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Mundo Obrero - Tribuna XVIII Congreso del PCE



Retos del XVIII Congreso del PCE

Marga Sanz, Secretaria General del PCPV / sep 09

Publicado en el número 216 de Mundo Obrero, septiembre 2009

Si el congreso representa la actividad política más importante que hacemos periódicamente los y las comunistas de balance, reflexión y propuesta, el XVIII Congreso tiene un reto, no voluntarista ni artificial: dejar claro que tenemos propuestas para salir de la crisis, desde nuestra apuesta por el socialismo y el comunismo.

Por tanto, situar el debate claramente en la política, en el conflicto social es primordial. Se trata de dar cuerpo a una alternativa democrática, participativa, anticapitalista, como corresponde al desarrollo del proyecto socialista del siglo XXI. No estamos hablando de utopías ni de alternativas a largo plazo, porque hablar de propuestas frente a la crisis es hablar de la respuesta que la clase trabajadora debe dar, ya, a este capitalismo, el más agresivo, violento y depredador de la historia.

Precariedad, paro, desigualdad, exclusión social, violencia contra la mujer, empobrecimiento, hambre, mortandad infantil, guerras, o riesgo de infarto planetario, son algunos de los adjetivos que acompañan al capitalismo de nuestro siglo, cuando el desarrollo alcanzado de las fuerzas productivas, de la ciencia y la investigación, deberían haber resuelto con su aplicación los graves problemas de la clase trabajadora y de los pueblos del mundo si se hubieran puesto al servicio de la humanidad.

Pero no podemos quedarnos ahí. El Congreso lo hacemos, así mismo, para estudiar colectivamente como actuamos para acumular fuerzas, como reforzar la resistencia social, como organizar a la clase trabajadora, en un momento de crisis del capitalismo, la mayor desde el “Crack del 29”, –que ofrece una gran oportunidad a la izquierda para el debate ideológico y la propuesta-, pero en medio de unas “condiciones subjetivas” muy debilitadas que debemos modificar (conciencia de clase, conciencia social, nivel de organización de la clase y capas populares..), en un sociedad nueva –que debemos conocer- muy cambiada en sus estructuras y con el “pensamiento único del mercado” en crisis pero sin una alternativa perceptible por las amplias masas.
Estamos ante un nuevo horizonte en el que el Partido debe dedicar sus esfuerzos a articular la movilización social, la contestación a la crisis y el debate ideológico volviendo consciente y colectivamente a reforzar el trabajo sindical, vecinal, pacifista, medioambiental, republicano, la defensa de lo público.

Es lo que llamamos reconstruir tejido social alternativo, que no es más que la organización de las masas para hacerlas protagonistas de la política y que permita elevar su conciencia política para constituir ese referente de la izquierda social, real, con quien confluir. Es ésta y no otra, la base de la refundación de la izquierda.
El Congreso debe hacerse –por tanto- pensando en el futuro del Partido; en cómo conseguir un Partido activo; volcado en la acción política, en la reconstrucción del tejido social alternativo, y determinado a desarrollar la estrategia de convergencia política y social que forma parte de nuestra historia y que nos sitúa ante la responsabilidad de la refundación de IU tras su Asamblea como movimiento político y social para convertirla en el referente de la izquierda.

Un Congreso que dé voz e ilusione a nuestra militancia para una nueva etapa en la que va a ser la protagonista del impulso y la reconstrucción que el Partido necesita. La grandeza política y el esfuerzo que supone este objetivo, nos obliga a poner en el debate congresual la política por encima de la interiorización, y la responsabilidad por encima de nuestras cuitas internas.
Hemos sido capaces de hacer grandes cosas y de buscar el encuentro en situaciones más difíciles. Autocríticos y humildes en el reconocimiento de los errores, pero justos en el reconocimiento de nuestros avances.
Necesitamos un Congreso abierto. Tenemos que hacer partícipes de nuestra propuesta a sindicalistas críticos; al mundo de la investigación y de la cultura que no se resigna a mercantilizar su creatividad; a los jóvenes que se rebelan contra la privatización de la Universidad y, o se ven abocados a la precariedad laboral; a las mujeres nuevamente excluidas del mercado laboral. Por eso necesitamos un Congreso visible, dando a conocer sus debates a lo más activo de la sociedad para ser capaces de volver a generar la confianza política con el conocimiento de la propuesta comunista entre nuestros aliados naturales.

Lo que debe salir del XVIII Congreso es un Partido visible e influyente, un Partido para la transformación social, que haga de nuestra militancia cuadros políticos con iniciativa, porque necesitamos un Partido para articular una gran ofensiva en el debate ideológico implicando a la mayoría de la población en una gran movilización social y cultural.

Necesitamos un Partido con capacidad de influir con su propuesta en el curso de la política, de conformar alianzas sociales, que recupere su prestigio en la sociedad, que sea el motor revolucionario del Socialismo del siglo XXI, desplegando la solidaridad con los países que construyen el socialismo contra las agresiones imperialistas y con los pueblos que buscan ser dueños de su futuro.

Este es a mi entender el reto de este Congreso, el que corresponde a un Partido soberano que no tiene más servidumbres que las que exige la lucha de clases en cada momento y la defensa de los intereses de la clase trabajadora.

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