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Debate XVIII Congreso



Aportaciones al debate del XVIII Congreso

Jesús Caballero Soler / 15 jul 09

1. Crisis financiera y económica, responsables, resistencias y alternativas. Correlaciones de fuerzas a escala internacional y Europea. Por un nuevo internacionalismo para el S. XXI.

1.1. La actual crisis, debería ser llamada sistemáticamente “CRISIS CAPITALISTA”. Creo que debemos incorporar a nuestro discurso interno, es decir, a lo que de formación de cuadros militantes revolucionarios debe tener el Partido Comunista de España que salga del XVIII Congreso Federal, la recuperación de dos cosas. Quizás no las más importantes, seguro que no las únicas, pero en mi opinión imprescindibles: La clarificación del objetivo al cual, COMO PARTIDO nos dirigimos y en segundo lugar, la recuperación de la iniciativa en lo que yo llamo “la caracterización política”, la denominación sistemática de las cosas con el mínimo concepto real para un cuadro comunista. Esta crisis, es una crisis capitalista; el PSOE NO es socialdemócrata, es una organización social-liberal, etc.

1.2. Fundamental la justificación inicial del carácter estructural de una crisis de estas características para el capitalismo como sistema. Yo no soy economista, pero (y esto es otro elemento que debería hacernos reflexionar) no debería ser un ignorante económico. En realidad creo que la principal tarea del PCE, debe ser el ofrecer una alternativa real económica (también social, cultural, etc… pero recordemos que esto es la “superestructura”). Solo a través de una alternativa económica real, que exista y se pueda detallar y explicar, que cada militante entienda y pueda transmitir y que desde luego pueda ser percibida por el capitalismo y sus mantenedores y portavoces, como tal.

1.3. En este sentido, incidir sobre la separación de la ciudadanía de los núcleos de decisión de la política económica mundial. Si no entiendo mal, lo que Fukuyama trataba de decir al afirmar que la Historia había terminado, no era en absoluto un pensamiento sencillo. Lo que afirmaba es que, desaparecida la URSS, la suma de capitalismo y democracia neoliberal, colocaba al primer mundo en una situación de estabilidad financiera y de ausencia de capacidad de respuesta sistémica al mismo y así, caricaturizando a Marx, afirmaba que ante esta nueva tesis, ya no habría antítesis posible. Así pues, la Historia había terminado. Pues bien, esto no es así. El PCE debe poner de manifiesto que el natural devenir de un capitalismo financiero y especulador, depredador y en ciertas ocasiones asesino, era y es llevar las decisiones clave sobre los directores y direcciones de la economía internacional a ámbitos que no estén controlados de alguna manera por el conjunto de la ciudadanía. Desde el momento en que el Estado participa de esta comedia de democracia, el “Estado realmente existente” queda desacreditado para ofrecerse como alternativa, inmerso en un mar de “soluciones-problema” parciales, como las inyecciones económicas a empresas en riesgo. Desde una cierta dosis de demagogia que me atreverá a llamar “simplicidad revolucionaria”, dinero del Pueblo, para lavarle el traje a los ricos. Desde el momento en que más del 85% (no se el porcentaje exacto) del arco parlamentario (del Estado Español, de las Autonomías, de la mayor parte del mundo), defiende este modelo económico y este papel del Estado, la actual fase de la democracia, debería quedar para el PCE como terminada.

1.4. La unión de modelo político y sistema económico no es baladí, en la medida en la que el primero no es causa del segundo, sino la elección y desarrollo del segundo, causa de la necesidad del primero. Por eso, esto debería quedar claro. El PCE afirma que considera superado el capítulo de la democracia neoliberal. Quizás incluso sea un buen momento para asumir el grado de participación que en este modelo hemos tenido y comenzar a construir desde el Partido, la autocrítica al Partido, en lugar de que la crítica al PCE sea el saco de arena oficial, la patente de corso de todo ultraizquierdista que se precie. Así, la principal tarea, LA PRINCIPAL TAREA de este periodo para el PCE, debe ser la de desarrollar en términos reales, negro sobre blanco, con propuestas concretas, con un modelo concreto, lo que ofrecemos como alternativa al capitalismo, en lo político (forma de gobierno, método electoral, profundidad de la democracia del PCE, papel del Estado, papel del ejército…) y en lo económico (bases teóricas económicas, forma de financiación del Estado y de las Autonomías, Competencias exclusivas del Estado en los sectores estratégicos, cuáles son estos sectores, Banca Pública, Banca mixta, modelos, modelo impositivo, modelo retributivo…).

