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Mundo Obrero - Tribuna XVIII Congreso del PCE



Es tiempo de pasar a la ofensiva

Carlos Portomeñe / Secretario General del Partido Comunista de Galicia / oct 09

Publicado en el número 217 de Mundo Obrero, octubre 2009

La principal expectación que despierta el XVIII Congreso es conseguir cumplir los acuerdos que de él emanen. Porque tenemos unos buenos documentos de estatutos, tesis políticas y organización y finanzas, que devienen de las respectivas Conferencias celebradas en los meses anteriores, y que serán enriquecidos con las propuestas y enmiendas de las distintas federaciones. Por primera vez en mucho tiempo, espoleados por un contexto de crisis económica que ha avalado nuestras previsiones, sabemos, o estamos muy cerca de saberlo, qué queremos, qué hacer para lograrlo y qué ofrecer como alternativa. Pero para ello hay que aplicar los acuerdos, que será la mejor demostración del éxito del Congreso. Es el gran reto del equipo de dirección.

El PCE sufre históricamente un fuerte acoso externo que la mayoría de las veces ha provocado graves crisis internas. Forma parte de un movimiento internacional que ha padecido las mayores persecuciones ideológicas y también físicas. Somos parte de un proyecto encaminado a transformar la Historia. Por eso, militar en el PCE no es como formar parte de un club de debate o una ONG, y cuando nos olvidamos de ello nos lo recuerda el capital. El capital necesita eliminar la oposición política para ampliar su opresión. Permite democracia cuando no pone en peligro su hegemonía y declara el estado de excepción dentro del capitalismo (fascismo) cuando peligra. Y tiene claro, especialmente en un contexto de crisis como el actual, que sus enemigos no son, pongamos por caso, los nacionalismos.

En los últimos años, fruto de ese acoso y de nuestras propias debilidades, hemos ido perdiendo paulatinamente apoyo electoral, espíritu militante, afiliación, ilusión e incluso credibilidad externa. Sin embargo, el XVII Congreso supuso un punto de inflexión que, pese a los contratiempos, nos ha llevado a un grado de cohesión inédito en años. Esa cohesión ha sido decisiva en la recuperación de la hegemonía en IU, su normalidad democrática y buena parte de la ilusión perdida. El cambio de IU en pocos meses ha sido meteórico y en ese cambio ha sido decisivo el papel del Partido y su concepción democrática de la política.

El comunismo es el principio dinámico del próximo futuro, dijo Marx. A aquellos que preconizaban la desaparición de los partidos comunistas tras la caída del bloque soviético, a los que renegaron de ellos o a los que propugnaban su disolución para dar paso a una nueva izquierda “fresca y renovada” les ha vencido la evidencia.

Según datos elaborados por la FIM, el 41,9% de los delegados del XVII Congreso del PCE teníamos menos de 24 años cuando desapareció la URSS y el 56% nos afiliamos después de la creación de IU en 1986. De ello se pueden extraer al menos dos conclusiones principales: por un lado, el PCE no es un partido de nostálgicos de la URSS sino un partido de futuro (somos soldados derrotados de una causa invencible); por otro lado, muchos de los que se acercan a IU lo hacen a través del PCE.

Con la crisis económica son cada vez más visibles las contradicciones del sistema y la barbarie del proceso de acumulación capitalista. Cada vez es más perceptible la dualidad entre explotados y explotadores, frente a la difusa y desvaída división geográfica de izquierda y derecha. Debemos ser capaces de hilvanar los diferentes procesos, de encajar los acontecimientos cotidianos, analizarlos, darles explicación y alternativa, desenmascarar el entramado político-económico que lleva al país a la ruina de la mayoría poniéndoles nombre y apellidos. Y eso se hace con cuadros formados e implicados activamente. Decía un dirigente italiano que cada comunista debe tener al menos cinco carnés, es decir, demostrar ser un militante activo socialmente.

También hay que superar debilidades: hemos querido experimentarlo todo, hasta caer en ocasiones en el desvarío del postmodernismo, y aún algunos plantean experimentos intelectuales de Quimicefa; hay revolucionarios de PC (personal computer) cuya actividad se centra en la crítica sistemática a cualquier dirección vía internet; en casos como la Fiesta del PCE hay quien sólo la teoriza o la critica, frente a los que la trabajan. Debe existir el respeto garantizado a las más diversas opiniones, pero también la obligación de respetar los acuerdos una vez finalizado el Congreso. El Partido debe ser una escuela donde aprender a ser comunistas, donde palpar la camaradería. Que nuestra casa, como la de Marcos Ana, no tenga llaves y esté siempre abierta.

El XVIII Congreso recuperará el prestigio ético, moral e intelectual de los comunistas en contraposición a la degradación, decadencia y podredumbre de esta sociedad. El comunista ha de volver a ser el primero en el tajo, el primero en coherencia, el primero en la movilización. Propugnamos otra forma de concebir el mundo, de vivir la vida, ¿qué modelo transformador ofreceríamos si consumimos como los demás, si ambicionamos como los demás, si actuamos como los demás? “Revolución es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas” señaló brillantemente Fidel.

El papel de Partido es proponer y dar alternativa, decir lo que queremos decir, no lo que algunos quieren escuchar y otros esperan que digamos. Debemos organizarnos para los tiempos que vienen. Ya es imparable. Paco Frutos escribió hace pocos años que hay momentos en los que sólo cabe resistir para mantener la dignidad. Sin lugar a dudas, hemos resistido. Ahora es tiempo de pasar a la ofensiva, porque tenemos una cita con la Historia.

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