desmantelamiento de la clase trabajadora en estas ínsulas medrosas de fútbol sin pan y tercios guerreros en Afganistán y otras latitudes.

Para salir de esta nueva clandestinidad, de la invisibilidad en la que seguimos sumidos en un proyecto en el que sólo somos la minoría mayoritaria, podemos seguir incurriendo en la visión clemente que enfatiza lo que nos une y en la que cada sensibilidad de IU entendería el anticapitalismo en sus ritmos y aplicación de una manera distinta hacia un objetivo común.

Pero la realidad sigue siendo otra en IU. Por eso, el XVIII Congreso debe orientarse a la real hegemonía mediante la recuperación del entusiasmo para la construcción del movimiento político y social anticapitalista que en la teoría propugnamos.

Contribuir al fortalecimiento, la integración y la federalidad del Partido, no pasa por el incremento de la burocratización y centralización de su vida interna, el ajuste duro de sus censos y la confusión estatutaria para contentar a todos.

La propuesta necesaria para un partido decidido a la refundación de un proyecto anticapitalista y que necesita ejercer toda su autonomía allí donde sea imposible desenvolverse en determinados marcos de la actual IU, pasa por potenciar las federaciones más débiles o con mayores dificultades, para que no se produzcan autonomizaciones en el vacío; por sentar las bases de un partido moderno y abierto para la recuperación militante volcada hacia una sociedad en la que debemos recuperar la imagen y el prestigio que tuvimos; y por aportar elementos programáticos más allá de lo que ya propugna IU.

El XVIII Congreso no debe incurrir en una continuidad sólo garante de la presencia institucional de la actual IU, sino aportar el nervio para el impulso de un movimiento político y social anticapitalista y republicano alternativo al bipartidismo y para sentar las bases de la más amplia convergencia que hoy requieren los intereses de la clase trabajadora realmente existente y la construcción del socialismo.

El Partido no es un ente abstracto a la eterna disposición de la emancipación, sino el instrumento del antagonismo que debemos ir incrementando frente a la contradicción principal. Tras los desalentadores resultados que han dado nuestros esfuerzos para su fortalecimiento y cohesión interna, es el momento de recuperar la coherencia y la autonomía necesariamente previas a otra forma de entender, propiciar y estar en una nueva convergencia crítica y alternativa con todos y todas los y las que sigan convencidos de la posibilidad de la superación del sistema. El anticapitalismo no es hoy un enunciado ni una aventura hacia la nada.

Mientras en los mundos, especialmente América Latina, que han sufrido la opresión histórica del capitalismo en todas sus fases sin haber conseguido nunca el llamado estado del bienestar, cobran sentido nuevas vías para su emancipación, en nuestro continente, cómplice necesario de la crisis y sus secuelas, cobra mayor vigencia el marxismo, el anticapitalismo programático y movilizador frente a su recomposición a costa de la clase, y como apoyo a esos pueblos que despiertan.

Para que no nos deslumbre nuestro éxito en IU, propugnamos un Congreso, presidido por la profunda autocrítica de quienes hemos sido dirección desde el anterior, como elemento imprescindible para la inexcusable unidad. Un Congreso que debe ser el punto de partida político, organizativo y estatutario para la construcción de una nueva convergencia anticapitalista y republicana mucho más allá de la actual realidad y el equilibrio inestable -que no hegemonía- existentes en IU. Para la acción de un Partido sin servidumbres, capaz de impulsar ese bloque social alternativo recuperando su centralidad en los movimientos sociales, reagrupando las sensibilidades republicanas, y que se desenvuelva en lo institucional como fuerza hegemónica en una formación política programáticamente anticapitalista, republicana, federal y solidaria.

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