1.5. Asumir que esta opción, implica la opción, no tanto por la marginalidad política y social, como del intento de mover la escala de lo marginal hacia la izquierda. Es decir, forzosamente afirmar esto es ir situándose fuera del sistema. ¿Participación electoral y gestión del poder? Solo en la medida en la que esto sirva al interés de nuestro objetivo final (¡recordemos, por definir!). No escandalizarse. Es lo que hace todo el mundo excepto el PCE e IU. ¿Vocación de minoría? Definitivamente no. Todo lo contrario. Vocación de otra mayoría construida por millones de personas que hoy votan capitalismo, imbuidos en una ilusión de clase media y convencidos de la no existencia de la alternativa.

1.6. Los dos últimos puntos de la propuesta federal que titula este epígrafe, los agrupo en uno solo. Evidentemente, sin apoyos internacionales desde aparatos estatales, es fundamental desarrollar en términos reales una reconstrucción de la unidad política de todas las organizaciones COMUNISTAS, que desde la visión propuesta, proponemos el cambio estructural. Primero en Europa y luego en el resto del mundo. No existe lucha sin lucha local real en las condiciones objetivas concretas, pero tampoco existe si no se inserta en el contexto de una lucha europea, mundial. Esto es, reconocer como nuestras, en una u otra medida, las luchas de todos quienes luchan contra el capitalismo. Reconocerlas luces, los éxitos y las heroicas resistencias, pero también las sombras que estas luchas implican, fuera de los maniqueísmos impuestos por la apisonadora neoliberal. Definición de nuestro Internacionalismo como “de clase y solidario”, poniéndo, si hiciera falta, los puntos sobre las íes de los llamados nacionalismos de izquierdas. Debemos reconocer el derecho de autodeterminación como algo inherente a los pueblos, pero subordinado al derecho de la clase trabajadora a avanzar unida y contra un enemigo de clase, no contra un enemigo nacional. El debate entre Rosa Luxemburgo y Lenin, no era en mi opinión si se puede (acaso se debe) luchar por la identidad de nación en la construcción de la revolución, sino que lugar ocupaba este aspecto en la construcción de una alternativa comunista que se veía razonablemente próxima a principios del siglo XX. No es este el caso de la correlación de fuerzas actual. Las fuerzas capitalistas, casi nos han arrasado. Por tanto, asumidos estos criterios y siempre desde la voluntad de sumar fuerzas, no de restar, el PCE ofrecerá y potenciará una auténtica “Internacional Comunista” que sea capaz de relacionarse como un ente único con el resto de actores de la lucha contra el capitalismo.

2. Caracterización de la crisis en España. Alternativas; Estructura de clases. El actual nivel de conciencia de clase. Prioridades de trabajo. El PCE y el movimiento obrero, el PCE en el movimiento sindical. La clase obrera organizada en la lucha por el cambio social. Lucha ideológica y cultural.

2.1. En la línea de lo anteriormente dicho, la caracterización de la crisis en España debe pasar necesariamente por la división de tal análisis en los dos componentes de la apuesta del Partido Comunista de España por la transformación social: el análisis económico y el análisis político de clase.

2.2. Al respecto del económico, no creo que sea tarea del XVIII Congreso definir las líneas fundamentales de la propuesta económica comunista. Ésta más bien, con vocación de proceso estructural y huyendo del cortoplacismo, debería ser el fruto de un amplio debate colectivo en las bases, cuadros medios y dirigentes del PCE. Partiendo de los múltiples análisis de economistas del Partido o incluso de ideas de quienes no están el Partido hoy, pero recogen el espíritu de nuestra propuesta, partiendo igualmente de las jornadas de la FIM “Crisis económica y los límites del capitalismo en España” o las de las diferentes Agrupaciones del Partido que ya están trabajando en este aspecto, Partiendo de todo esto, el XVIII Congreso deberá emplazar a la militancia a trabajar, durante todo el periodo entre el XVIII y XIX Congresos a debatir, completar, aprender y asimilar las líneas generales de la propuesta económica del PCE para la construcción del Socialismo en el siglo XXI. Así pues, será el XIX Congreso quien deba sancionar estas políticas y definir su puesta en marcha y aplicación en la sociedad española en su conjunto, con una sola voz. Por supuesto, entiendo que el XVIII Congreso deberá marcar el camino por el que empezar a transitar. Así pues, la inmersión en las políticas neoliberales, con la progresiva disminución del papel del Estado en la economía, abandono de los servicios públicos en elementos esenciales como la sanidad, educación, transporte, energía, etc., otorgándole cada vez más protagonismo a la gestión mixta, cuando no directamente privada de estos, la apuesta por la construcción como motor fundamental de la economía y del enriquecimiento sobre todo de unos pocos a costa de un trabajo cada vez más desregulado, constante fuente de accidentes y muertes en el trabajo, auténtico terrorismo patronal (por formar parte esto, la falta de inversión en seguridad, en condiciones laborales dignas, de una estrategia que busca la destrucción de la capacidad de crítica y de reivindicación colectiva por parte de los trabajadores del sector), la cada vez más acentuada apuesta por sectores no estables de la economía (turismo, servicios…), en detrimento de una política industrial de suficiencia y estabilidad, serían algunos elementos de nuestro análisis.

2.3. Al respecto del análisis político de clase, decir que quizás éste debería ser el nudo gordiano del estudio de la crisis capitalista en España. El sistema político, capitalismo de estado, en forma de monarquía parlamentaria que no ha sabido superar las herencias del franquismo, con un cada vez más marcado bipartidismo que no representa una alternativa real, sino la alternancia de dos caras, la amable y la dura de la moneda del neoliberalismo, es uno de los principales obstáculos para la consecución de una alternativa real. El análisis de la composición de la Clase Trabajadora, es elemento fundamental igualmente de los trabajos del XVIII Congreso. Una “clase desclasada”, clase que casi ha perdido completamente su conciencia de tal y que se limita, en una ilusión de clase media, a conformarse de forma completamente acrítica, a refrendar con un voto (y solo con un voto, sin ninguna capacidad más de participación) la alternancia bipartidista que consolida el neoliberalismo en España. No hay 25 millones de banqueros, de ricos en España, pero es aproximadamente ese número el que vota neoliberalismo. Entre esa parte de la Clase Trabajadora que vota neoliberalismo y la que ha decidido, activamente o por desidia abstenerse de participar en los procesos electorales, está la base social del PCE del mañana. Mujeres, jóvenes, precarios, inmigrantes, parados de larga duración (despedidos en la cincuentena y con una esperanza de vida media de unos 80 años), en resumen, excluidos del sistema capitalista de reparto de las ganancias. Gente que debería de estar estallando en un arrebato de cólera. Pero… ¿por qué no lo hace? ¿Por qué no hay una gran respuesta entre la Clase Trabajadora española a la crisis? Debemos pensar que, entre otras cosas, nuestra retirada del campo de la política durante 20 años en aras de la construcción de una Izquierda Unida que nunca llegó a ser, ha contribuido sin duda a esta pérdida de conciencia de clase. Esto debe solucionarse de forma inmediata. Con mensajes claros, de anticapitalismo efectivo, de ruptura con la constitución monárquica de 1978, de apuesta real por otro modelo productivo, por otro modelo económico, pero también de otro modelo social y cultural, que prime lo colectivo sobre lo individual, lo público sobre lo privado, que desmitifique el éxito de quien se enriquece rápido o de quien tiene menos escrúpulos, con esos mensajes multiplicados por toda la militancia del PCE, debemos contribuir a la repolitización de la sociedad, agudizando las contradicciones de clase y siendo conscientes de que entramos en rumbo de colisión con las fuerzas defensoras del capitalismo y como tal seremos tratados.

2.4. En este sentido, consolidación de nuestra apuesta de que la contradicción capital-trabajo es la principal en la sociedad capitalista. Por ello, profundización del papel activo del Partido en el movimiento obrero en una dinámica de participación “a la ofensiva”, que es lo que corresponde a un Partido Político a diferencia de la lucha sindical, que por su propia naturaleza es un movimiento a la defensiva. Participación activa como Partido en cuantas luchas por los derechos de la Clase Trabajadora se produzcan en cada ámbito, incluso proponiéndo o lanzando aquellos que los propios trabajadores no estén impulsando. Apuesta por un sindicalismo de Clase y combativo, alejado de un modelo sindical de gestión de servicios. Denuncia del mismo y, si no es posible lo contrario, apuesta por un nuevo modelo sindical en el que la estrategia comunista pueda encontrar referentes tácticos propios.

3. Defensa de lo público en los sectores empresariales estratégicos y en los servicios básicos (educación, sanidad, vivienda, transporte y energía)

3.1. El Partido Comunista de España, debe tener una propuesta doble, siempre que hable, a partir del XVIII Congreso, de cada uno de los grandes temas de los que opine. Recordemos a Aleksandra Kollontai cuando enunciaba cada uno de los logros que la Unión Soviética proporcionaría a las mujeres ya libres de la opresión capitalista. Esta duplicidad implica lo que propondremos desde la gestión de un Estado Socialista y por otro lado, lo que podemos decir como intervención en la sociedad actual.

3.2. Es este sentido, el PCE deberá posicionarse sobre estos grandes temas en tanto que organización que propugna una sociedad nueva, sobre cuáles serían los principios básicos de cada uno de estos apartados. Por ejemplo, sosteniendo la necesidad de la existencia de una Banca Pública, con capacidad financiera real, y cuyos criterios de rentabilidad y por tanto de servicios prestados, respondan a objetivos estratégicos de una sociedad socialista. Afirmando la no existencia de conciertos económicos del Estado con escuelas religiosas o que no cumplan los principios básicos de la construcción socialista en materia educativa, nacionalización y gestión eficiente (conceptos que lamentablemente deberemos trabajar duro para que se perciban como unidos) del transporte (autopistas, ferrocarriles…) y de la energía (electricidad, gas, gestión del agua…) en materia de política estratégica de estado o propugnando un sistema sanitario que responda verdaderamente a los principios de toda la salud para todo el mundo, en materia sanitaria. Estas características, deberán ser conocidas por toda la militancia del Partido con un objetivo doble. El primero y más evidente, que conozcan las propuestas estratégicas del Partido. El segundo, objetivo, más organizativo, implica por parte de la militancia activa en la sociedad, en su entorno, la multiplicación del mensaje a la sociedad que implica tener una alternativa sistémica al modelo capitalista actual.

3.3. Por otro lado el PCE, en tanto que Partido inserto en la sociedad realmente existente, debe tener una serie de propuestas ante los problemas que la situación actual de estos grandes temas implican. Creo que este tema, debe ser desarrollado por personas implicadas en profundidad en cada materia. Las propuestas actualmente existentes de protesta ante privatizaciones en diversos ámbitos, modelos de gestión social o participativa, hacen virtualmente imposible el conocimiento de todas ellas. Así pues, me centraré en propuestas sanitarias; posiciones que el PCE debería sostener en el siguiente periodo tras el XVIII Congreso.

3.4. En materia sanitaria:
3.4.1. Creo que la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública acierta en su propuesta al afirmar que propugna la “integración de todos los servicios y funciones encaminadas a la promoción y protección de la salud, a la asistencia sanitaria y a la rehabilitación y reinserción social, en un dispositivo único sobre la base de un Servicio Nacional de Salud que cumpla las características de universalidad en las prestaciones, fácil accesibilidad, financiado públicamente, gratuidad en el momento de su uso, descentralización en las diferentes comunidades autónomas, con un sistema eficaz de participación y control de los profesionales y de todos los ciudadanos, que preste una atención integral y continuada a la salud, estructurada por niveles de complejidad íntimamente interrelacionados y programado para atender a las necesidades y problemas de las personas, la comunidad y el medio en el que aquéllas desarrollan su vida y trabajo”.
3.4.2. Por supuesto, desarrollando nuestras propias propuestas, creo que merece la pena detenerse en cada una de las partes de esta definición. Así, creo efectivamente que todas las prestaciones sanitarias, servicios y funciones de protección de la salud, tanto a nivel de atención primaria, como de atención hospitalaria, deben ser prestadas por un servicio único, en un único Sistema Nacional de Salud, que sea propiedad pública estatal y tenga gestión, prestación y provisión públicas, alejándose de conciertos o convenios con entidades privadas o mixtas de gestión. Implica igualmente la reincorporación de las Mutuas Laborales al Sistema Nacional de Salud. Éste sistema debe ser universal, es decir, acceso de toda la población a todos los recursos. Alejarse de los conceptos de copago, gran debate del futuro inmediato entre los sanitarios. El copago, la no gratuidad en el momento del uso en cualquiera de sus formas, lejos de suponer un factor disuasorio de la sobreutilización de los recursos sanitarios (evidentemente limitados) de cada zona o territorio, lo que implica es el abandono del principio de solidaridad según el cual los que poseen más (en este caso, mas salud, los sano), le den a los que tienen menos (en este caso, los usuarios de los diferentes dispositivos sanitarios). A pesar de que será desarrollado este punto más adelante, la más adecuada gestión de los recursos económicos, humanos y materiales del Sistema Nacional de Salud, así como la clarificación competencial y el mejor conocimiento por parte de la población del dispositivo adecuado a cada caso, acompañada de una política de personal que adecue las plantillas a las necesidades poblacionales propuestas por la OMS (1.500 TIS por médico de familia y 1.300 por pediatra), deben ser la base teórica sobre la que se fundamenten los criterios de sostenibilidad asistencial del Sistema Nacional de Salud. La financiación pública, debe garantizarse con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y la participación de todos los actores (profesionales y usuarios), propietarios del SNS debe ser efectiva y real. Un sistema que busca la producción de servicios curativos y preventivos con programas de promoción de salud, necesita de dispositivos de relación más complejos, flexibles y bidireccionales con las personas que atiende. Posiblemente por definir, pero en todo caso, un sistema en el que los usuarios no sean meros receptores de servicios y los profesionales meros burócratas. Recordemos que de lo que se trata es de la salud de la Comunidad.
3.4.3. Por último, solo reseñar que como PCE, como máximos defensores de los servicios públicos, debemos velar para que en estos, la ética laboral y profesional sea la máxima. Es cierto que puede y debe mejorarse la gestión de los recursos y el uso del dinero de todos en los servicios públicos. Debe tenderse siempre a la excelencia en cada una de las tareas desarrolladas en la Administración Pública. Es cierto que pueden y deben depurarse de la Administración cuantos elementos la usen para su propio beneficio en cualquier medida y en eso, la militancia comunista debemos estar en primera línea de fuego, por incómoda que esta postura a veces pueda parecer.
3.4.4. Finalmente, reseñar algunos aspectos que, en algunos países ya se está avanzando y que no podemos olvidar. Elementos que deben formar parte de los Servicios Públicos básicos del Estado (desde luego en un Estado socialista, pero también en nuestras sociedades capitalistas debemos luchar por ello), son las Fuerzas Armadas, los servicios de Inteligencia y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero este debate, es desde luego para más adelante. Bastante más adelante.

4. República federal, nuestra propuesta de modelo de Estado.

4.1. El federalismo (según wikipedia) es una doctrina política que busca que una entidad política u organización esté formada por distintos organismos (Estados, asociaciones, agrupaciones, sindicatos, etc.) que se asocian delegando algunas libertades o poderes propios a otro organismo superior, a quien pertenece la soberanía, (Estado federal o federación) y que conservan una cierta autonomía, ya que algunas competencias les pertenecen exclusivamente. Esta, en líneas generales, es la idea de República Federal, forma de gobierno que por otro lado, debemos defender en todos nuestros documentos al respecto.

4.2. En este sentido, cabría incluir en nuestros documentos políticos una clarificación negro sobre blanco de nuestra ruptura con el pacto constitucional. Sé que no se es más leninista por decir que lo eres, ni exorcizaremos nada por decir más veces que rompemos con el pacto constitucional de la Transición. Pero por otro lado creo, por razones de política estratégica de alianzas que se expondrán en el punto siguiente, que no podemos quedarnos en una vaga aunque firme apuesta por superar dicho pacto. Para el PCE, por las razones expuestas ya, la democracia formal representativa en su modelo neoliberal actual, ha quedado superada. En el Estado Español, Este modelo se concreta en nuestra monarquía parlamentaria. Las razones de índole puramente democrática y de profundización socialista, han quedado expuestas. Quedan las razones republicanas. Así, ante lo que consideramos una traición del espíritu de los acuerdos de la Transición, atrapados en un tutelaje de derecho por una figura no elegible, heredable y heredada del franquismo, que ostenta la Jefatura del estado, deberíamos incluir nuestra renuncia a reconocer la legitimidad de dicha Jefatura. Creo que en este punto debemos ser valiente y afirmar las cosas sin tapujos. Mucha gente, incluso en el ámbito de la izquierda que se reclama hegemónica, se siente cómoda proclamando un republicanismo que no exceda los límites de la Constitución (monárquica) Española. Pues bien. El PCE debería dar ese paso adelante, con los costes que pueda tener. Solo desde el no reconocimiento de la figura de la Monarquía (y de las “grandezas de España” que la acompañan, claro), podemos asentar las bases teóricas de la exigencia de un referéndum sobre la forma del Estado, para que la ciudadanía pueda elegir entre república y monarquía.

4.3. Al respecto de la forma concreta en la que se configure el Estado Federal, creo que el PCE, a pesar de tener vocación de mayoría, de gobierno revolucionario, no puede caer en la trampa de verse obligado a definir con toda claridad, en este momento las características de la III República Española. Debemos más bien dar a conocer qué es en realidad lo que significa. Llevar a la calle nuestras respuestas a las preguntas ¿por qué república?, ¿por qué federal y no otros modelos? Creo que es esto y no otra cosa lo que debemos hacer en este momento. Por supuesto, ciertas cosas deberían quedar definidas, como la existencia de una Banca Pública controlada por el Estado Federal y con capacidad redistributiva, o la responsabilidad única (sin ánimo de ser exhaustivo) del Estado Federal en la protección de la salud, la educación, la defensa o las relaciones internacionales.

5. Avanzar en la construcción del socialismo para el S. XXI. Qué modelo, qué instrumento de convergencia; nuestra aportación al proceso de Refundación de Izquierda Unida.

5.1. La construcción del socialismo en el siglo XXI pasará, entre otras cosas, por una renovada política de convergencia, de alianzas entre todos los sectores que entendemos que la vía capitalista está agotada, desacreditada y es de hecho, la causa de la mayor parte de las injusticias estructurales del Planeta. Esto no es retórica populista, sino descripción estricta de la realidad. Si asumimos que el capitalismo es el sistema político-socio-económico que la mayor parte de la clase gobernante ha aceptado, deberemos asumir que la causa de las problemas que actualmente vivimos, entre los que está por supuesto la propia crisis capitalista están causados por este sistema. Nos contamos entre quienes no creemos estos problemas solucionables a través de reformas parciales o cambios puntuales, sino entre quienes creemos que la solución debe venir de un cambio profundo estructural, que modifique las relaciones económicas y productivas e incida en la evolución del ser humano como parte de una comunidad. De esta manera, nos sentimos orgullosos herederos pero no esclavos de las experiencias de gobierno revolucionarias del pasado, como la Unión Soviética que, a pesar de sus errores de concepto y profundización, proporcionó a los más desfavorecidos del mundo una alternativa real a la explotación capitalista. Y lo hizo a pesar del mayor ataque que ningún sistema ha sufrido jamás. Los avances en política social, en derechos laborales que la URSS proporcionó a cientos de millones de personas, motivan para aprender del pasado afirmando que la próxima vez, lo haremos mejor. Sintiéndonos igualmente unidos de forma fraternal con los pueblos efectivamente en lucha contra el capitalismo, como Cuba, pero también el resto de un continente que se levanta al compás de los pasos de sus pueblos, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil… y por supuesto directamente comprometidos con las luchas y sus protagonistas de nuestros entornos más cercanos en Europa, afirmamos que el socialismo, como vía al comunismo, es el sistema más justo de los posibles en el siglo XXI.

5.2. Es una obviedad que en este camino la militancia comunista caminará unida a otros actores anticapitalistas o difícilmente alcanzará meta alguna. Pero sería una ingenuidad creer que será difuminando nuestra propia identidad marxista, comunista, como seremos capaces de avanzar en esa suma de fuerzas que deberá hacer temblar los cimientos mismos del capitalismo según éste vaya profundizando en su crisis. Todo lo contrario. Será manteniendo nuestra identidad comunista como avanzaremos sinceramente en ese camino. Primero porque eso nos colocará de hecho, sin posibilidad de interpretación alguna en sentido contrario, en el campo de los anticapitalistas; segundo, porque solo con la sinceridad de nuestra propuesta de cara, tendremos la seguridad de estar siendo bien interpretados y de ser reconocibles entre el movimiento anticapitalista y entre el conjunto de la población.

5.3. Cabe decir que, a diferencia de lo que venía sucediendo en los últimos 50 años, el PCE no es en España el gran referente de la alternativa revolucionaria. A pesar de nuestra irrenunciable vocación hegemónica, la sociedad se ha fragmentado. El capitalismo ha dividido más y más el trabajo y a la Clase Trabajadora, hasta hacerla casi irreconocible como un todo unido. Pero eso comienza a cambiar. Desde el socialismo, poco a poco pero inexorablemente avanzamos en la caracterización del nuevo sujeto revolucionario y una de las cosas que vemos es que sus respuestas se han ido construyendo de formas tan dispares, como poco cuestionables en la medida en la que ofrecen una alternativa real al capitalismo. Alternativas, por qué no decirlo que nacen tras no encontrar en el PCE un referente válido para estas personas. Así, el PCE debemos formular de forma sólida y clara nuestra propuesta, para confrontarla con todo aquel que tenga algo que decir en la lucha estructural contra el capitalismo y por la construcción del socialismo. Con el orgullo de nuestra gloriosa historia, pero con la humildad de nuestro presente. Con un altavoz que amplifique de forma atronadora la propuesta comunista, pero con la capacidad de escucha necesaria para que la convocatoria a unos “estados generales de la Izquierda revolucionaria” no quede en un coro de grillos sin concierto.

5.4. Para que esto sea posible, para que el PCE haga sonar su voz con la fuerza suficiente, una condición “sine qua non” es modificar nuestra relación con el proyecto que IU supone. IU es un proyecto difícilmente reformable para que sea una herramienta útil en la construcción del Socialismo. Atrapada en un discurso vagamente revolucionario y nítidamente institucional, IU se debate en el momento actual entre hacer avanzar en ella las posiciones más revolucionarias que quedan en su seno y el temor a la pérdida de lo alcanzado a nivel institucional dentro de nuestra democracia formal. Sin pretender menospreciar las luchas de IU, sus logros y conquistas indudables, lo cierto es que este documento no habla de eso. En este documento nos preguntamos por cuáles deberían ser los pasos del PCE para construir una política de alianzas revolucionaria. En este escrito, la propuesta consiste en abatir definitivamente la idea grabada a fuego en la mente de la militancia del PCE de que la supervivencia de IU es condición necesaria para que el Partido no se convierta en otro reducto marginal de una izquierda infantil y autocomplaciente. Esto no es así. La herramienta es y solo debe ser el Partido. Por supuesto, no se dice aquí que el XVIII Congreso proponga la salida de IU. No aquí, no ahora. Pero si que creo que la fórmula del XVII Congreso que afirmaba que “el Partido ostenta todas las competencias de un partido político excepto la concurrencia electoral y las consecuencias que de ello se deriven”, siendo un gran paso adelante, ha quedado superada por las circunstancias. Así, una fórmula de adhesión del PCE a IU en el nuevo periodo, debería pasar por una mayor flexibilidad de esa adhesión. NO debe ser militante de IU todo militante comunista si no lo desea. No debe darse por supuesto la concurrencia electoral en el seno de IU si el PCE a través de sus órganos no lo considera la mejor opción para cada momento. Lo que IU decida de este posicionamiento es otro debate, pero parece imprescindible que el Partido recupere la capacidad de debatir en su propio seno de todo. Incluso de la concurrencia electoral y de temas derivados de la gestión institucional. ¿No es acaso IU una coalición? ¡Perfecto! En esa fórmula el PCE puede sentirse cómodo. Para cada momento, la herramienta institucional-electoral que IU es, puede ser nuestra opción, pero también pueden serlo otras o ninguna. Ningún escándalo camaradas. Lo hacemos con otras organizaciones en cada proceso electoral. Siendo conscientes como somos de la importancia de la concurrencia electoral y de la presencia Institucional, pero igualmente siendo conscientes de que el trabajo del Partido está en la calle, en organizar la respuesta al capitalismo en la sociedad y en aumentar el nivel intelectual, militante y revolucionario de sus cuadros, colocar la centralidad del PCE en el propio PCE y no en otros ámbitos, debería ser el camino a seguir. Con respeto a las decisiones que se tomen en coordinación con otros compañeros y compañeras en el seno de IU, una coalición electoral, un movimiento político y social, pero NO un partido.

5.5. Y a partir de ahí camaradas, a trabajar. El camino es duro, empinado y esta lleno de obstáculos. Otros en peores circunstancias entendieron que el Partido Comunista no es una herencia de nuestros antecesores, sino un préstamo de nuestros sucesores en el camino de la revolución y el socialismo, del comunismo. ¿Lo entenderemos nosotros también?

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